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Podemos interpretar como una nueva oportunidad para la democracia francesa e incluso europea, la victoria en los sufragios presidenciales de Emmanuel Macron, con su partido recién fundado, ¡En Marcha!

Sobre los hombros del más joven de los presidentes franceses, pesan grandes compromisos, entre ellos, sus esfuerzos deberán enfocarse en la lucha contra el terrorismo islamista que en los últimos años se ensañó con Francia. Su atención tendrá que dirigirse hacia el crecimiento de células islamistas en barrios periféricos, donde abundan las mezquitas wahabistas, la violencia, los discursos instigadores y se aplica la shaaria como norma de dominio en esas zonas, al margen de la ley de la república.

Además, deberá demostrar la inutilidad del populismo y de la falsa concepción del nacionalismo. Si bien es cierto que el candidato de centro se impuso en la segunda vuelta electoral con más del 64% de los votos sobre la intolerante Marine Le Pen, quien obtuvo alrededor de 34%, ella, impulsora de una agenda ultranacionalista, contraria a la Unión Europea, a la inmigración y globalización, captó un importante número de votos y consolidó su avance como una alternativa para su país.

Debemos tener presente que un triunfo de la hija del neonazi y negador del Holocausto, Jean Marie Le Pen, hubiese causado un verdadero desastre para las bases de la integración europea. En la atípica campaña electoral, la candidata extremista dio varias declaraciones escandalosas como negar un hecho histórico comprobado: la responsabilidad de Francia en la deportación de sus ciudadanos judíos a los campos nazis de exterminio.

A estas alturas, la derrota de Le Pen es percibida como un alivio. Sin embargo, entre el 11 y 18 de junio tendrán lugar las elecciones legislativas, con las cuales se podrá medir cómo quedan las fuerzas políticas francesas; se verán los resultados del Frente Nacional, que se dedicó a su reconstrucción.

Al mismo tiempo y en este sentido, Macron tendrá que renovar y fortalecer los valores propios de la sociedad francesa: libertad, fraternidad e igualdad, los que en una época constituyeron los faros que guiaron al mundo occidental y son la raíz de la democracia. De los logros de Macron dependerá la vigencia y el vigor del sistema. El mal no ha sido conjurado.

 

BEATRIZ W. DE RITTIGSTEIN


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