Relaciones entre Occidente y Oriente Medio
30/07/2010
La oposición condenada a muerte en Irán
05/08/2010

Por Beatriz W. de Rittigstein
Desde que Lula logró el triunfo electoral que lo llevó a la Presidencia de Brasil, el país más grande y por lo visto el más poderoso de América Latina, paulatinamente, él ha ido creciendo como líder y estadista. El progreso de Brasil arrancó con los dos períodos presidenciales de Fernando Henrique Cardoso, pero Lula supo continuar la línea, cosechar ganancias y darle nuevos impulsos.
Por esa misma razón, nos desconcierta una serie de ambigüedades que observamos en las directrices políticas de Planalto. En mayo de este año, Lula recibiría la visita de Ahmadinejad, pero el asunto causó tal revuelo en la ciudadanía brasileña que a última hora el iraní postergó el viaje sin informar los motivos de la decisión. Itamaraty señaló que la visita sería organizada para después de las elecciones presidenciales en el país persa.
La situación es más seria en la actualidad que en ese entonces; sin embargo, ya se anuncia para noviembre la presencia en Brasil de Ahmadinejad, quien se impuso en la Presidencia de Irán tras unas elecciones fraudulentas; a raíz de las cuales la oposición es férreamente reprimida, con saldo de muertos, heridos y numerosas personas torturadas en prisión; en estos días, algunos disidentes fueron condenados a muerte, tras juicios falseados.
Para colmo de los desafíos, en este nuevo período se designó como ministro de la Defensa a Ahmad Vahidi, solicitado por Interpol en relación al ataque contra la AMIA.
Por otra parte, el programa nuclear iraní, pese a las negativas de sus autoridades, muestra indicios de carácter bélico. Desde hace un tiempo, se impide a la OIEA las revisiones rutinarias y en días recientes se reveló la existencia de una segunda planta de enriquecimiento de uranio, con la cual incumplió las normas de información al organismo de energía atómica.
Simultáneamente, la Guardia Revolucionaria probó “con éxito” proyectiles Sahab-3 y Sayil, cuyo radio de acción ronda los 2000 kilómetros y están diseñados para transportar ojivas; ello constituye un grave peligro para la región, especialmente para los países árabes e Israel.
Desde que inició su primer gobierno, Ahmadinejad repite que el Holocausto perpetrado por los nazis contra el pueblo judío es un mito y que “la entidad sionista” será borrada del mapa. Tales intemperancias ya no sorprenden, aunque prosigue redundando sobre ambos puntos con asiduidad irreducible. Hace poco, amenazó: “Muerte a Israel va a ser para siempre el grito unánime del pueblo de Irán”.
Ante la suma de transgresiones, Lula se justifica de modo patético, diciendo que el presidente iraní le aseguró que el programa nuclear de su país se destina a fines pacíficos. Afirmó: “Yo no tomo en cuenta insinuaciones. La ONU tiene organismos de fiscalización, y hasta ahora no hay nada que pueda desmentir la conclusión de que Irán quiere tecnología nuclear para fines pacíficos”.
Varios analistas se refieren a los negocios que Brasil efectuará con Irán. No obstante, pese a su prodigiosa evolución política, recordamos que en sus inicios, Lula hizo gala de confusas posturas. En 1979, mientras militaba en una recalcitrante izquierda, manifestó a la revista Playboy su admiración por la personalidad de Hitler y por el conductor de la revolución teocrática, el ayatollah Khomeini. Cabe preguntarnos si la indignidad a la cual someterá a Brasil, proviene de reminiscencias de aquellos caóticos tiempos germinales.

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