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Por Carlos Escudé
Cuando el 11 de septiembre de este año The London Times informó sobre un viaje secreto a Moscú del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, realizado el 7 de ese mes, comenzó a desovillarse una trama inquietante. Según se dijo entonces, el propósito de la visita habría sido advertir al Kremlin de que Israel tiene conocimientos precisos sobre el contrabando ruso de armas y tecnología a Irán. El misterio del Arctic Sea, el buque ruso secuestrado en julio, todavía rondaba por el imaginario público y fue invocado para justificar el viaje. Los rusos, que recuperaron el buque en agosto y arrestaron a ocho hombres involucrados en su secuestro, negaron que éste transportara misiles antiaéreos S-300, pero defendieron su derecho a vender tales sistemas a Teherán. Sergei Lavrov, el canciller ruso, advirtió: "Creo que algunos no quieren que Irán se pueda defender de bombardeos". Como justificativo, agregó: "Si comienza una guerra, nosotros recibiremos un flujo de refugiados en nuestro territorio".
Estas informaciones fueron ampliadas el 4 del actual por The Sunday Times. El viaje en jet privado de Netanyahu habría sido en compañía de su consejero de seguridad nacional y se habría mantenido en secreto para evitar causarle embarazo al Kremlin, alentándolo a la acción. Su objetivo: presentar una lista de científicos rusos que (quizá por cuenta propia) trabajan para Irán en el desarrollo de una ojiva nuclear.
De ser cierta, la nueva información sería de la mayor importancia, ya que los desafíos técnicos de producción de un arma atómica no se limitan al enriquecimiento de uranio. Hasta hace poco los expertos más optimistas opinaban que aunque Irán obtenga el combustible necesario para una bomba no posee la tecnología necesaria para producir y hacer estallar un artefacto pequeño, apto para su transporte en un misil. Se requiere una ingeniería de avanzada para lograr la finamente calibrada implosión convencional que comprime el combustible nuclear en una masa crítica que finalmente estalla por reacción en cadena.
Las discrepantes opiniones sobre los avances iraníes se agrupan según nacionalidad. Los espías norteamericanos han creído hasta la semana pasada que el intento de desarrollar una ojiva se detuvo en 2003, mientras los británicos, franceses y alemanes comparten la opinión de que si tales trabajos alguna vez se interrumpieron, recomenzaron hace tiempo. Los más pesimistas son los israelíes, quienes creen que una ojiva ya fue testeada "en frío" (sin combustible nuclear) en el complejo militar ultrasecreto de Parchin, al sudeste de Teherán. Esa ojiva sería apta para ser transportada en cohetes iraníes Shahab-3B y Sajil-2. El primero de éstos, capaz de portar una ojiva de hasta 990 kilos a una distancia de hasta 1900 km, fue testeado el 28 de septiembre de 2009.
De ser verdad que hay científicos rusos en Irán colaborando con estos desarrollos, la bomba iraní sería una amenaza más cercana de lo supuesto hasta ahora. La imputación no resulta descabellada, ya que cuando colapsó la Unión Soviética, en 1990, miles de científicos sin trabajo se ofrecieron al mejor postor. Para Moscú, el paradero de sus científicos nucleares es una cuestión de Estado que nunca terminó de resolverse.
Estas especulaciones se agravaron cuando, el 5 del actual, The New York Times filtró un informe confidencial del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) titulado "Posibles dimensiones militares del programa nuclear de Irán", que supone que Teherán ya posee toda "la información necesaria para el diseño y producción de una bomba atómica que funcione". El análisis agrega que "lo más probable" es que Irán haya obtenido la tecnología para la implosión "de fuentes externas".
Este informe da por tierra con el "National Intelligence Estimate" norteamericano de 2003 aludido arriba, que suponía que el intento iraní de producir una ojiva se había interrumpido. Según el diario neoyorquino, el informe fue elaborado acudiendo a fuentes diversas a la vez que confiables. Modifica radicalmente las percepciones del peligro iraní, especialmente porque emerge poco después del descubrimiento del secreto centro subterráneo de enriquecimiento de uranio próximo a la ciudad de Qum, que fue reconocido por Teherán. La filtración del documento, agrega el matutino, sería el producto de una disputa interna del OIEA, cuyo moderado director saliente Mohammed el-Baradei, contra la opinión de sus funcionarios, se había opuesto a su difusión.
Al día siguiente, el 6 de este mes, se abrió el por ahora último capítulo de este drama de inteligencia y contrainteligencia. El vicecanciller ruso, Aleksey Borodavkin, declaró a la prensa que, dentro de los límites del derecho internacional, Moscú piensa continuar con su cooperación técnico-militar con Irán. Y horas más tarde el jefe del Consejo Nacional de Seguridad ruso, Nikolai Patrushev, negó los alegatos de The Sunday Times del 4 del actual acerca de la lista de científicos rusos supuestamente presentada al Kremlin por Netanyahu.
Frente a estas novedades, la agencia de inteligencia privada Stratfor señala que el dato más significativo es que Irán no haya negado la presencia de científicos rusos en su programa nuclear. Teherán es la única parte del diferendo que no puede ignorar la validez o falsedad de esa información, a la vez que no puede mentir sin arriesgarse a ser desenmascarada. Su silencio es elocuente.
Por otra parte, la desmentida rusa del informe de The Sunday Times era esperable, ya que la posición de Israel al respecto es que toda filtración es lamentable y perjudica su seguridad nacional: el viaje secreto de Netanyahu nunca debió conocerse. Lo verdaderamente relevante de las declaraciones rusas del 6 de este mes es la confirmación de que la cooperación militar con Irán va a continuar. Esto implica que Moscú seguirá usando a Teherán para tratar de forzar a Washington a interrumpir políticas que, en su percepción, amenazan la seguridad rusa. Y esto a su vez significa que el intríngulis iraní no podrá resolverse pacíficamente sin hacer concesiones a Moscú.
Esto es precisamente lo que advertí en mi nota en esta página del 26 de diciembre de 2008. Desde entonces, Washington avanzó un poco por este camino, poniendo en suspenso su proyecto de escudo misilístico con base en Polonia y la República Checa. Pero para satisfacer a Moscú, Estados Unidos debería renunciar al reclutamiento de nuevos miembros de la OTAN en la antigua esfera soviética y abandonar su apoyo a fuerzas políticas antirrusas en países como Ucrania.
Por lo demás, si se descarta el apaciguamiento de Rusia, quedan dos alternativas: atacar a Irán o retroceder y permitirle que prosiga con sus peligrosas políticas. El informe de Stratfor señala que las encuestas norteamericanas más recientes muestran que más de un sesenta por ciento de la población de ese país ya favorece la acción militar. El dato no obliga, pero aumenta la libertad de acción de Barack Obama.
En verdad, si uno está al mando de una superpotencia no alcanza con buena voluntad para ser pacifista o multilateralista. Paradójicamente, hay esferas en que el excesivo poder se torna impotente, y su uso, casi inexorable.
Fuente: La Nación, Argentina

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