Yihadismo económico contra Occidente

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Por George Chaya
El discurso del presidente Barak Obama ante la 65 Asamblea General de Naciones Unidas abundo en cuestiones humanitarias, en canales abiertos hacia el dialogo, la paz y la exaltación de los valores de la libertad, aunque no arribo a conclusiones determinantes en cuestiones políticas. El presidente también hablo de cuestiones financieras globales, pero no menciono aspectos de la economía local. En el plano interno, las cosas no son como las expresa el presidente Obama, lo que se aprecia es una economía estadounidense en crisis y un gobierno desorientado tratando de administrar recetas financieras asistencialistas en tiempos de transición electoral.
Luego del discurso del presidente, los analistas económicos continúan buscando explicaciones a la crisis y si ella se produjo a instancias de una falla del sistema o si fue provocada. Los expertos han culpado a la mala gestión de Wall Street que desbordo con ofertas de préstamos imposibles de pagar a tomadores de hipotecas. Visto de ese modo, la explicación del problema parece ser simple: los banqueros y financistas norteamericanos operaron mal. Se sobreestimó la capacidad del mercado para absorber fondos destinados a la ayuda de los pequeños consumidores quienes no devolvieron sus préstamos a tiempo, y dado que millones de compradores de bienes raíces no eran realmente capaces de cancelar sus obligaciones el tsunami financiero se llevo por delante a muchas instituciones bancarias. En consecuencia, los gigantes financieros cayeron en Wall Street y el efecto se extendió a nivel internacional golpeando instituciones financieras desde Tokio a Londres. En pocas palabras, esta ecuación es la versión oficial del inicio de la crisis, pero ciertamente no será el final de la misma.
A medida que la turbulencia económica continua, los interrogantes se mantienen. ¿Por qué los prestamistas inicialmente aumentaron sus ofertas en los mercados? ¿Quién o qué estimuló la avalancha de dinero en efectivo? Muchos sostienen que ha sido la tendencia del propio mercado que ofreció préstamos fuera de control a segmentos sociales sin reservas. Ello significa que los grupos financieros cruzaron la delgada frontera en política bancaria responsable al conceder préstamos a cualquier solicitante sin verificar su capacidad de pago para responder a sus hipotecas. Pero incluso si esto fuera cierto, los analistas de mercados han descubierto las debilidades de esa explicación. Así, la pregunta siguiente es: ¿por qué motivo se dio la enorme liberación de fondos en favor de quienes no podían devolver el dinero? Una respuesta podría ser que se partió del supuesto que el empleo siempre proporcionaría ingresos para afrontar los pagos de las hipotecas. Por lo tanto, hasta aquí la culpa puede ser proyectada en dos direcciones. En primer lugar hacia la elite política que amenazo con represalias económicas al sistema financiero si este no prestaba más allá de límites racionales, y en segundo lugar, a los financistas de Wall Street que generaron el riesgo de dañar al sistema financiero por su falta de criterio en relación con la capacidad del público para superar los desafíos económicos. Los periodistas económicos de investigación esperan que se forme una comisión en el Senado que ofrezca más información acerca de las verdaderas causas de la debacle económica estadounidense. Posiblemente antes de las elecciones de noviembre los economistas del Senado darán su diagnóstico sobre el tema. Pero si lo hacen, entonces la administración Obama no debería dejar de investigar el factor que causo el quiebre más allá del sector inmobiliario dando lugar a la inestabilidad económica-financiera actual. Un análisis económico responsable de los hechos no debería dejar de lado la relación entre la suba vertiginosa en los precios del combustible y la desaceleración de la capacidad de compra de América. Además y aunque resulte increíble, se puede concluir que tristemente es cierto que tanto la corrupción en Wall Street como el abuso del sistema por parte de los políticos han sido herramientas perjudiciales para la clase media y los consumidores estadounidenses.
En cualquier caso, afortunadamente, muchos analistas económicos han comenzado a percibir ciertas anomalías en empresas relacionadas con la OPEP y las potencias petroleras que indicarían estar detrás de la inestabilidad que derrumbó la voluntad de millones de consumidores americanos de clase media en los últimos tres años. Esto no es desacertado y tiene asidero pues si nos remontamos en el tiempo, podemos observar que los precios del petróleo han sido manejados por el núcleo duro de la OPEP y el liderazgo de EE.UU. no fue capaz de convencer a los principales productores del Golfo para que ofrezcan a los consumidores estadounidenses una oportunidad de mejores precios en los combustibles y aunque la mayoría de los regímenes productores del Golfo sostienen que la demanda ejerció presión sobre la producción y por ende hizo que se disparen los precios del petróleo. Este argumento es una falacia absoluta. La excusa de la mayor demanda fue el arma arrojadiza que otorgo la facultad discrecional a los productores para fijar precios altos al tiempo que los apologistas yihadistas recorren desde hace mas de 8 años los medios de comunicación lanzando una guerra mediática en la que se acusa a Washington de ejercer una insoportable presión regional con la intención de imponer medidas punitivas y así obtener mejoras en precio del combustible. Por lo que no hay que desechar la idea de que hay conexión entre los regímenes productores y la maquinaria propagandística yihadista.
Si una vía de investigación se centrara sobre la OPEP se apreciaría claramente que es un factor desestabilizador. Son muchos los indicadores de movimientos estratégicos y motivos políticos que aparecerían detrás de sus maniobras para fijar los precios del crudo. También hay una serie de detalles políticos no menores que así lo indican. En la última década se han escuchado muchas voces regionales adherentes a los cuadros yihadistas que han dado a entender directamente que la economía de EE.UU. pagaría por lo que el liderazgo estadounidense ha estado haciendo en el mundo árabe. Los comentaristas de la Cadena Al-Jazeera, subrayaron en varias oportunidades que la guerra del ex presidente George Bush y su doctrina de propagar la democracia en Oriente Medio solo podía ser detenida cuando los ciudadanos comunes en EE.UU. sufrieran represalias financieras. El Sheikh Yussuf Al-Qardawi, ideólogo de la Hermandad Musulmana y financista de la cadena Qatarí habló en reiteradas oportunidades abiertamente “del arma del petróleo”. Aunque la opinión pública occidental no conoce mucho al respecto, los ideólogos yihadistas denominan al petróleo como un arma en una situación de guerra con los EE.UU. y ha sido utilizado como tal en más de una oportunidad. Por supuesto, que “los regímenes del Golfo” niegan la existencia de una estrategia de esta naturaleza contra los EE.UU., pero muchos yihadistas creen que a través del crudo pueden poner de rodillas a los estadounidenses mas allá que estos dispongan de tecnología militar superior. Y aunque muchos dirigentes árabes de países productores rechazan esta teoría tanto como las declaraciones hechas por Emires y comentaristas en este sentido, en ámbitos yihadistas, no niegan la existencia del campo de batalla financiero, por el contrario, es considerado un importante frente de batalla contra Occidente.
Desde hace años, muchas páginas web salafistas han pedido iniciar “la yihad del petróleo contra los infieles y sus lacayos.” Existe suficiente material de este tipo de incitación circulando en la red. Pero más reveladores son los discursos oficiales de Osama Ben Laden y su lugarteniente Ayman Al-Zawahiri en la “absoluta necesidad de usar esa arma.” Zawahiri llama expresamente a los financistas islámicos a vender sus dólares estadounidenses y comprar oro en su lugar (washtaru al dahab be’l dullar). Estas impresionantes declaraciones han sido ignoradas en su momento por la mayoría de los analistas occidentales, aunque adquieren entidad y tienen sentido en la actualidad. Ben Laden predijo desde 2002 el colapso en la economía de los infieles a partir de los mercados estadounidenses. La mayoría de la elite política occidental, incluida la estadounidense, creen que esto no es probable, pero esta estrategia yihadista es concreta y se puede ver y comprobar abiertamente accediendo a los sitios Web de círculos radicales wahabíes del Golfo, hay signos políticos demasiados obvios en el campo yihadista, y hay que ser demasiado torpe para negar o ignorar lo evidente.
No hay duda que la manipulación de la OPEP sobre el mercado estadounidenses golpeó duro los bolsillos de cientos de millones de ciudadanos dentro de los EE.UU. haciéndolos objeto de intimidación como una nueva forma de guerra del yihad global, esta vez no los ataco impactando aviones contra edificios en sus ciudades para aterrorizados, los ataco para que abandonen sus sueños de ser dueños de sus propiedades y genero la retracción en el consumo debido a la actitud agresiva de los petro-regímenes respecto de los EE.UU. en venganza a su campaña por difundir la democracia en Oriente Medio. En términos políticos del pensamiento yihadista, Norteamérica fue castigada por atreverse a cambiar el statu quo en el mundo árabe y musulmán en beneficio de los débiles y los oprimidos: los kurdos en Irak, los reformistas de Siria, la sociedad civil libanesa, los africanos en Darfur, las mujeres iraníes y los estudiantes y artistas liberales en todo el Golfo. A cambio, los EE.UU. recibieron la desestabilización económica-financiera constante, gradual y letal.
A mi juicio, no se debería subestimar el poder de lobby de la Petro-yihad en Estados Unidos pues tiene décadas de influencia y largos tentáculos para alcanzar y minar cualquier sistema financiero, además e infortunadamente, hoy más que nunca ese lobby cuenta con poderosos políticos norteamericanos aliados que están arruinando su propio sistema llevando al borde del abismo y la calamidad económica-financiera a su propio país. Habrá aquellos que intenten desacreditar mi tesis ya que son bien conocidos los que sostienen vigorosamente que la supuesta desestabilización de la OPEP sobre la economía de EE.UU. es inexistente dado que muchos países en el Golfo están experimentando una recesión por la crisis de Wall Street. En pocas palabras y categóricamente: “eso no es cierto porque los vendedores subvencionan a compradores islámicos regionales con precios que Occidente desconoce rotundamente, y esto es una política de estado dentro de las fuerzas ideológicas salafistas a quienes no les interesa la estabilidad económica de Occidente sencillamente porque su factor conductivo es el Yihadismo contra el propio Occidente”. Hay que escuchar a sus ideólogos hablar en lengua árabe, ellos sostienen que incluso si tuvieran que sufragar las pérdidas entre sus propias sociedades con el fin de derrotar a las potencias infieles, entonces así se hará. Están dispuestos a absorber altos porcentajes de pérdidas en sus propias empresas y mercados locales si ese es el precio para la destrucción de la economía de EE.UU. y Europa. La política yihadista es muy clara, si una crisis económica mundial es necesaria para eliminar los esfuerzos de democratización de EE.UU. y poner fin a su campaña militar en el mundo árabe: el fin justifica los medios.
Concluyendo, sostengo que lo que algunos regímenes petróleos y sus fuerzas ideológicas yihadistas quieren lograr a través de su injerencia en la política y economía de EE.UU. es provocar un cambio de régimen en Washington. De allí la importancia para EE.UU. y Europa en lograr su independencia energética. Ello evitaría que se envíen los miles de millones de dólares anuales que están recibiendo los regímenes que buscan la destrucción de Occidente, puesto que ese dinero, en gran parte, acaba en manos o en cuentas de los terroristas desde hace más de 30 años.
Sin estas influencias externas no habría sido posible sacudir la estabilidad de EE.UU. ni de Europa. Ello es así, aun para los que sostienen que las sociedades capitalistas transitan sus momentos más difíciles; por consiguiente, es fundamental comprender que las economías, tanto la europea como la estadounidense, están siendo atacadas por las fuerzas de regímenes Petro-yihadistas con el objetivo de mantener la dependencia de su energía como un medio para obstruir el surgimiento de la democracia en Oriente Medio y de atacar y destruir la propia democracia y forma de vida Occidental.

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