Judíos y cristianos en búsqueda de una acción social

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Palabras del Rabino Iona Blickstein, de la Unión Israelita de Caracas (UIC), en el Primer Diálogo Interreligioso Judeo-Cristiano realizado en la Fraternidad Hebrea Bnai Birth de Venezuela el 15 y 16 de marzo de 2010.
A continuación sus palabras:
Por un mundo mejor.
Judíos y cristianos en búsqueda de una acción social común.
El diálogo entre los judíos y los cristianos puede tener una cantidad de objetivos, pero su fin último es contribuir a un mundo mejor, un mundo en el que se cumpla la voluntad de Dios, un mundo de justicia y paz.
Debemos todos recordar que la humanidad está incluida en la alianza de Dios con Noé, con la prescripción de vivir según los siete mandamientos considerados la quintaesencia de la moral universal: las prohibiciones del asesinato, la idolatría, el robo, el incesto, la blasfemia, la crueldad contra los animales, y el mandato de establecer tribunales de justicia. Quienes viven según esta alianza son llamados "los justos entre las naciones, que tienen una parte en el mundo por venir.
El judaísmo y el cristianismo debe acentuar las cosas que tiene en común en primer lugar ayudar a la humanidad a acercarse a la redención universal (Maimónides) y servir al Hacedor del Cielo y de la Tierra" (Rabino Moshe Rivkes/el Be’er Ha-Golah).  Estos principios se basan en el patrimonio religioso común de las Escrituras hebreas.
Debemos crear  una agenda común marcada por aquellos principios y valores (por ejemplo, la creencia en Dios como Creador, el compromiso con los mandamientos de Noe, los Diez Mandamientos, así como la esperanza en el gobierno de Dios sobre todo el mundo) que los judíos y los cristianos comparten por sus comunes raíces bíblicas e históricas.
En esta agenda debemos hacer hincapié en temas que hacen a una mejor sociedad:
a afirmación de la santidad de la vida humana;
La protección de la dignidad de cada ser humano sin distinción de origen, raza, género, características o capacidades;
La protección de la familia;
La búsqueda de justicia para todos, especialmente para los pobres y los indefensos;
La búsqueda de mutua solidaridad y paz en las relaciones entre las personas: en la familia, en la sociedad, en la nación y entre las naciones;
Rechazo de la esclavitud, la opresión y el autoritarismo.
Si queremos mejorar al mundo  lo haremos a través de mejorar a las persona.
Déjenme sugerir al menos una pequeña parte de la respuesta: debemos hacer realidad  nuestros principios  y formar seres humanos decentes. Si queremos mejorar al mundo hemos de tratar  de mejorar a las personas. Hacemos eso apoyando la proposición de que hay un sólo Dios Quien creó y controla el mundo y Quien se preocupa profundamente por la forma en que actúan las personas. Durante 3.500 años, los judíos han estado diciéndose a sí mismos, a sus hijos y al resto del mundo: Sean buenos. Sean amables. Sean honestos. Sean éticos. Sean morales. Es el mensaje más revolucionario de la historia humana, y  los que estamos aquí  somos las personas elegidas para transmitirlo.
Sentirse Bien Versus Hacer el Bien
La sociedad contemporánea dice, "Lo importante es sentirse bien con lo que haces". Nuestra predica debería rezar, "Lo importante es hacer el bien, sin importar lo que sientas".
La creencia de que sentirse bien es más importante que hacer el bien prevalece en el mundo secular que nos rodea. Claro mejor seria que te apasione dar caridad, visitar a los enfermos, evitar los chismes, decir la verdad en tu declaración de impuestos. Estaría  encantado si tú hicieras esas buenas acciones  desde tu corazón. ¿Pero que pasa si tu corazón no está puesto en ello? ¿Qué pasa si realmente no tienes ganas de hacer una de esas buenas acciones?
Es hermoso sentirse caritativo, pero es mucho más hermoso realmente dar caridad .Nuestra  tradición de fe   nos enseña que la bondad es lo que la vida requiere de ti.
La Biblia describe a Abraham como un hombre intensamente preocupado por la comodidad y el bienestar de los otros. Deja su lecho de enfermo cuando ve extraños a la distancia, ignorando su dolor para poder ser hospitalario con ellos. Le implora a Dios que perdone a los crueles pecadores de Sodoma y Gomorra. Inculcó tan minuciosamente los hábitos de bondad en los miembros de su familia que cuando su sirviente Eliézer viaja a buscar una esposa para Isaac la prueba determinante que enfrenta es de compasión: Busca a una mujer que no solamente pueda ofrecerle un trago de agua, sino que además se ofrezca a sacar agua para sus camellos al mismo tiempo – una tarea difícil.
Esta es bondad de un nivel mucho más alto que lavar el auto de tu vecino o regalar claveles en la calle.
"Los judíos son hijos compasivos de padres compasivos", enseña el Talmud. "Una persona que es cruel con las demás criaturas no es descendiente de nuestro padre Abraham". Nuestra tradición común nos enseña que la bondad es lo que la vida requiere de ti.
Los sabios nos enseñan que Dios mismo es el modelo original de bondad: El vistió a Adán y Eva cuando estaban desnudos, visitó a Abraham cuando estaba enfermo, consoló a Isaac en su dolor, enterró a Moisés después de su muerte. Nosotros, que nos fue ordenado seguir los caminos de Dios (Deuteronomio 13:5), debemos de la misma manera vestir a los desnudos, visitar a los enfermos, confortar a los deudos y enterrar a los muertos. Rezamos  para que Dios nos trate con caridad y bondad – ase imanu tzadaka vajesed – no al azar sino diariamente, no por antojo sino constantemente. Él quiere lo mismo de nosotros. "Porque yo deseo bondad, no sacrificios", dijo el profeta Óseas 2.700 años atrás.
Luchando Contra la Maldad
Hace algunos años, Robert Simon, un profesor de filosofía en la Universidad de Hamilton, escribió sobre la inhabilidad de sus estudiantes para hacer un juicio moral definitivo – incluso el juicio de que el Holocausto fue malvado. "Por supuesto que no me gustan los Nazis", dijo un estudiante, "¿pero quienes somos para decir que están moralmente equivocados?" En Harvard, James Q. Wilson encontró un desgano similar para condenar al Holocausto: "Todo depende de tu perspectiva", le dijo un estudiante. Otro comentó: "Yo tendría que ver estos sucesos a través de los ojos de las personas afectadas por ellos".
Claramente algo ha salido mal cuando los estudiantes de prestigiosas instituciones de alto aprendizaje no pueden denunciar a Auschwitz y Treblinka. Demasiados estadounidenses se achican para no parecer "críticos" o "moralistas" – las palabras mismas son utilizadas hoy en día exclusivamente como peyorativas. La actitud que prevalece es "¿Quien puede decidir lo que es bueno o malo?"
Vivimos hoy en día en un mar de la no crítica. En las escuelas, en las universidades, en los medios de comunicación, hay una creencia de que todas las culturas y formas de vida son igualmente validas, que nadie tiene derecho de juzgar la conducta o las opiniones del otro.
Incluso después del 11 de Septiembre, hubo voces prominentes que se negaron a condenar categóricamente a los terroristas que habían asesinado a tanta gente inocente. Reuters, la cadena británica de información, decidió como política no llamar a Al Qaeda y a los secuestradores "terroristas" – con el argumento de que "el que para algunos es un terrorista para otros es un luchador por la libertad".
Peor aun que este cuidado por distinguir entre bueno y malvado es la afirmación de Stephen Jay Gould en la sección "editorial opuesta" del periódico New York Times, poco después del 11 de Septiembre, diciendo que la bondad es común y el mal es infrecuente.
"En este momento de crisis", escribió Gould, fallecido biólogo de Harvard, es importante afirmar la "verdad esencial" de que "la gente buena y bondadosa es mas numerosa que todos los demás, en una relación de 1000 a 1" – como en "Ground Zero" (el sitio donde estaba las torres gemelas), que se ha convertido ahora en "una vasta red de apresurada bondad, canalizando incontables actos de bondad de todo el planeta". Los horrores de la historia son causados no por una "alta frecuencia de gente malvada", dijo Gould, sino por la terrible destructividad de "raros actos de maldad".
Es cierto que ha habido una efusión de benevolencia desde el 11 de Septiembre; es natural que los miembros de una comunidad se unan durante una crisis. Pero no es cierto que la naturaleza humana es esencialmente buena o que el mal es poco común. Y pensar de otra forma es el peor tipo de ilusión.
La decencia y la compasión pueden ser evidentes en estos momentos, pero ¿Dónde estaban la decencia y la compasión durante los siglos de esclavitud, cuando hombres y mujeres fueron reducidos a propiedad? ¿Dónde estaban la decencia y la compasión cuando los Nazis mataron dos tercios de los judíos europeos con la aprobación de una vasta legión de "verdugos voluntarios"? ¿Dónde estaban la decencia y la compasión cuando 800.000 Rwandeses fueron asesinados sanguinariamente por sus conciudadanos? ¿Cuándo las mujeres de Bosnia eran agrupadas en campos para ser violadas?
La desagradable verdad es que la mayoría de las personas no son innatamente buenas y bondadosas. Nuestra voluntad para cometer o consentir la crueldad es considerable. La creencia de Gould en la esencia bondadosa de la humanidad es un acto de fe ciega – conmovedor de alguna forma, pero dañino. Porque si la gente fuera decente y moral por naturaleza, no habría una necesidad urgente de enseñar decencia y moralidad. Si "la gente buena y bondadosa es más numerosa que todos los demás, en una relación de 1000 a 1", no sería necesario que la gente puliera su carácter, podrían trabajar en virtudes y ética tan diligentemente como pueden trabajar en un deporte o tocar el piano.
Como humanista secular, Gould tenía que creer en la naturaleza humana: para él no hay una autoridad más grande. Pero aquellos que creen en Dios, y en un código moral trascendente, no necesitan las gafas rosadas de Gould. Somos capaces de reconocer las debilidades morales de la humanidad y su capacidad para la maldad sin desesperarnos. Porque entendemos que incluso si la bondad no supera a la maldad en relación de 1000 a 1, cada uno de nosotros puede convertirse – con esfuerzo – en una mejor y bondadosa persona. Sólo de esta forma puede la batalla contra la maldad en el mundo hacer un progreso real.
Un niño que crece con educación de Fe sabe que hay bien y mal en el mundo, y sabe que se espera de él que refuerce el bien y se oponga al mal. El Rey David escribió en el Salmo 97: "Ohavei hashem sinu ra" – "Si amas a Dios, ¡odia la maldad!". Esa es la pasión moral que hemos fomentado durante 3.500 años – y es por eso que aquellos que están imbuidos con sus valores entienden que la maldad de este mundo es muy real, y que todos nosotros tenemos la obligación de hacer nuestro mejor esfuerzo para combatirla.
Juntos debemos  contribuir a la construcción de un mundo mejor, los judíos y los cristianos juntos debemos   sacar las consecuencias prácticas de aquellas enseñanzas de la Torah que constituyen nuestra base común.
Con la bendición de D-S, Amen.
Fuente: CAIV

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