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Por Max Sihman
Un sentimiento auténtico y de amor a la patria ha sido en todas las naciones del mundo su Himno Nacional. En los eventos de recordación histórica, sucesos vinculados al protocolo de Estado y en los eventos deportivos siempre se entonan las notas del himno. Solamente un país del concierto de naciones acompaña su letra y melodía junto al del país de convivencia en la diáspora, siendo ese país Israel.
Al aproximarse la festividad de Rosh HaShaná 5771, el 9 de septiembre del 2010, se hace propicia la ocasión para abrigar de nuevo con todo fervor la esperanza y el clamor hechos realidad hoy, desde hace dos mil años, de que los judíos del mundo somos un pueblo libre en nuestra tierra; y con nuestra vista hacia el oriente entonemos ese legado de siempre al tener presente a Sión y Jerusalén.
Me voy a permitir transcribir una estrofa y el estribillo en español del himno para así contribuir con la voluntad del autor al expresar sus sentimientos: “Mientras en lo profundo del corazón palpite un alma judía/ Y dirigiéndose hacia oriente un ojo aviste a Sión/ No se habrá perdido la esperanza, la esperanza de dos mil años/ De ser un pueblo libre en nuestra tierra, la tierra de Sión y Jerusalén”.
Mientras exista un alma judía, el sentimiento hacia la tierra de Israel tiene una fuerza indescriptible que florece en muchas ocasiones, pero en particular cuando se canta el Hatikvá.
A través de este pequeño ensayo he querido informar algunos aspectos históricos de la letra y melodía del que se ha convertido en Himno Nacional de Israel en 1948, y que fue escrito en Lasi, una pequeña ciudad de Moldavia, por Naftali Herz Imber en 1878. En el primer Congreso Sionista, de 1897, se adoptó como la entonación del Sionismo. La música orquestada por el compositor Paul Ben Jaim y arreglada por Samuel Cohen para ese congreso, se inspiró en “La Mantovana”, una melodía italiana del siglo XVII.
En todo acto comunitario nos levantamos en señal de respeto y acompañamos en idioma hebreo los acordes del Hatikvá, sin excepción. Es notoria la fuerza que irradia el público cuando en más de uno brotan lágrimas de recuerdo, alegría y satisfacción, porque esa esperanza nunca dejó de existir y hoy podemos estar orgullosos de pertenecer al pueblo que dignamente nos representa.
La juventud debe tener presente que desde remotas épocas la única esperanza estuvo cifrada en el contenido de las estrofas del Hatikvá. Incluso bajo regímenes de terror y con el temor presente cada segundo de sus vidas, se pudo mantener esa fe en nuestro pueblo. Hoy somos libres, con la fuerza y la dignidad de una comunidad progresista, y se les congratula por su identidad con Israel.
La vinculación de Rosh HaShaná y Hatikvá viene dada porque en ambas expresiones su sentido intrínseco lleva en sí el deseo y la esperanza de una existencia mejor, de una vida con salud y la alegría de una coexistencia en paz con nuestros vecinos.
Son mis más fervientes deseos un feliz año 5771 en unión de sus seres queridos. ¡Shaná Tová Tikatevú!
Fuente: Nuevo Mundo Israelita /
www.nmidigital.com

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