Hatikvá
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Entrevista a Alberto Botbol, conferencia en España
13/12/2010

Por Rebeca Perli
Mañana se cumplen 45 años de la clausura del Concilio Ecuménico Vaticano II convocado por Juan XXIII y continuado por Pablo VI, con el objeto de actualizar las doctrinas de la Iglesia Católica. Entre sus documentos está la Declaración de Nostra Aetate, sobre las relaciones con religiones No Cristianas, a fin de "promover la unidad y también la caridad entre los hombres". Entre las decisiones tomadas está la de no señalar como deicida al pueblo judío, y uno de sus párrafos reza: "Siendo tan grande el patrimonio espiritual común a cristianos y judíos, este Sagrado Concilio quiere fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio entre ellos, que se conseguirá sobre todo por medio de los estudios bíblicos y teológicos y con diálogos fraternos. … La Iglesia, que reprueba toda persecución contra cualesquiera hombres, consciente de poseer un patrimonio común con los judíos, e impulsada, no por razones políticas, sino por la religiosa caridad evangélica, deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos".
Poco antes de fallecer el Papa Juan XXIII, manifestó: "Perdónanos por la maldición que hemos atribuido injustamente a su nombre de hebreos. Perdónanos por haber crucificado una segunda vez en ellos, en su carne, por ser ignorantes", y en ocasión del Gran Jubileo del Año 2000, Juan Pablo II dijo: "¿Cómo permanecer en silencio ante tantas violencias perpetradas en nombre de la fe?… Hay que revisar los aspectos oscuros de nuestra historia. Esto no afectará el prestigio moral de la Iglesia sino que lo reforzará al tener el coraje de reconocer los errores". Son valerosas afirmaciones que contribuyen al respeto a la diversidad y a la convivencia.

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