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Por Beatriz W. De Rittigstein
Uno de los símbolos más distintivos de la comunidad judía de Venezuela es el legendario colegio Moral y Luces Herzl-Bialik. Sobre su gestación, incontables veces vi una foto en la casa de mis abuelos Velvel y Sara Zighelboim; se trata de la imagen de mi abuelo encabezando el acto de fundación, junto a un puñado de correligionarios, pioneros de la trascendental obra.
Este relevante capítulo no puede perderse en el olvido; debemos recordar a los visionarios que, con enorme coraje y empeño, pese a las carencias que padecieron como inmigrantes, se consagraron a esa causa que signó la evolución y crecimiento de nuestra comunidad: la creación de este ente que desde hace más de 60 años garantiza la educación integral de generaciones que contribuyeron al desarrollo de Venezuela y prosiguen con ese compromiso.
La idea surgió y tuvo infinito empuje en el seno de un organismo llamado Centro Social y Cultural Israel, cuyos miembros Velvel y Jaime Zighelboim, Philip Steinmetz, Eduardo Sonneschein, Salomón Stolear, Moisés Brunstein, Samuel Meiler, Isaac Brender, Israel Goihman, Abraham Iglicky, Isaac Ackerman, Marcos Milgram, entre otros, conformaron la vanguardia en educación judía en Venezuela.
El Moral y Luces Herzl-Bialik nació el 15 de septiembre de 1946; su sede inicial estuvo ubicada en una casa en la Av. Ávila, en La Florida; su primer director fue Juan Gols Soler y el subdirector fue David Gross.
Aquella aspiración materializada a fuerza de tenacidad y convicción, constituye un sistema educativo de grandes logros. Los que se formaron en las aulas del "viejo" colegio han visto a sus nietos en las modernas instalaciones. Precisamente, allí radica el dolor de una comunidad agredida y el valor de la memoria.

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