En la primera línea
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Por Shmuel Shaish
El 24 de octubre pasado fue clausurado en Roma el Sínodo de obispos de Oriente Medio y entre varias de sus decisiones algunas nos atañen como judíos y como israelíes. Entre sus decisiones encontramos las siguientes: “En Oriente nació la primera comunidad cristiana. De Oriente salieron los apóstoles después de Pentecostés para evangelizar al mundo entero. (…). Nos encontramos hoy ante un cambio histórico: Dios, que nos ha dado la fe en nuestro Oriente, desde hace 2.000 años nos invita a perseverar con valor, constancia y firmeza…”.
“Hemos analizado lo referente a la situación social y la seguridad en todos nuestros países de Oriente Medio. Hemos sido conscientes del impacto del conflicto palestino-israelí sobre toda la región, especialmente sobre el pueblo palestino, que sufre las consecuencias de la ocupación israelí: la falta de libertad de movimiento, el muro de separación y las barreras militares, los prisioneros políticos, la demolición de las casas, la perturbación de la vida económica y social y los millares de refugiados. También hemos reflexionado sobre el sufrimiento y la inseguridad en los que viven los israelíes. Hemos meditado sobre la situación de la ciudad santa de Jerusalén. Estamos preocupados por las iniciativas unilaterales que podrían cambiar su demografía y su estatuto. Frente a todo esto, vemos que una paz justa y definitiva es el único medio de salvación para todos, para el bien de la región y sus pueblos”.
Cooperación y diálogo con los judíos
“Las mismas Sagradas Escrituras nos unen, el Antiguo Testamento, que es la Palabra de Dios tanto para vosotros como para nosotros. (…) El Concilio Vaticano II publicó el documento Nostra aetate sobre el diálogo con las religiones, con el judaísmo, el Islam y demás religiones. (…) Por otro lado, hay un diálogo continuo entre la Iglesia y los representantes del judaísmo. Esperamos que este diálogo nos lleve a actuar junto a los responsables, para poner fin al conflicto político que no deja de separar y perturbar la vida de nuestros países. (…) No está permitido recurrir a posiciones bíblicas y teológicas para valerse de un instrumento que justifique las injusticias. Al contrario, recurrir a la religión debe permitirle a cada persona ver el rostro de Dios en el otro, y tratarlo según los atributos de Dios y según sus mandamientos”.
Cooperación y diálogo con los musulmanes
“Nos une la fe en un único Dios y el mandamiento que dice: haz el bien y evita el mal. (…) Juntos, construiremos nuestras sociedades civiles sobre la ciudadanía, la libertad religiosa y la libertad de conciencia. Juntos, trabajaremos para promover la justicia, la paz, los derechos del hombre y los valores de la vida y de la familia. Nuestra responsabilidad es común en la construcción de nuestras patrias. (…) Es, pues, nuestro deber educar a los creyentes al diálogo interreligioso, a aceptar el pluralismo y el respeto y la estima recíprocos”.
Estos párrafos son una muestra de la problemática en la cual están los cristianos en Oriente Medio. Cómo enfrentarse con el surgimiento del Estado de Israel por un lado y como ser cristianos en un mundo islámico y militante. Y no es nada fácil hoy en día ser cristiano en nuestra zona. Los judíos no confían mucho en ellos y los musulmanes tampoco.
Están constantemente tratando de demostrar su fidelidad a sus países, y se consideran los habitantes históricos de estas tierras, sucesores de los judíos que se fueron de aquí y anteriores a la conquista árabe de sus tierras; y hoy son minoría en sus propias tierras, y el conflicto es cada día más agudo.
Y una de las consecuencias del problema es la emigración de cristianos hacia Europa y América. Cuando leemos quienes eran los obispos y representantes de las Iglesias orientales católicas en el Sínodo vemos enseguida el problema en toda su magnitud. Asistieron entre otros el patriarca maronita del Líbano, el patriarca de Babilonia de los caldeos (residente en Bagdad), el arzobispo maronita de Chipre, el encargado maronita de Chihuahua (México), el patriarca armenio-católico (residente en Beirut), el patriarca copto-católico (de Alejandria-Egipto), el patriarca de Antioquía de los sirios (de Damasco, Siria), el patriarca greco-católico de Tierra Santa (Jerusalén) y muchos más. Todas estas son Iglesias autónomas católicas de ritos orientales que reconocen la primacía de la Iglesia católica romana. A todos estos debemos agregar las Iglesias orientales independientes: griegos ortodoxos, armenios ortodoxos, coptos ortodoxos, persas nestorianos, etc. Y estas Iglesias son la mayoría de los cristianos de Medio Oriente, y los católicos son la minoría. Mas todos los cristianos en conjunto son una minoría en nuestra zona, aun en el Líbano ya son minoría, aunque bastante grande y fuerte.
Las iglesias orientales no quitaron la mancha
El conflicto en el que están sumidos los lleva a consecuencias difíciles. Con nosotros, los judíos, les resulta difícil aceptar el sionismo y el Estado; ya que de parias vagabundos pasamos a ser soberanos en Tierra Santa; ahora hasta el Vaticano nos reconoce y ya dejamos de ser “deicidas” (asesinos de Dios); pero de allí a seguir siendo el pueblo elegido, dueño de Eretz Israel, no es tan fácil y de ahí la decisión sobre las relaciones con nosotros.
Las Iglesias orientales no católicas no han quitado de su liturgia la mancha de deicidas, a diferencia de la Iglesia católica. Con los musulmanes también tienen problemas, ya que el Islam los considera “denme” (tolerados) y en los países donde gobierna la ley islámica deben pagar un impuesto especial. Y entonces no es de extrañar que por un lado algunos cristianos apoyan a los terroristas palestinos (George Habash, Naef Hawatme, Hilarion Capucci y otros) para demostrar que no son menos que sus hermanos musulmanes. En nuestra tierra vemos como el Islam molesta a sus “hermanos” cristianos.
Hace 45 años se construyó una mezquita en Belén, frente a la iglesia de la Natividad y en Nazaret tratan de construir también una mezquita frente a la Basílica católica de la Anunciación. Y están los cristianos, como minoría, entre la espada y la pared.
Otra consecuencia del conflicto es la emigración y los esfuerzos del Vaticano y todas las jerarquías cristianas de frenar esa tremenda ola.
Hay inversiones cristianas en toda la zona y se desarrolla una gran actividad educativa en toda la dispersión. De ahí las Iglesias orientales que se desarrollan en América y Europa y señale la representación de los maronitas en Chipre y en México.
Personalmente conocí cristianos de Medio Oriente en Centro y Sudamérica y realmente están preocupados por la asimilación de sus hijos en los nuevos países y de ahí la siguiente decisión del Sínodo en Roma que dice así: A nuestros fieles en la diáspora. Os acompañamos con nuestras oraciones, a vosotros hijos de nuestras Iglesias y de nuestros países, forzados a emigrar. (…) Mirad al futuro con confianza y alegría. Permaneced siempre unidos a vuestros valores espirituales, a vuestras tradiciones culturales, a vuestro patrimonio con lo mejor de vosotros mismos y lo mejor que tenéis. Agradecemos a las Iglesias de los países de la diáspora que han acogido a nuestros fieles y que no cesan de colaborar…
Utilizan la palabra diáspora (dispersión o exilio) y realmente tratan de conservar su identidad de cristianos orientales.
Es lamentable que nuestras autoridades no comprendan la necesidad de ayudar a esa minoría en nuestro país y en nuestra zona, ya que judíos y cristianos somos los que debemos tratar de frenar al Islamismo militante en estos momentos de enfrentamiento de civilizaciones.
Las reacciones oficiales sobre las decisiones del Sínodo de obispos que tuvo lugar en Roma demuestran en el mejor de los casos ignorancia e incomprensión, y también un poco de “el mundo cristiano debe pagar todo lo malo que nos han hecho”. Por nuestro bien es conveniente continuar un dialogo positivo entre la “hermana mayor” (es decir, el judaísmo según Juan Pablo II) y la cristiandad.
Debemos tratar mejor a los cristianos israelíes, ya que los necesitaremos por mucho tiempo. No quieren la destrucción de nuestro Estado, hablan de dos Estados para dos pueblos y serán buenos ciudadanos en todo Estado.
Tratemos también nosotros de desarrollar una mentalidad libre de prejuicios sobre la cristiandad. No es fácil, pero no imposible.
Juan XXIII y el Concilio Vaticano II comenzaron en el transcurso del año 1963 un largo camino de conciliación con nosotros. Debemos nosotros también caminar en esa ruta. Será sólo para nuestro bien.
Fuente: Aurora Digital

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