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Por Eduardo Pitchon
Si bien la palabra Teshuvá detenta un lugar honorable y bien definido en la tradición judía, y el concepto de arrepentimiento puede encontrarse en casi cualquier otra religión, no es de ningún modo un concepto solamente religioso.
El arrepentimiento pertenece al hombre y se encuentra cercanamente relacionado al concepto de crecimiento y normal desarrollo humano. En el lenguaje de la psicología existe un concepto bastamente usado que resuena muy cercanamente a la idea del arrepentimiento y es la palabra “reparación”. La reparación usualmente se opone a la culpa.
Cuando pensamos en reparación, nos referimos a un intento de mejorar algo que hemos dañado o que ha sido dañado. Al vivir nuestras vidas no podemos evitar destruir, como tampoco crear.
Estas fuerzas creativas y destructivas se encuentran espejadas en nuestras mentes, en nuestros pensamientos, en nuestros sentimientos y en nuestras acciones. Esto no es solamente cierto en adultos totalmente desarrollados. Puede observarse este fenómeno en pequeños bebés. Si uno mira cuidadosamente a un bebé durante un período prolongado de tiempo, se pueden percibir sus cambios de humor en su relación consigo mismo, con respecto al seno materno y a su madre. A medida que el infante va creciendo, su mente se expande gradualmente, absorbiendo más y más del mundo circundante. Si tomamos una instantánea de un niño en el jardín de infantes, veremos esas fuerzas creativas y destructivas en operación bastante claramente. El proceso de educación es parte integral del proceso de socialización de los seres humanos. Los adultos enseñan a los niños cómo contener y dirigir las poderosas fuerzas que se encuentran dentro de ellos, y cómo expresarlas de un modo que resulte aceptable para las personas y la comunidad que los rodea. Este es un proceso permanente que será refinado y redefinido durante el desarrollo de la vida del individuo y en la medida en que sus encuentros en el mundo den forma a su vida interior.
Desde cierto punto de vista podría decirse que toda la psicoterapia es un proceso de arrepentimiento. Cuando una persona toma la decisión de hacer terapia, es una decisión transformadora y profunda. Aunque no lo sepa en ese momento, ha hecho una elección. La elección es seguir un camino que conduce finalmente al objetivo de convertirlo en un hombre completo o en una mujer completa.
Para lograr esto, la persona debe seguir lo que en Cábala se denomina la senda del Zaddik: el camino de la honestidad. Es por medio de la honestidad de la mente que el hombre se conoce a sí mismo. Una mente honesta abraza pensamientos honestos, palabras honestas y acciones honestas. Así es como el hombre se torna consonante, se vuelve consistente y alcanza niveles más profundos de sí mismo que son un más cercano y fidedigno reflejo de quien realmente es.
La persecución de una senda de honestidad mental es esencialmente de lo que se trata la psicoterapia: la búsqueda del uno mismo real. Se encuentra contenida en un lenguaje propio, pero básicamente este es su objetivo. Para probar y explicar en este contexto cómo trabaja la psicoterapia, tomaré prestadas cuatro ideas que nos alcanza el Judaísmo.
La primera idea es la idea del Tikkum Olam. La idea de la reparación del mundo que se encuentra tan cercanamente asociada a la noción de Mitzvot. Como psicoanalista me adhiero de corazón a esta idea de un mundo que necesita reparación. Me refiero a nuestro mundo interior, nuestro ser interior, el suyo y el mío. Como psicoterapeuta comprometido y practicante, mi interpretación del Tikkum Olam es ayudarme a mí mismo y a mis semejantes a alinearse con su verdadera naturaleza. Todo mi Mitzvot como psicoterapeuta apunta en ese sentido.
Esto me lleva a la segunda idea: la congregación de la chispa divina. Esta idea ha sido utilizada exitosamente para atraer nuevamente al Judaísmo a muchos judíos distraídos. Se trata esencialmente de hacer algo completo: restablecer en alguien su integridad. Este restablecimiento de la integridad es algo que me concierne profundamente. Soy plenamente consciente de que no puedo restablecer la integridad de otra persona. Sólo puedo tratar y hacerlo por mí mismo y, al hacerlo, alentar a quienes están en contacto conmigo a moverse en la misma dirección. Esta es la dirección natural, la dirección hacia la totalidad. Para ser uno entero, para hacer de nuestro mundo uno, necesitamos saber y reconocer todas nuestras partes dispersas y luego reunirlas en un todo coherente. Muchas de estas chispas se encuentran enterradas en las profundidades del mar de las regiones inconscientes de la mente. Para asegurar estas perlas, uno debe internarse lejanamente en el mar y bucear profundo. Este es un proceso gradual de toma de responsabilidad incremental sobre quienes somos, no sobre quienes creemos ser, sino sobre quienes realmente somos.
La tercera idea en la que me enfocaré es la idea del Shalom Bait, paz en el hogar. Veo esta noción como el corazón del proceso terapéutico. Alguien que está en paz en su hogar es alguien que está en su hogar y en paz en todas partes. Esta paz en el hogar o paz en el corazón no se logra fácilmente, es algo por lo que debemos esforzarnos. Debemos hacer un esfuerzo en esta dirección. El modo en que hacemos el esfuerzo es congregando la chispas divinas. Amando, perdonando, tomando responsabilidad y nutriendo todas nuestras partes abatidas alcanzamos la paz. No estamos ya en guerra con nosotros mismos: somos un sólo Ehad.
Eso me lleva a mi cuarta idea, la idea del Mesías. Escuché esta idea por primera vez de mi abuelo, cuando era un niño en pantalones cortos. Él me dijo que estábamos esperando la llegada de un Mesías, y que cuando él llegase habría paz en el mundo, el lobo y el cordero podrían compartir en confianza y amistad, terminarían las guerras y el paraíso retornaría a la Tierra.
Al crecer, aprendí otra sorprendente verdad, y es que, contrariamente a la creencia popular, la vida ocurre de adentro hacia fuera. De lo que imagina el corazón, devienen los hechos de la vida. Lo que imaginamos en nuestro corazón es muy importante, ya que define la dirección de nuestra vida y nuestro sentido de identidad. Por lo que un corazón en paz es el heraldo necesario de la llegada del Mesías y la consecuencia necesaria del Tikkum Olam, la reparación que lleva al arrepentimiento (en un sólo sentido).

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