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Por Jacqueline Goldberg
Este 2011 que arranca con raros bríos es el año de muchos tópicos: Año Internacional de los Bosques y Año Internacional de la Química, según la ONU; Año del Centenario de Machu Picchu para el Mundo según el gobierno del Perú; Año del caudillo Vicente Guerrero, según el gobierno del Estado de México; Año Internacional del Alzheimer, en España; Año Internacional de la Televisión, en Canadá, ¿Venezuela? y Argentina; Año del Conejo, según el horóscopo chino.
También será el 2011 cantera de asuntos más banales: el lanzamiento del iPad 2 de Apple; el estreno de Kill Bill 3, Kung Fu Panda 2, Misión Imposible 4, la segunda parte de la última película de Harry Potter —por fin c’est fini— y otro montón de continuaciones cinematográficas. Es el año que antecede a uno crucial si miramos la política venezolana o, al más terrible, si creemos en profecías que pronostican el fin del mundo.
En realidad, un año es un año es un año, parafraseando a Gertrude Stein y su poema “Sagrada Emilia”. Un año como todos, con lo bueno y lo malo; terrible para algunos, bondadoso para otros; de casamientos y divorcios; nacimientos y muertes; construcciones y fuegos; lágrimas y carcajadas; trampas y lucidez. Todo y nada. Pero tenemos la enloquecida costumbre de creer que en diciembre —más allá de sus significado religioso cristiano— termina todo y en enero comienza una nueva vida. De ahí los carrerones de la gente durante el último mes por cobrar, terminar trabajos pendientes, limpiar closets y hasta pedir perdón. Luego, enero es como un borrón y cuenta nueva. Vienen promesas de nuevos hábitos, dietas, de buscar un mejor trabajo, de creer que realmente algo cambiará. Y caemos en la trampa de las burocracias. Los inicios de año son un simple corte programático para combatir rutinas y aminorar los latigazos de la eternidad. Una excusa para quien la necesita.
La prensa, siempre obediente a los requerimientos de sus lectores, sobre todo en estos tiempos de lecturas new age y autoayuda, alimenta sus páginas con montones de recomendaciones, rituales de prosperidad, horóscopos para el año entero, las infaltables predicciones y resúmenes de los acontecimientos del año anterior. Nuevo Mundo Israelita es prensa y presa. No nos hemos resistido a la tentación de recoger buenos augurios y consejos para enfrentar lo que no pinta como un buen año, según el ánimo colectivo, pero que precisamente por ello puede convertirse en la oportunidad de un gran año. Todo depende del punto de mira. Tres profesionales de excepción, dos de ellos de nuestra kehilá, aportan en esta edición algunas luces al largo y a veces desesperante túnel del optimismo y la esperanza.
Fuente: Nuevo Mundo Israelita /
www.nmidigital.com

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