Y dale con Estado judío
07/02/2011
¡Bosquecito mío!
09/02/2011

Por Jorge Marirrodriga
Siendo este periodista apenas un becario tuvo oportunidad de conocer a Desmond Tutu un verano. Eran finales de los ochenta. El obispo surafricano explicaba la lucha contra el apartheid en su país a un grupo reducidísimo de plumillas. Signo de que la profesión ya comenzaba a irse al garete, los periodistas nos comportábamos más como en una aparición mariana que en una rueda de prensa. No es de extrañar, y resulta significativo, que el único capaz de elaborar una pregunta coherente fuera un humorista. Ahora publica en el importante diario español sus éxitos y en vez de retirarse siguen cantando la misma canción en circunstancias totalmente diferentes. Y claro, en vez del estadio ahora apenas llenan el escenario de Las Vegas junto a la capilla donde te casa Elvis. Honestamente, servidor ignora cómo Tutu llegó a la conclusión de que lo que sucede entre Israel y los territorios palestinos es comparable al régimen racista surafricano. Pero no me cabe duda de que así rebaja considerablemente el mérito de la histórica lucha de sus compatriotas, aunque, eso sí, a cambio consiga el aplauso de la platea flotillera.
Pero a Tutu se le ha visto el tutú. Ha exigido a la Ópera de Ciudad del Cabo que no actúe en Israel el mes que viene. Tutu es uno de los adalides del boicot cultural a Israel. Es decir, según su tesis, los israelíes no se han ganado el derecho a escuchar la Ópera de Ciudad del Cabo. Qué curioso, igualito que le sucedía a cualquier negro (por ejemplo él mismo) en la Sudáfrica del apartheid. Cuando los israelíes sean buenos, como los negros buenos, podrán entrar en el teatro. Voy a buscar en qué parte del Evangelio el señor obispo anglicano ha aprendido eso.
La Ópera de Ciudad del Cabo le ha dado a Tutu un baño de sentido común. “La Ópera no debe adoptar la postura política de desentenderse de los lazos culturales con Israel y Palestina”. Es decir, le ha recordado que en el nombre de la tolerancia no se puede ser un intolerante, que actuar en Israel no es negar los derechos de los palestinos y que el “boicot cultural” es una postura política, no un acto de justicia. Por cierto, la obra representada es Porgy & Bess, la mayor parte de los artistas son negros y trata sobre el apartheid. El de verdad.
¿Quién apacienta las ovejas?
Uno entiende que ser obispo en casi todos los países de Oriente Medio es bastante duro. Lo normal es que los cristianos sean discriminados y en algunos lugares perseguidos (o ejecutados si se descubre que el cristiano era un musulmán convertido). Y no lo digo yo, lo dicen las cifras de cristianos sirios, libaneses, iraquíes o egipcios, por ejemplo, que cada año abandonan sus países porque temen por su vida. Un chorreo para la presencia bimilenaria de la Iglesia en la zona.
Uno entiende que la fe mueve montañas, pero no disipa el aliento en el cogote (propio y del rebaño) de Hizbullah, los Hermanos Musulmaes o las Milicias del Mahdi, por poner tres ejemplos. Y así Europa comienza a tener habitantes que a muchos les parecerán salidos de una película de cruzados, como católicos asirios, coptos egipcios o cristianos melquitas, pero que son personas de carne y hueso desterradas de su tierra por movimientos violentos que les consideran indignos herejes y que cuentan con la indiferencia, cuando no la complicidad, del gobierno de turno.
Tal vez el ejemplo más palmario sea Belén, la cuna literal del cristianismo. Una ciudad hasta hace no tanto cristiana en la que ahora los cristianos son una minoría, y van por el camino directo de la desaparición. Un proceso acelerado exponencialmente tras el traspaso de la administración a las autoridades palestinas. Palestinas y musulmanas, hay que añadir. Y menos mal que los frailes no permitieron que en 2002 los palestinos que asaltaron la Basílica de la Natividad enterraran a sus muertos allí, que si no a estas horas la Iglesia donde según la tradición nació Jesús sería una mezquita. Este periodista estuvo allí.
Uno entiende todo esto y el que además a algunos obispos no les guste Israel (donde por cierto la vida de ningún cristiano corre peligro), y que intenten marcarse tantos ante el sátrapa de turno que gobierne en su país atacando a Israel, el único país de Oriente Medio donde si alguien se convierte al cristianismo no será condenado a muerte. Pero, hombre, de ahí a que la conclusión del Sínodo se centre en la crítica a Israel va un trecho muy largo. Los prelados exigen el fin de la ocupación israelí y la creación de dos Estados. Muy bien, pero ¿y qué pasa con la situación del propio rebaño, cuyo cuidado se les ha encomendado en una tradición que comenzó hace dos mil años cuando un judío hijo de un carpintero ordenó a otro judío pescador “apacienta a mis ovejas”? ¿Quién apacienta a esas ovejas mientras ellos se dedican a la política? ¿Nasrallah o Muqtada Al Sader? ¿Quién alzará la voz por sus ovejas perseguidas y machacadas? ¿El imam de Damasco o el de la Universidad de Teherán?
Trabajar por la paz no es sólo una opción sino una obligación para los obispos del Sínodo, pero esconderse tras la Biblia para cometer una injusticia es inaceptable. Ellos mismos lo han dicho por escrito. Joder, ahora resulta que Homer Simpson es un buen católico y algunos obispos le hacen el juego político a La Meca. Qué cosas.
El nombre de la cosa
Ahora resulta que el gran obstáculo para que haya paz en Oriente Medio es que el Gobierno israelí pretende que se reconozca a Israel como Estado judío. Cada quince días aparece una nueva dificultad insuperable y siempre, por supuesto, producto de la intransigencia israelí. Primero los ladrillos y ahora las denominaciones. Ya veremos mañana. Los hay que incluso andan escribiendo por ahí que ponerle el adjetivo judío a Israel es el mayor ataque contra el Estado de Israel desde su fundación. Y los de Hizbullah sin saberlo, oiga.
Conste que a un servidor decir Estado judío de Israel le parece una redundancia innecesaria. Sin entrar en qué es y qué no es lo judío (Dios nos libre de meternos en ese jardín), es imposible dudar de la identidad judía de un país que lleve el nombre de Israel.
Y si nos vamos al juramento de lealtad que propone Netanyahu “por el Estado de Israel judío y democrático”, la redundancia es triple. Israel es de los escasísimos países que pueden presumir de haber sido desde su fundación y hasta el día de hoy una democracia. (Otro es Estados Unidos y por mucho que miro en la lista no veo a España, con la de lecciones de democracia que damos a todo el mundo). En cualquier caso, que Israel se llame como les de la gana a los israelíes.
Pero la pregunta fundamental que hace falta contestar para que esto avance no es si Israel se llama así o de otra manera, o si mide más o mide menos. La parte palestina y el coro de países árabes deben responder si creen que Israel tiene derecho a existir. Porque la respuesta negativa, que se prolonga ya varias décadas, es el verdadero obstáculo para la paz. Y esto es lo que nos debería preocupar a los periodistas y sobre lo que deberíamos concienciar al público más que marear con el nombre que finalmente figurará en los pasaportes de Israel.
Por un puñado de euros
La sección española de la nueva flotilla de la libertad ha anunciado que necesita 1 (uno) millón de euros para comprar 2 (dos) barcos y unirse a una megaflotilla de la libertad que se dispone a zarpar hacia Gaza en los próximos meses. Para liberar Gaza, claro. ¿Liberar Gaza de la tiranía islamofascista de Hamas? Ni de coña. Liberarla de Israel, que no está en Gaza ni controla todas las fronteras de Gaza, pero esto son detalles sin importancia.
Servidor no tiene duda de que recaudarán ese millón de euros. Es más, está seguro de que una parte considerable de ellos saldrá de los impuestos que pagamos los españolitos. Total ¿qué más da un puñado de euros, con lo que ya debe el Estado? Y ya que esto es inevitable, nos hemos puesto manos a la obra para que, al menos, la representación española sea la mejor de todas. Para que todos esos libertadores dispuestos a darle la vuelta a la historia como si fuera un calcetín, admiren a la delegación española. Va a ser un poco complicado, dado que se van a embarcar hasta senadores. Pero si lo humano falla, siempre nos queda lo material.
Hemos buscado en webs especializadas algunas ideas para que la odiosa armada israelí quede deslumbrada ante el porte y la elegancia de los barcos españoles. Unas naves acordes con la idea de administración del dinero que demuestran año tras año este tipo de organizaciones que viven gracias al dinero de todos.
Con el dinero que llegue del ministerio correspondiente vía subvención se podrán comprar dos de cada una de estas embarcaciones. Por supuesto que son nuevas. Nada de segunda mano, faltaría más.
Fuente: Guysen News

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