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Por Jonathan Dajuaj Halevy
El jeque Raed Salaj exige reconocimiento de los derechos de los musulmanes en Jerusalén, pero al mismo tiempo niega el derecho histórico o religioso del pueblo judío en Jerusalén y en todo el país y predica la Yihad y el exterminio de Israel.
Las revueltas en Har Habait (Monte del Templo) de esta última semana enfocaron la atención pública en el movimiento islámico en Israel y su líder el jeque Raed Salaj, el cual fue detenido bajo sospecha de incitar a sublevación y sedición. Ministros han llamado a sacar al movimiento fuera de la ley y el diputado Carmel Shaama (Likud) incluso dijo que "no hay diferencia entre Salaj y Bin Laden". Por su parte reclaman, Salaj y su movimiento islámico, que Israel infringe de manera sistemática y a propósito, la libertad de culto de los musulmanes en Jerusalén en general y en la mezquita de El Aksa en particular y exigen respetar sus derechos musulmanes.
¿Acaso el movimiento islámico es sincero en sus exigencias de reconocer los derechos de los musulmanes en la mezquita de El Aksa? ¿O es que se trata de una organización extremista subversiva que actúa para destruir el Estado de Israel?
Al revisar la doctrina de Raed Salaj, se descubre que bajo el manto de la lucha por la igualdad y el reconocimiento de los derechos de los musulmanes en la mezquita de El Aksa, está presente un firme concepto religioso que no habla en absoluto de la igualdad de culto para todas las religiones, sino que niega de manera absoluta cualquier derecho histórico o religioso del pueblo judío en Jerusalén. El Templo, según Salaj, nunca existió y es una ficción histórica que inventaron los judíos.
El Muro Occidental (o Muro de los Lamentos) lo define como parte integral de la mezquita de El Aksa. Por el mero hecho de sus existencias, tanto el Muro como la ciudad antigua en general, "hacen impuros" – de acuerdo a sus palabras – los lugares sagrados del Islám. La elección de esta denominación de impuros" (tumá en árabe) es en realidad un código, que da a entender qué es lo que deben hacer los musulmanes, para impedir la "profanación de lo sagrado".
Raed Salaj no clama la posesión musulmana de Jerusalén solamente. Según su concepto, "La Casa de Elmakeds", es decir Jerusalén, "hasta donde abarcan sus últimos extremos", son todos terrenos consagrados musulmanes, que deben ser liberados de las manos del conquistador extranjero y pasar a control único de los musulmanes. En otras palabras, la mera existencia de Israel, en cualquier parte del área de la Palestina histórica, es fundamentalmente ilegítima.
La solución al problema de Jerusalén y de Palestina en general, según Salaj, se encuentra en la fusión de las fuerzas islámicas, sobre la que predica de manera sistemática, y además, presionando "desde todos los puntos" a Israel. Raed Salaj confía en que los sabios de la religión musulmana en el mundo, llenen un importante rol en las esenciales acciones de despertar y poner en movimiento al público musulmán, para actuar con el fin de liberar Jerusalén y la mezquita de El Aksa. Sus intenciones a largo plazo, las aclara Raed Salaj, al hacer un llamado al establecimiento de un califato islámico, que anule la actual división en distintos países del mundo musulmán, con la elección de Jerusalén como capital del califato.
El destino de Israel según la visión de Raed Salaj es el desaparecer del mapa y ser reemplazado por el gobierno islámico que va a regir basado en la Shaarya (las leyes religiosas musulmanas). En otras palabras – Raed Salaj está interesado en ver una realidad en la cual fuerzas islámicas logran vencer militarmente a Israel. El advierte al Gobierno de Israel de una guerra religiosa como consecuencia de sus acciones en Jerusalén, pero se sobreentiende de sus palabras, que esta advertencia refleja sus aspiraciones.
Israel no es la última estación de acuerdo a su doctrina. Es sólo una etapa en la materialización de su visión islámica global.
Raed Salaj posee una substancial doctrina en relación a la toma de poder del islam sobre el cristianismo, Europa y el Occidente en general. En una serie de artículos que ha publicado, explica Salaj, que la historia marcha, de acuerdo a las profecías del Islam, hacia el establecimiento de un "califato mundial cuya capital será Jerusalén", lo cual será "la última fase de la historia de la nación islámica, hasta el final de los tiempos". En esta época del califato aparecerán señales de redención y aparecerá el "Imám Salvador" (El Mahadi) y tendrá lugar de manera práctica también la tradición islámica, la cual habla de la eliminación física de todos los judíos. La redención total tendrá lugar, según él, sólo después de la materialización de la profecía de Mahoma, que se manifestará con la rendición del cristianismo y la reconquista de las tres ciudades: Jerusalén, Estambul y Roma, la capital de Italia y cede del Vaticano.
De esta manera, la liberación de Jerusalén (ya sea por la guerra o por la paz) por las fuerzas del Islam, no traerá, de acuerdo a la ideología de Salaj (que coincide exactamente con la de Hamás, los Hermanos Musulmanes y Al Qaeda) la paz mundial o a la co existencia con el pueblo judío en Palestina. Es más, será ésta sólo un primer paso en la declaración de la Jihad total (Guerra Santa) en contra del cristianismo y los infieles en general. A los judíos les espera en este sentido, genocidio total de manos de los musulmanes.
Los incitadores llamados del jeque Raed Salaj al mundo musulmán, de liberar Jerusalén como materialización de la profecía del islam, contienen en sí el verdadero significado de la visión del fin de los días musulmán. En el entorno musulmán ciertamente, esto se recibe como un llamado a guerra santa contra Israel
Sobre el autor
Jonathan Dajuaj-Halevy – importante analista y miembro del Centro de Asuntos Públicos y de Estado de Jerusalén y Jefe de Investigación de Orient Research. Este artículo fue publicado en Ynet, Yediot Hajaronot, el 11/10/09 – Traduccion: Dolly Ackerman para porisrael.org.

Nota de la traductora – Palestina es el nombre con el que los romanos designaron al Reino de Israel a partir de la revuelta judía (132-135) en que la antigua Judea pasó a denominarse Siria-Palestina o simplemente Palestina. Luego, tras la caída del Imperio Otomano en 1918, se le dio este nombre a la región bajo mandato británico (1922-1948).

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