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Por Beatriz W. de Rittigstein
Desde el renacimiento del moderno Israel, los países árabes e islámicos despliegan su hostilidad mediante variadas modalidades, tal como las persuasivas y reiterativas campañas de desinformación coordinadas a nivel internacional, las cuales desvirtúan la realidad del Medio Oriente y cuyo propósito es hacer recaer la culpabilidad plena en el Estado judío, confiriéndole calidad de origen de una gama prácticamente infinita de crueldades.
Entre las muchas agresiones propagandísticas con lemas promovidos de forma masiva por el mundo, sobresale una especie de comparación entre las políticas israelíes y el nazismo. Ese deplorable engaño que banaliza el Holocausto, sirve de premisa para explicar el conflicto entre árabes e israelíes, descalificar al movimiento sionista y deslegitimar el derecho a existir de Israel. A diario nos topamos con expresiones antiisraelíes y antijudías en los medios de comunicación de los países árabes e islámicos, gobernados en su gran mayoría por dictaduras o monarquías que, en ambos casos, ejercen un férreo control sobre sus súbditos a través de una brutal represión.
Cabe destacar que ninguno de estos gobiernos intenta cambiar la actitud de su población hacia Israel, propiciando un ambiente de aceptación, como buena voluntad a un posible proceso de negociación. Por el contrario, suelen utilizar desgastados argumentos, desenmascarados de forma contundente hace bastante tiempo, como el de las conspiraciones, forjados en Los Protocolos de los Sabios de Sión, que adaptan a las circunstancias del momento. Por ejemplo, el manido argumento acerca del poderío judío y su dominio sobre la política y economía globales, tan utilizado por el nazismo, aparece repetidamente en estas cruzadas propagandísticas. De hecho, este es el tema central del libro Cuídense del enfoque talmúdico,  distribuido ampliamente en Siria.
En la Venezuela actual, con frecuencia cotidiana, los medios ligados al gobierno dan rienda suelta a sentimientos antijudíos de manera análoga a sus pares de los países árabes e islámicos, aliándose así al radicalismo que elimina toda esperanza de paz y daña las perspectivas de una vida mejor para los pueblos que hipócritamente dicen defender.

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