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Por Samuel Auerbach
Según la Biblia, Ismael fue hijo de Abraham y su sierva egipcia Agar, e Issac fue hijo de Abraham y su esposa Sara. Se acepta que los árabes descienden de Ismael y los judíos de Isaac, por lo que se deduce que árabes y judíos son parientes sanguíneos.
Según el diccionario cibernético Enciclonet, semita es la denominación de una de las familias étnicas más importantes de la Antigüedad que apareció en Oriente en torno al IV milenio a.C. Su nombre proviene de Sem, hijo de Noé, del cual se hacen descendientes. Los árabes, hebreos, caldeos, fenicios y sirios son los pueblos más representativos de esta etnia. Actualmente tan sólo los árabes y los judíos mantienen una lengua semítica, aunque en la antigüedad las lenguas semíticas se extendían por gran parte del Mediterráneo oriental.
Según Wikipedia, el término semita se refiere a aquellas personas cuya lengua materna es una lengua semita. Al igual que cualquier otra denominación étnica, no tiene ninguna denotación biológica sino únicamente cultural y lingüística. Las poblaciones actuales que tienen lenguas semíticas incluyen a los árabes, los judíos, los etíopes y los arameos (comunidades del Líbano y norte de Iraq).
De las tres fuentes se desprende que tanto los judíos como los árabes son semitas. Se podría suponer erróneamente entonces, que la palabra antisemita involucra el odio tanto a los judíos como a los árabes.             
El odio a los judíos está documentado desde los orígenes del cristianismo y hay hipótesis que lo sitúan ya en la  época helenística. Tanto la Biblia como la historia judía se refieren a enemigos de Israel desde el pasado más lejano.
Pero el primero que uso la palabra antisemita para exhortar  hostilidad sólo contra los judíos, fue el periodista y agitador alemán Wilhelm Marr en un panfleto que difundió en 1879. Lo hizo sin tener en cuenta que, por su etimología, el término antisemita da a entender que se trata de un prejuicio contra los árabes, judíos y semitas en general. Desde entonces se lo usa en forma exclusiva para referirse a la hostilidad contra los judíos. Después de la creación del estado e Israel, aparecieron dos nuevos vocablos: el antisionismo y el antiisraelismo. 
El sionismo es un movimiento que nació en la diáspora tendiente a despertar en los judíos la pasión de volver a poblar La Palestina junto a los judíos que ya vivían allí, con la esperanza de que algún día se levantaría alli su país reconocido por el mundo. Por lo tanto, ser antisionista es negar la existencia misma de Israel en La Palestina y no se diferencia en nada con el antiisraelí.
Es natural que haya quienes no estén de acuerdo con la conducción de un gobierno, pero ello no justifica estar en contra del país y ponerse del lado de los países que lo quieren borrar del mapa. Así son los que se auto denominan antiisraelíes.
El antisemita, que es en esencia un enfermo de judeofobia muy difícil de tratar, está en contra del sionismo, en contra de Israel, en contra del judío como persona y de todo lo que haga o diga, por que lo odia sin desperdiciar nada de todo lo bueno que ese sufrido pueblo le ofreció a él y al resto del mundo.

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