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Por Rebeca Perli
"Todas las desgracias del mundo provienen del olvido y el desprecio que hasta hoy se ha hecho de los derechos naturales e imprescriptibles de la mujer". Este pensamiento lo expresó Flora Tristán en su libro Unión Obrera y lo hizo con conocimiento de causa por su experiencia como trabajadora en el taller de litografía de André Chazal, quien era… su esposo.
Flora Tristán, nació en París en 1803, y era hija ilegítima de Anne-Pierre Lasney y Mariano Tristán y Moscoso, coronel peruano, miembro de la Armada Española. Su infancia transcurrió en un ambiente dorado hasta que falleció su padre. Para huir de la pobreza en la que quedó sumida contrajo nupcias, a los 17 años, con André Chazal, con quien tuvo tres hijos (su hija Aline, sería más tarde la madre de Paul Gaugin). Chazal la maltrataba y hasta intentó asesinarla de un disparo por lo que fue condenado. Flora, convertida en "paria" como se autodefinía, viajó a Perú donde fue recibida por un tío paterno quien, a pesar de tratarla con deferencia, le impidió recibir la herencia de su padre por no haber sido legalmente reconocida.
De allí en adelante comenzó un peregrinaje por Inglaterra y Francia promoviendo la lucha por los derechos de los trabajadores y la liberación femenina, como lo expresa en su obra La emancipación de la mujer. Paladín de la justicia, abogó por la educación de la mujer convencida de que este era un factor primordial en la mejora de su condición. En plena gira por Francia falleció a los 41 años de edad. De ella dijo André Bretón: "Acaso no haya destino femenino que deje, en el firmamento del espíritu, una semilla tan larga y luminosa". El 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer en el que Flora Tristán merece un sitial especial.

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