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Criminalizar la normalidad
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Por Moisés Garzón Serfaty
¡Asómbrense!, si es que todavía les queda capacidad de asombro. Los hipócritas, cómplices, cobardes e indiferentes que tienen asiento en la Organización de Naciones Unidas (UNO, por sus siglas en inglés), que yo llamaría Unión de Naciones Olvidadizas, pactaron con los santones iraníes representados por el islamo-fascista Presidente que avergüenza a su sufrido país y al género humano, para que ocupe un lugar en uno de sus comités de cuarenta y cinco miembros, precisamente en el que tiene a su cargo analizar y defender la condición de la mujer en el mundo, pero no un lugar cualquiera, que ya hubiera sido una aberración, sino la presidencia de ese Comité denominado Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer. ¿No es este un mundo de locos?
Y no hay quien diga algo, aunque nadie ignora que el régimen de Irán es una teocracia brutal, cruel, totalitaria, que vulnera abiertamente y sin pudor alguno todos los derechos humanos, lapida a las mujeres, cuelga a los homosexuales, persigue y encarcela o mata a los disidentes, cercena la libertad de expresión del pensamiento, controla la información, no oculta su intención de borrar a Israel del mapa y desafía las resoluciones de la ONU en materia de admitir el control internacional de sus actividades nucleares.
En su obscena discriminación hacia las mujeres, los mentados santones están reforzando la implantación del Plan Hijab, encaminado a hacer que las mujeres cumplan rigurosamente el código de la vestimenta que es obligatorio si no se quiere incurrir en la aplicación de la sanciones que un Comité Disciplinario de los Guardianes de la Revolución les imponga.
Y allí están esas mujeres iraníes, víctimas de la más grosera discriminación, languideciendo en su frustrada feminidad, caricaturas negras, atemorizadas, como almas en pena, en espera de que algún día su suplicio tenga fin y puedan ser consideradas y tratadas como seres humanos que son.
Mientras tanto, los sanguinarios santones, después de fracasar en su intento de ingresar a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU (¡qué desfachatez!), lo que los obligó a retirar la candidatura, obtuvieron el “premio de consolación” de presidir la comisión de los que velan por los derechos de la mujer, siendo ellos los primeros en atropellarlos.
Definitivamente, zamuro cuidando carne.
Fuente: Nuevo Mundo Israelita

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