Condicionantes económicos del proceso de paz

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Por Gabriel Bacalor
Diecisiete años después de los Acuerdos de Oslo, un Estado Nacional Palestino continúa siendo la respuesta más sensata frente a las ambiciones del terrorismo islámico. Sin embargo, la lógica intensidad de los esfuerzos internacionales dedicados a la solución territorial del conflicto ha desviado la atención de otro aspecto central: el desarrollo económico y social del futuro Estado, condición sine qua non para una paz sostenible y duradera.
Mientras las economías de Europa y Estados Unidos pujan por sostener sus pálidas recuperaciones azotadas por los ajustes fiscales y el desempleo, la economía de Cisjordania atraviesa una prolongada primavera cuya estimación de crecimiento supera, para este año, el 8%.
Sin embargo, un reciente informe del Banco Mundial advierte que tanto el notable crecimiento en la Margen Occidental, reflejado en el boom inmobiliario que exhibe hoy la ciudad de Ramala, como el magro desempeño macroeconómico de la Franja de Gaza desde la operación militar israelí de enero de 2009, deberían ser objeto de preocupación para todos los interesados.
Ocurre que en ambos territorios, la performance ha sido apalancada fundamentalmente por ayuda externa y orientada a financiar los altos niveles de gasto público del grupo islamista fundamentalista Hamás en la Franja de Gaza y del partido Al Fatah en Cisjordania.
Cabe mencionar que el Plan de Desarrollo y Reforma Palestina aprobado en 2007 permitió a la Autoridad Palestina acceder a donaciones por 7.700 millones de dólares, pero la ineficacia del Gobierno de Mahmud Abás (Abu Mazen) en el desarrollo de la infraestructura necesaria para la independencia económica, convierte aquel apoyo en una trampa para la futura soberanía del pueblo palestino.
Asimetrías objetivas
Desde 1948, el Estado judío enfrentó y superó colosales desafíos existenciales caracterizados por las asimetrías regionales. Tal como enunciara Golda Meir, “el arma secreta de Israel en su lucha contra los árabes ha sido no tener alternativa”.
En la actualidad, Israel tiene la oportunidad histórica de formar parte activa en la creación del Estado palestino, cooperando en el mejoramiento de sus instituciones y reduciendo las condiciones económicas y sociales asimétricas que nos distancian.
El fracaso de las teorías neoliberales demuestra que los mecanismos del mercado son insuficientes para abordar esta tarea y también que corregir estas asimetrías dependerá, en buena medida, del rol activo que asuman el Estado judío y la comunidad internacional.
A fin de comparar de manera realista las variables económicas de distintos países en función del costo de vida en cada país, los economistas utilizamos el concepto de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA).
Las estimaciones realizadas para fines del año 2009 por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA) indican que el ingreso per cápita de Cisjordania y la Franja de Gaza en términos de PPA era de 3.132 dólares anuales; es decir nueve veces inferior al ingreso per cápita en Israel que se ubicaba en 28.401 dólares anuales.
También en términos de PPA y para 2009, el Producto Bruto Interno (PBI) israelí, ascendía a 206.000 millones de dólares contra 14.000 millones de dólares de Cisjordania y la Franja de Gaza.
Aunque la Oficina Central de Estadísticas de la Autoridad Palestina informa que el desempleo en los territorios que administra viene descendiendo desde el año 2008, fuentes oficiales de los Estados Unidos afirman que hacia fines de 2009 la tasa de desempleo, es decir, el porcentaje de personas desocupadas en relación a la población activa en el mercado laboral, era del 40% en Gaza y del 19% en Judea y Samaria.
Estos niveles de desempleo son considerados extremadamente altos y representaba en conjunto a 196.269 trabajadores desocupados. Si bien en Israel para el mismo período se calculaban 229.140 trabajadores desocupados, la tasa de desempleo del Estado judío sólo fue estimada en 7,6% y justificada en gran medida por el desempleo friccional, que se refiere a los trabajadores que migran de un empleo a otro para mejorarse y por ser de características temporales, no representando en realidad un problema económico.
Por supuesto, el flagelo de la desocupación mantiene alta correlación con la pobreza y los datos proporcionados por la CIA son consistentes con las estimaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que señalan bajo la línea de pobreza a más del 70% de la población de la Franja de Gaza y al 46% de la población de Cisjordania, estimándose el total de pobres para ambos territorios en casi dos millones y medio de personas. Israel registra 23,6% de pobres, pero la base del cálculo, (7,30 dólares por persona y por día, frente al estándar establecido por el Banco Mundial de 1,25 dólares a PPA del año 2005), impide cuantificar la asimetría existente con su socio para la paz.
El rol del sistema bancario
Desde el punto de vista financiero, el sistema bancario cumple un rol intransferible en la corrección de asimetrías al proveer al sector privado de la materia prima necesaria para fomentar la inversión privada.
De acuerdo a las fuentes mencionadas, en el año 2009 el volumen de crédito en Israel superó los 145.000 millones de dólares, en tanto Gaza y Cisjordania apenas cruzaron el umbral de los 1.000 millones. La prima de riesgo en bancos comerciales israelíes para fines de 2009 se sostuvo en 3.73%, contra 5,78% en Cisjordania.
Las limitaciones de acceso al crédito representan una asimetría seria y crítica para el desarrollo de un proceso de paz sustentable, pues no estimulan la iniciativa privada, motor primario del modelo económico globalizado.
Proceso de Guerra vs. Proceso de Paz
La declaración de independencia del Estado palestino muy probablemente respete los criterios territoriales sugeridos en la Iniciativa de Ginebra, pero la conformación de una sana estructura económica y con perspectivas de desarrollo social favorables a la convivencia, resulta incierta por el momento.
La incapacidad relativa del Gobierno de Abás para enfrentar los graves y urgentes desafíos, así como la imposibilidad de vislumbrar en la escena palestina nuevos socios para la paz, exigen, tanto a la comunidad internacional como al Estado judío, la reformulación del enfoque en el que se desenvuelve el interminable Proceso de Paz.
La nueva configuración de este proceso sugiere la involucración directa del Gobierno israelí y de sus instituciones en el desarrollo económico e institucional del futuro Estado palestino.
La magnitud de las asimetrías existentes entre Israel y la Autoridad Palestina favorece el avance político de los grupos fundamentalistas financiados por Irán. Al corregirlas en conjunto, palestinos e israelíes comenzaremos a vislumbrar que somos partes indispensables de una solución común, que nos permitirá reflexionar con mayor profundidad en las palabras de profeta Isaías: “Por magistrados te daré la Paz y por gobernantes, la Justicia”.
Analista político y económico. especialista en Negociación.
Fuente: Aurora Digital

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