Prensa internacional provoca desconsuelo

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Por Marcelo Wio
Dicen las voces de siempre que sí, que es terrible, pero que claro, que Israel y su incómoda costumbre de defenderse (aunque, sabemos, ellos nunca dicen defenderse; es que cómo el judío -pero no dicen judío, sino sionista, que es una manera más progre de odiar- va a responder a una ofensa), en fin, que los muertos están, cómo dirían, justificados de alguna manera.
Dicen, otros, más envalentonados (algunos, incluso, esgrimen los Protocolos aquellos como prueba del maquiavelismo congénito de los judíos), que fueron los propios judíos los que perpetraron el asesinato aberrante, sólo para poder justificar nuevas acciones (no le dicen acciones, hablan, sin saber lo que dicen, de holocausto palestino, de genocidio, de apartheid, tantas cosas tan repetidas dicen…) contra el sufrido pueblo palestino que tan mansamente soporta las afrentas de los colonizadores judíos o sionistas (a gusto del pontificador de turno).
Dicen tantas cosas… Pero son aún más las que callan. Por ejemplo, que el profesor Iosef Shiló, de la Universidad de Tel Aviv, obtuvo el galardón G.H.A. Clowes Memorial Award de la American Association for Cancer Research, debido a una investigación que beneficiará a todos.
Esto por no hablar de misiles -que, dicen los que diciendo tan poco dicen, son "artesanales", casi de juguete, vamos, petardos-; no como los que azotan a sus propios países. No cierto; ellos no saben lo que es correr a diario cuando una sirena suena y lo que avisa provoca un temblor en todo el cuerpo que debe responder, como nunca, a las órdenes de una voluntad irrefrenable de continuar con vida; a lo que responden:
"Pero en Israel están preparados… ¿no será porque aman la vida de sus hijos, de sus mayores, de sus hermanos, la propia misma?
En fin, decía, por no hablar de los misiles: desde el comienzo del año 2011 Hamás ha lanzado cerca de 124 morteros y misiles hacia Israel. No uno, ni cinco ni diez. ¡Ciento veinticuatro! Y claro, esos que dicen, no dijeron. Voy a ejercer una temeridad: creo que se hubiesen alegrado. No pudieron.
Además, la prensa occidental no informó sobre ello.
Si a alguna de las tantas oleadas de odio lanzado desde la Franja de Gaza le siguió una respuesta israelí, entonces, tal vez, un poco por llenar espacio, hacia el final de la crónica, sesgada sin prurito alguno, aparecería una referencia tímida, que le quita entidad al hecho de ese agresión (porque casi nadie lee todo el texto de una noticia: la mayoría supone, generalmente con razón, todo sea dicho, que lo sustancial está en el encabezamiento y en los primeros párrafos; porque se describe como el acto desesperado de un pueblo bajo el yugo de una potencia todopoderosa e inmisericorde).
Lo peor, es que nada es nuevo. Los que dicen esas cosas que dicen, no se lucen por su inteligencia: sólo despliegan el catálogo insolente de mentiras centenarias, desempolvadas, adaptadas a los tiempos que corren, quizás una leve variación terminológica, pero poco más. No reina el entendimiento por esas mentes, pero son muchas, y persistentes.
Y el odio es una emoción muy fuerte, que atraviesa cualquier intento de razonamiento, de entendimiento. Así estamos. Así estuvimos muchas veces.
Fuente: Aurora Digital

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