De lo sublime a lo ridículo
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La España justiciera
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Por Pilar Rahola
Brutal masacre de la familia Fogel en Itamar. Los terroristas llegaron de noche a la casa. Primero degollaron a los niños: Hadas de tres meses, Elad de cuatro años y Yoav de once. Después acuchillaron a los padres, Udi y Ruth. Desde el día 13, en que ocurrió la matanza de la familia, han caído en Ashdod, Ashkelon y Beersheva más de cincuenta misiles, sumados a siete bombas de mortero en Eshkol, todos ellos disparados desde Gaza. Y recientemente una bomba en el Centro de Convenciones de Jerusalén mató a una mujer y provocó treinta y nueve heridos, algunos con pronóstico muy grave, entre ellos dos mujeres embarazadas.
Por supuesto toda esta escalada de violencia grave no ha conmovido a nadie, y ni uno solo de los ruidosos voceros de la causa palestina ha considerado necesario lamentar todos estos actos de terrorismo, como si los israelíes fueran culpables por el solo hecho de nacer y su destino natural fuera morir en atentado. Ya lo dijo Yusuf al Qadarawi, el gurú de la Fundación Qatar, esa que inspira la publicidad del Barça: cualquier israelí, incluyendo las mujeres embarazadas, debe ser asesinado, no en vano “sus hijos no natos crecerán”. Y así va escribiéndose la crónica de una escalada de violencia que acabará mal, porque siempre concluye con alguna acción del ejército israelí para neutralizar estas acciones terroristas, y entonces se levanta la indignación del mundo.
Ya se sabe que Israel nunca tiene derecho a la defensa. Un día de estos, algunos libertadores de bolsillo montarán una flotilla —¿con el dinero de quién?— e intentarán penetrar en la zona de protección que Israel tiene, avalada por la ONU, para impedir la entrada de armamento. Y no se preguntarán si Hamás tiene alguna culpa, si su lógica es la paz o la guerra permanente, si otros países los están armando hasta los dientes, si es lícito, en nombre de una causa, degollar a un niño de tres meses, si eso lo asume tranquilamente su estómago libertador, y si, al final, este endemoniado conflicto es mucho más complicado que el simplismo que le otorgan. Y encima estos maniqueos de la verdad venderán su radicalidad ideológica como un acto de solidaridad. Los que atacan unilateralmente a Israel siempre tienen bula.
Los que intentamos recordar que esto no es blanco y negro y que los fundamentalistas de Hamás son auténticos enemigos de su propio pueblo somos tildados de cualquier cosa y cada día debemos pedir perdón por no militar en el pensamiento único. Pienso en todo esto a tenor de la incorporación de Rosa Regàs en la lista de Hereu. Las barbaridades que ha llegado a decir contra Israel podrían llenar un libro entero de intolerancia. Pero contra Israel sale gratis decir barbaridades. Por eso continúa siendo una linda progre que decora cualquier lista electoral necesitada. ¿Porque es solidaria? No, porque odiar a Israel es un plus en el currículum del progresismo más reaccionario.

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