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Por Moshé Arens
Yasser Arafat no quiso hacer la paz con Israel. Mahmud Abbás carece de autoridad para llegar a un acuerdo. Hasta que los palestinos se repongan y hagan un poco de orden en su casa, no habrán posibilidades de avanzar.
Hace nueve años, el entonces Primer Ministro, Ehud Barak, viajó a Camp David con la absoluta convicción de poner fin al conflicto israelí-palestino. Con el apoyo del presidente de EE.UU, Bill Clinton, se plantó frente a Yasser Arafat, la autoridad palestina más competente para materializar cualquier acuerdo con Israel.
A pesar de demostrar predisposición a significativos renunciamientos, Barak regresó a casa con las manos vacías. Aún con las elecciones en puerta y sin la mayoría del gobierno o el Parlamento a su favor, envió a Taba una delegación presidida por el Ministro de Exteriores, Shlomó Ben Ami, para continuar las negociaciones y proponer conciliaciones adicionales que no condujeron a ninguna parte.
La conclusión de Barak fue que no había alguien en el lado palestino que le permitiera llegar a un arreglo conveniente. El premio a sus esfuerzos fue una derrota aplastante en las elecciones.
La mayoría de la población israelí no valoró lo que fue considerado un truco inútil tramado con Arafat. Barak, por su parte, argumentó que actuó en beneficio del país y evidenció la falta de predisposición del liderazgo palestino en pro de un arreglo con Israel.
No hubo ningún motivo para esperar algo más de parte de Arafat, quien ya había sido derrotado en Túnez e impuesto a la población palestina en Cisjoradania y Gaza, como parte de los acuerdos Oslo. Él fue un terrorista; aún después de Oslo, creyó que el terrorismo era el único medio a utilizar contra Israel. Este método, usado a mano abierta por los terroristas suicidas contra la población civil israelí, fue duramente combatido en la operación "Muro defensivo" llevada a cabo por Tzáhal, luego de la masacre de Pesaj en 2002, en el Hotel Park en Natania.
El operativo, al igual que la acción "Plomo fundido" en Gaza, despertó una ola de acusaciones que culpaban a Tzáhal de haber cometido crímenes de guerra, que fueron desmentidas cuando los hechos se aclararon. Las acciones del ejército israelí y su regreso a Cisjordania no sólo consiguieron disminuir radicalmente el terror palestino, sino que además convencieron a muchos de ellos de que la lucha armada no promovería sus intereses y que en realidad, no obtendrían ningún beneficio.
Uno de los dirigentes que llegó a esa conclusión fue Mahmud Abbás, quien se erigió en líder del pueblo palestino luego de la muerte de Arafat. Abbás trató de convencer a su pueblo de que el camino correcto para lograr los objetivos nacionales es a través de las negociaciones con Israel, y no por medio de actos terroristas contra civiles.
Ese fue un logro muy importante. El terror, que durante mucho tiempo, amenazó a la sociedad israelí, y que en la opinión de muchos no se hubiera podido abatir sólo con acciones militares, disminuyó de forma significativa. Las puertas de un acuerdo a conseguir por medio de negociaciones permanecieron, aparentemente, abiertas.
Pero ésto, sin embargo, no sucedió. Hamás dominó la Franja de Gaza y desde allí atacó con misiles y explosivos a la población civil en el sur de Israel. Abbás no logró controlar Cisjordania sin la presencia de Tzáhal. Resultaba claro que no era capaz de concretar ningún acuerdo que quizás se lograría con Israel.
Las negociaciones llevadas a cabo por Ehud Olmert y Tzipi Livni, sin ningún socio real del lado palestino, fueron surrealistas. El argumento de Olmert, según el cual le había ofrecido a Abbás la proposición más generosa concedida alguna vez a los palestinos, es una tontería, porque negoció con alguien incapacitado de llegar a un acuerdo. Como era de suponer, Abbás la rechazó.
Arafat no quiso hacer la paz con Israel. Abbás carece de autoridad para llegar a un acuerdo. Todas las habladurías sobre la necesidad de Netanyahu de reanudar las negociaciones abandonadas por Olmert y Livni, no son sino un ardid académico.
Hasta que los palestinos se repongan y hagan un poco de orden en su casa, no habrá posibilidades de avanzar. El aporte israelí para mejorar la situación financiera en Cisjordania o las contribuciones americanas para reconstruir sus fuerzas de seguridad son sumamente importantes. Pero todo el resto, los palestinos deberán hacerlo por ellos mismos.
Fuente: Guysen News / Traducción: Lea Dassa para Argentina.co.il

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