Los extremistas sólo entienden el idioma de la violencia

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Por Samuel Auerbach
Las treguas sólo sirven para darle más tiempo a nuestros enemigos para que se rearmen. Así se expresó el ministro de Relaciones Exteriores de Israel Avigdor Liberman, dando a entender que Israel no debe actuar en represalia, sino que debe atacar hasta derrocar a Hamás. Las treguas con Hamás no evitan su continuo rearme. Tampoco el bloqueo a Gaza y las esporádicas acciones de Tzáhal para interceptar el pasaje de armamentos desde cualquier parte del mundo en tierra o en mar, son suficientes para detener el aumento del poderío bélico de Hamás, que no molestaría si la intención de su uso fuera otro.
Y Hamás se está fortaleciendo a pasos agigantados, como lo demuestra, por ejemplo, el notable incremento del alcance de sus proyectiles.
No existe medio que pueda modificar las ideas a extremistas con convicciones fanáticas heredadas, extremistas, que usan a su Dios como comandante en jefe. La única manera de cambiar el panorama de la región es dejarlos fuera de combate. Desgraciadamente, es así.
Pero las esporádicas incursiones aéreas, por más destructivas que sean, no podrán crear las condiciones para que en la Franja de Gaza se instale un Gobierno con reales intenciones de paz o, por lo menos, hacer que el actual cambie su política respecto a Israel.
Los extremistas sólo entienden el idioma de la violencia para la cual fueron educados. Hamás nos provoca y seguirá provocando, aunque suspendamos las construcciones y retiremos a todos los colonos de los territorios.
Por eso pienso que para lograr el cese de las hostilidades, se impone un nuevo “Plomo Fundido”, pero esta vez, a diferencia del anterior, prolongando la misión hasta obtener el resultado deseado y haciendo caso omiso a las presiones cualesquiera que fueren. A esta nueva versión se la debería denominar con un nombre más simpático, como por ejemplo “Libertad a Gaza”, para que el mundo vea con más claridad y no tenga ninguna duda que la intención de Tzáhal no es matar civiles, sino defender a sus ciudadanos de los bombardeos y, a la vez, liberar a un pueblo de la sangrienta dictadura que los gobierna y usa como escudo, un pueblo que quiere paz tanto como queremos nosotros.

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