El fanatismo islámico avanza y la Guerra Santa se acerca

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Por Moisés Garzón Serfaty
La famosa y galardonada periodista catalana Pilar Rahola publicó en La Vanguardia de Barcelona, el 7 de diciembre del 2009, un brillante artículo que, a pesar del tiempo transcurrido, mantiene una sorprendente actualidad. El texto aborda la ambición integrista musulmana de conquistar, anhelo primordial, Al Ándalus, es decir, España, en el marco de su deseo de dominar Occidente mediante el inicio de la Guerra Santa contra los infieles.
Considero que es un material que no tiene desperdicio y que puede servir para abrir los ojos a más de uno de los que se niegan a ver la realidad de la amenaza. Creo que cumplo un deber al divulgarlo. Estos extractos son lo más resaltante del artículo en cuestión:
“El fundamentalismo islámico tiene a España en el punto de mira sentimental, simbólico y cruento”.
“España está en el centro de su diana, reinando con la fuerza de un simbolismo atávico, y con tal magnetismo que aglutina en su mitología sentimientos encontrados que laten en el corazón más oscuro del Islam. Es el Califato perdido, el Shangri-La de la umma musulmana, la encrucijada donde la rabia de una derrota secular se fusiona con el sueño de una victoria definitiva”.
“Desde que los Hermanos Musulmanes de Egipto, a principios del siglo XX, empezaron a tejer la delirante ideología que hoy sustenta al fundamentalismo islámico mundial, Al Ándalus siempre fue la joya de la corona. No solo está presente como símbolo atávico; es, además, el primer deseo de conquista de todo el yihadismo. Y todo significa todos, desde el magma de Al Qaeda hasta el Abu Sayad de Filipinas, desde la Yamaa Islamiya pakistaní hasta el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate argelino, desde el terrorismo checheno hasta el cachemir, el yemení o el somalí. Todos aquellos que dedican su vida a la conquista de Occidente para crear un gran califato mundial tiene en Al Ándalus su mito primordial.
“‘Utilizaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia’, gritó durante años el jeque Omar bin Bakri desde la mezquita de Londres, y la primera torre simbólica que debía retornar al Islam era, sin lugar a dudas, la de la mezquita de Córdoba”.
“Escribo todo esto porque, aunque nos parezca un cuento de Alí Babá, conforma el universo simbólico actual de miles de personas enroladas en la Guerra Santa. Lo primero, pues, que debemos tener claro es que este enemigo huidizo, poseedor de una gran capacidad para matar, tiene a España en el punto de mira sentimental, simbólico y cruento. Solo hace falta recordar que, en su primera locución después del 11-S, bin Laden reiteró su lucha contra cruzados y judíos y habló de dos objetivos prioritarios: Palestina y Al Ándalus.
“No olvidemos que la rama magrebí de Al Qaeda hizo público un comunicado en octubre pasado donde pedía ‘la liberación de Andalucía’ y la recuperación del paraíso perdido. La cita del jeque mártir Abdulah Asma es explícita: ‘La yihad es una obligación desde que Granada cayó en manos de los infieles’. No estamos en la periferia de esta locura totalitaria que hunde sus raíces en los califas medievales pero usa la tecnología del siglo XXI para promover el terror, sino en el centro de la diana”.
“La cuestión, ahora, es si sabrán leer la enésima señal de alarma estos bambis multiculturales nuestros que proyectan una ingenuidad cósmica ante determinadas prácticas integristas. ¿Entenderán lo que está pasando o aún creerán que si se portan bien serán amiguitos? No somos un enemigo más para el yihadismo. Somos la madre de todas las obsesiones”.
Esta es la atemorizante realidad que expone la insigne periodista. Es una realidad que debe preocupar y ocupar no solamente a España, sino al mundo occidental, y quién sabe si, con el correr de los años, a países de otras latitudes. La Guerra Santa está en puertas, más cerca que nunca, tomando en cuenta las recientes revueltas en el mundo árabe musulmán, donde pueblos depauperados, hambrientos, sometidos a dictadores y sátrapas, desesperados, que engendran hijos sin futuro ni esperanzas, se alzan con valentía en demanda de libertad, democracia y pan. La incógnita no está en saber si obtendrán lo que piden, sino si en este mar revuelto pescarán a sus anchas los fanáticos integristas islámicos que proclaman y propician la Guerra Santa.

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