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Por Beatriz W. De Rittigstein
En varias ocasiones, personeros del gobierno del presidente Chávez han negado sentimientos judeofobos. Sin embargo, son cuantiosas las veces que, desde los medios de comunicación del Estado, se promueve la repulsión hacia los judíos, esgrimiendo prejuicios clásicos, germinados en la Edad Media.
La comunidad judía venezolana nunca antes sufrió una situación semejante; ello comenzó en los primeros años del milenio. Por ejemplo, hace pocos días, una conductora de Radio Nacional de Venezuela recomendó Los Protocolos de los Sabios de Sión, dándole validez como si fuera un texto incuestionable; valoración como si describiera experiencias históricas; y vigencia en el mundo actual. En realidad es un pasquín falsificado a principios del siglo XX, precisamente como excusa para perseguir a los judíos.
Esta periodista, a través de RNV, arremete contra los judíos con asiduidad. La primera vez que la oímos fue en mayo de 2004, cuando señaló que los judíos "son los que deciden lo que pasa en el Pentágono y en la Casa Blanca. Allí hay una penetración impresionante de todo el sector judío". Además, se facultó para dudar de la venezolanidad de unas personas por dos motivos: ser judíos y discrepar con el Gobierno venezolano. Así ha proseguido a lo largo de estos años.
Con independencia de las preferencias políticas de cada ciudadano, el Ejecutivo Nacional debe tomar consciencia que las enfermedades de odio social se inician con ciertos síntomas, pero se extienden sin límites, se transforman en epidemia y el daño es general. Por ello, en vez de permitir la divulgación de mentiras que generan un odio infeccioso, las autoridades deben buscar los remedios adecuados, entre ellos, el cumplimiento imparcial de las leyes.

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