La muerte: solo muere quien es olvidado

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Por Samuel Rotter
En la antigua Grecia se creía que los dioses eran inmortales. Que en los inicios del mundo condenaron a los humanos a ser mortales y sufrir por la muerte de otros. Pero, ¿realmente era así? Si alguien te ofreciera ser inmortal, ¿lo aceptarías?
Un antiguo poema, precisamente griego, habla sobre la envidia que sienten los dioses de los seres humanos. Pero, ¿por qué tendría un dios envidia de un humano, un ser inferior? Nos envidian porque somos mortales, cualquier momento podría ser el último. Todo es más hermoso porque estamos condenados, nunca volveremos a parecernos a como somos ahora, y jamás vamos a poder revivir ningún momento de nuestras vidas. El tiempo pasa y con él nuestra vida.
La muerte. Se nos hace un nudo en la garganta cuando escuchamos la palabra; ella representa el fin de todo lo que conocemos hasta el momento: la vida, el amor, el placer… Sin embargo, debemos entender que, al final, la muerte es el destino seguro de todos los seres en esta tierra, y de alguna forma deberíamos aceptarla como parte de nuestra existencia, pues nadie se salva de ella, todos tenemos el mismo fin, tal vez unos antes que otros, pero a la larga terminamos igual.
Darte cuenta de este hecho constituye una parte importante de nuestra existencia. Por un lado, la conciencia de la muerte nos hace madurar mentalmente cuando esta idea crece dentro de nosotros, ya que nos convierte en verdaderos humanos, mortales. Considero que este hecho le da vigencia a cada minuto de mi existencia, lo cual es algo que, más que deprimirnos, nos permite concienciarnos de lo valiosa, única y transitoria que es la vida. Entonces nos da fuerza; fuerza para hacer las cosas, correr riesgos y enfrentar la vida y sus retos.
El rey Salomón solía decir que prefería asistir a un funeral que a una fiesta, pues en estos eventos el rey lograba entender la belleza y fragilidad de la vida. Entiendo que enfrentar la muerte no es tarea fácil, que todos de alguna manera le tememos. Pero es posible vivir para siempre, tal vez no de manera física sino espiritual. Solo muere quien es olvidado; muere quien pasa por la vida sin intentar dejar un impacto en el mundo que le rodea. Por ende, ten aventuras, adquiere experiencias y explora el mundo que te rodea. No te aferres a cosas materiales de poca importancia, intenta buscarle el sentido a tu vida, siempre con la frente en alto, viviendo con pasión, haciendo cosas que verdaderamente ames, e intentando ayudar al mundo. Si enfrentas tu vida con determinación y sentido, serás tan inmortal como quieras ser.
¡Vive eternamente! “Después de todo, la muerte es solo un síntoma de que hubo vida”, anotó Mario Benedetti.
Fuente: Nuevo Mundo Israelita

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