El no de Netanyahu podría desencadenar un rotundo sí

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Septiembre 2011: Declaración del Estado Palestino en la ONU
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Por Shlomo Shamir
Si la iniciativa palestina para declarar la independencia en la Asamblea General de la ONU en septiembre necesitaba un tiro en el brazo, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu se lo dio. La lista de “no” que Netanyahu enumeró orgullosa y enfáticamente en Capitol Hill volvió a confirmar ante las Naciones Unidas y la comunidad internacional entera el motivo de la declaración unilateral de un Estado palestino: la congelación del proceso de paz y de la falta de diálogo entre las partes. El discurso, tal como se entendió en Nueva York, no deja posibilidad de que las conversaciones se renueven en el futuro próximo, y hasta podrían haber llevado el proceso de paz a su fin.
La relación entre la sede de las Naciones Unidas en Nueva York y la mayoría republicana en Washington es, en el mejor de los casos, problemática, y en el peor, abiertamente hostil, como se vio durante el mandato de George W. Bush. Personas cercanas al secretario general Ban Ki-moon, y diplomáticos y expertos en Nueva York, no se sorprendieron en absoluto por los aplausos que Netanyahu recibió del Congreso.
“No sería exagerado decir que cada ovación de pie que Netanyahu recibió en el Congreso fue una puñalada en más de un nervio sensible en la sede de las Naciones Unidas”, dijo un comentarista veterano.
El secretario general, quien usualmente emite comunicados de declaraciones y respuestas con rapidez, no dijo nada en absoluto sobre el discurso de Netanyahu. Su silencio marca un fuerte contraste con su respuesta entusiasta y precipitada después del discurso del presidente Barack Obama, que precedió al de Netanyahu.
Incluso si Obama quiere demostrar a los partidarios de Israel en Washington que está detrás de su propia posición —que una declaración unilateral de un Estado palestino en septiembre sería un error—, su capacidad de influir en los patrones de votación en la Asamblea General de Naciones Unidas es limitada. Ha habido casos en que los esfuerzos estadounidenses para influir en el voto produjeron el efecto contrario al deseado. El ejemplo más reciente ocurrió hace unas semanas, con la votación de una resolución del Consejo de Seguridad contra los asentamientos. Una humillación para la administración de Estados Unidos: catorce miembros del Consejo de Seguridad ignoraron el exhorto estadounidense y votaron a favor de condenar los asentamientos, empujando a Estados Unidos y su poder de veto a un aislamiento vergonzoso.
Dos diplomáticos occidentales hicieron la misma evaluación, en consultas separadas, acerca de las posibilidades de Obama de influir en el resultado de la votación en la Asamblea General sobre un Estado palestino. El primer ministro israelí no le dio a Obama “una buena mano” en su discurso ante el Congreso, dijeron ambos. En otras palabras, Netanyahu no le ofreció a Obama buenas razones que este pudiera utilizar para convencer a los líderes del mundo de hacer que sus enviados en la ONU voten contra la resolución.
Un análisis realizado recientemente en Nueva York, basado en datos proporcionados por palestinos y árabes, predijo una votación mayoritaria —135 de 192 miembros— a favor de un Estado palestino. Después del discurso de Netanyahu, la mayoría podría subir a más de 160.
La sabiduría popular en Nueva York dice que la posición firme e inequívoca que Netanyahu presentó en el Congreso sobre puntos de desacuerdo dará a los miembros de Naciones Unidas que podrían haberse abstenido una razón para pensar en unirse a la mayoría que ya ha decidido apoyar la declaración de un Estado palestino.
Si la sensación de decepción que flota en Naciones Unidas por el discurso de Netanyahu no se disipa en septiembre —y habrá almas buenas en las Naciones Unidas que se aseguren de que no suceda— los palestinos se sentirán más cómodos sucumbiendo a las exigencias de la Liga Árabe y haciendo caso al consejo de los países no alineados. Estos recomendarán a los palestinos que agreguen contenido más significativo de su declaración, contenido que tiene implicaciones prácticas con respecto a su estatus en Naciones Unidas.
Tomado de Haaretz (Israel)
Traducción NMI

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