Israel vive hostilizado por los árabes

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Por Marco Tulio Trejo
Desde l948 Israel es un Estado libre, soberano e independiente, reconocido internacionalmente, y mantiene relaciones diplomáticas y comerciales con casi todas las naciones del mundo, excepción hecha respecto de las que integran la Liga Árabe, las que, dicho sea de refilón, han vivido agrediéndolo y amenazándolo de echarlo a las profundidades del mar, o sea para hacerlo desaparecer del mapa.
Ese pequeño gigante de Oriente Medio ha tratado infructuosamente, al menos hasta hoy, de concertar una paz duradera con los palestinos que, dicho sea de paso, son sus hermanos, pero éstos, lejos han estado y siguen estando de llegar a un acuerdo pacifista, más bien en todo momento han venido hostilizando al país hebreo.
Israel, por el interés y el esfuerzo del sionismo, fue fundado en 1948 por mayoría de votos emitidos en el seno de la Organización de las Naciones Unidas, pero seis naciones árabes, como para no perder la costumbre, a raíz del surgimiento del Estado israelí lo atacaron, más el Ejército y el pueblo, conjuntamente, con encendido amor patrio, mucho coraje y heroísmo, se defendió exitosamente hasta que se llegó al armisticio en 1949. Egipto le vedó el paso libre de sus barcos a través del Canal de Suez e incluso se mantuvo un tiempo incursionando en su territorio. En l956, la nación agredida respondió como lo demandaban las circunstancias, es decir, con una fulminante y “convincente” acción militar respaldada por tropas franco-británicas. Nuevamente, en 1967, estalló un conflicto (la Guerra de los Seis Días), cuando Israel hizo morder el polvo a Egipto y sus aliados al derrotarlos en buena lid relampagueante (un verdadero “blitzkrieg”, como diría un alemán). Destruyó la Fuerza Aérea y centenares de tanques, cañones y demás “chatarra“ bélica egipcia, amén de matar a gran cantidad de soldados de infantería y artillería en la“guerrita”.
El Estado hebreo ocupa una extensión territorial de 21.000 kilómetros cuadrados, como quien dice el territorio de nuestro Petén o el de El Salvador. A estas fechas del siglo XXI, tendrá algo más de unos 7.000.000 de habitantes en el regazo, pero su población la complementan otros millones que, como se sabe, se encuentran diseminados en toda la faz de la Tierra. Sus principales ciudades son Jerusalén -la capital-, Tel Aviv y Haifa. Hay otros centros urbanos importantes que no están tan densamente poblados. La industria, el comercio, la agricultura, el turismo, la ciencia, la tecnología, la cultura en su amplia dimensión, otras áreas de su proceso de superación integral, son sencillamente admirables y envidiables, dignas de remedarlas, sobre todo por los países que no sueltan los significativos resabioss del subdesarrollo, verbigracia el nuestro.
El presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, que ha andado trotando por Europa y en la región de Oriente Medio, se entrevistó con el primer ministro israelí, Biniamín Netaniahu, a quien hizo saber que, en su opinión, deben fijarse las fronteras que tenía Israel en 1967, mas Netaniahu niega cualquier paso hacia atrás de la línea fronteriza.
Si los árabes no se han atrevido a librar otra guerra contra el pequeño gran Estado judío es porque son conscientes de que del lado de Israel están los Estados Unidos y otros países de los diversos continentes; pero, sobre todo, porque el super blindado país parece ser invencible y el privilegiado “Hijo de Yahve”. En el indeseable caso de que se desencadenare otra acción bélica de los palestinos y demás árabes con el propósito de destruir a Israel, toda una región podría quedar envuelta en llamas y, para infortunio de todo el globo terráqueo se produciría una espantosa hecatombe, ya que se correría el peligro de que se recurriese en un momento dado, por demás desgraciado, a las armas nucleares que podrían lanzar locos como el histérico y agresivo Mahmud Ahmadineyad de Irán, quien ha de ignorar o taimadamente finge ignorar que una nueva conflagración iniciada regionalmente podría provocar la tercera y última guerra mundial, pues se correría el riesgo de que se recurriese, temerariamente, a los artefactos termonucleares y, entonces no habría vencidos ni vencedores, porque todos los seres vivientes, racionales e irracionales, serían reducidos a cenizas, y eso sería lo peor, de todos los tiempos, que ocurriese contra la humanidad toda.
Fuente: La Hora, Guatemala

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