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Por Shlomo Wodner
En el año 1967, durante seis días, del 5 al 10 de junio, Israel ocupó el Sinaí, Gaza, Cisjordania, Jerusalén Oriental y las Alturas del Golán. Todo era euforia; habíamos reunificado Jerusalén, derrotado a dos grandes potencias árabes que contaban con el apoyo del llamado bloque socialista. La dirigencia política, en particular el Mapai (Partido Laborista israelí) y sus dirigentes históricos, se preguntaban: ¿cómo seguir? Había que fortalecer nuestras fronteras, sobre todo, alejarlas de las grandes ciudades. Prepararse para la futura confrontación.
Pocas voces se alzaron para decir: este es el momento para lograr una paz duradera y segura con nuestros vecinos. Se impuso la línea Igal Alón, la de los hechos consumados. Era la experiencia de otros conquistadores. Poblar con asentamientos judíos y enclaves militares los territorios ocupados; “el tiempo juega a nuestro favor”; llenaremos los territorios conquistados con miles de judíos y en caso de tener que negociarlos, tendremos más fuerza.
¿Y los árabes? Estaban en shock. En octubre de 1973, el día 6, el día de Iom Kipur, los viejos derrotados, Egipto y Siria, atacaron militarmente a Israel: 2.656 muertos y 7.250 heridos de nuestra parte, 15.000 muertos y 35.000 heridos del lado árabe. Recién el 11 de noviembre se estableció el alto al fuego.
Le siguió Camp David; el 17.9.78 devolvimos el Sinaí a cambio del reconocimiento por parte de Egipto del Estado de Israel y un régimen autónomo para Cisjordania y Gaza, con presencia militar israelí.
El Laborismo histórico perdió el poder a manos del Likud; Menajem Beguin era la nueva figura. Se incrementaba la presencia de asentamientos en los territorios ocupados; ya eran miles, algunos por ideología, otros por ventajas económicas, el nacionalismo exacerbado crecía en ambos lados del conflicto.
El 6 de junio de 1982, Israel invade el Líbano para expulsar a la OLP y a su líder Iaser Arafat. La llamada Primera Guerra del Líbano. La ocupación duró largos meses, las muertes crecieron, entre los nuestros 1.216 muertos y 4.000 heridos; entre los árabes 10.000 muertos y 17.000 heridos. El 16.9.82, las masacres de Sabra y Shatila. El conflicto terminó con la retirada de la OLP y el establecimiento de una zona de seguridad, ya en territorio libanes, para “mejorar nuestra seguridad”. En la Guerra de los Seis Días, en la zona no hubo conquistas territoriales. ¿Y los árabes? A fines de 1987, la primera intifada en Cisjordania y Gaza duró hasta el 13 de septiembre de 1993, con los Acuerdos de Oslo. Otro resultado: 160 israelíes y 1.162 palestinos muertos entre 1990 y 1991 durante la Guerra del Golfo, fuera de nuestras fronteras. Estados Unidos frente a Irak, los misiles rusos lanzados por Irak sobre la población civil israelí produjeron 378 muertos. Entre los árabes, más de 30.000.
Los asentamientos crecían, sin prisa y sin pausa. Había que garantizar nuestra seguridad. Llegó la segunda intifada, la llamada de Al-Aksa, el 29.9.2000.
En 2006, Ariel Sharón cambia de línea, nos retiramos de la Franja de Gaza unilateralmente. Hasta 2005 nuestra política de asentamientos tenía cifras no pequeñas: en Cisjordania 258.988 judíos, en el Golán 17.793 judíos, en el sector oriental de Jerusalén 184.057 árabes tenían cédula de identidad israelí y podían votar para las elecciones municipales, manera elegante de convertirlos en ciudadanos israelíes. En los territorios ocupados, generaciones nuevas de árabes sólo conocieron la presencia de nuestros soldados en sus poblados. Seguíamos siendo el ocupante. Había que garantizar nuestra seguridad.
El 12 de julio de 2006, la Segunda Guerra del Líbano, esta vez contra Hizbollah, que duró hasta el 14 de agosto de 2006, con 116 soldados nuestros muertos y 41 civiles. Del lado árabe, 1.200 muertos y 4.000 heridos.
En Gaza, Hamás gana las elecciones y en poco tiempo toma por la fuerza de las armas el poder, desalojando a la OLP.
¿Para que toda esta larga introducción de datos, tragedias, fracasos? Sólo para reflexionar juntos. Ninguno de los dos lados en conflicto, ha sacado conclusiones positivas. Hoy los asentamientos sobrepasan los 350.000 habitantes. Y la pregunta que nos hacemos: ¿hay alguna fuerza política -de derecha o hipotéticamente de izquierda- que pueda desalojar los asentamientos sin producir una quiebra en el seno del pueblo judío?
La dirección palestina, en todas sus variantes, ¿acaso no conoce esta realidad, lamentable, a la cual pocos nos opusimos, pero realidad al fin? Y si la saben, y la sabe también Barack Obama, entonces, porque no se cambia el discurso en aras de una paz verdadera y segura, por una propuesta clara. ¿Compensación de los territorios ocupados y asentados, por territorios israelíes? ¿El primer ministro Netaniahu y el resto de la derecha israelí no tienen la iniciativa de proponer un plan concreto, con lugares geográficos, dispuestos para tal intercambio? O la pregunta es tonta. Y si la es, ¿significa que Bibi y sus socios, no quieren realmente la paz?
¿Y la dirección palestina? Levanta la consigna: derecho de regreso de los refugiados del año 1948. ¿Es que somos ingenuos? O no está claro, ¿que el regreso de todos los refugiados palestinos a Israel sería la terminación demográfica y política del Estado judío y la conversión de la judería israelí, en una minoría, en Israel? La dirección palestina lo sabe. ¿Por qué lo sigue formulando como condición intransigente para un acuerdo de paz? ¿Será que tampoco está interesada en lograr la paz? ¿Será por las directivas que reciben de Irán y Siria? Si estos dos grandes temas, asentamientos y refugiados, amén de Jerusalén Oriental, tienen tanto peso, y ya han costado tanto dolor a ambos pueblos, ¿por qué no hay iniciativas para encontrarle una solución? La hay, si hubiera deseos reales de paz.
¿Es que ese camino no lleva al dominio mundial del fundamentalismo salafista, encabezado por la no árabe Irán y por Siria? ¿O es que Netaniahu, Hamás, Abu Mazen y Hizbollah no pueden vender a sus pueblos una solución negociada y segura de pazsino solamente la violencia, la destrucción y la incertidumbre permanente?
Después del discurso de Obama y el “No” de Netaniahu, volveremos a otro confrontación donde, para garantizar nuestras fronteras, tengamos que seguir matando. ¿A cuantos palestinos? A 10.000, a 50.000, y que los misiles caigan, ahora sí, en Tel Aviv, en Haifa, en Beer Sheva, en Eilat, y la población civil y nuestros hijos tengan que seguir dando una cuota de sangre, para prevenir que no tengamos otro Holocausto.
Los europeos, los rusos, los chinos, asistirán a otro enfrentamiento en la región como espectadores, para ver quién gana la partida Del lado palestino, despertarán, como en otros países árabes de la zona, y los jóvenes dirán “Basta” a esta tragedia.
Basta de preguntas; es claro que se puede llegar a acuerdos.. Hay que manifestarse, con claridad y sin miedo, en particular entre los palestinos, como lo están haciendo en otros países. Entre nosotros, no tener miedo a ser tildados de traidores o de “almas caritativas”, mote despreciativo a aquellos que aspiramos a una paz verdadera y segura con nuestros vecinos. Hay que llamar a cada uno por su nombre. A Hamás, organización terrorista, salafista, anti democrática, que nos quiere borrar del mapa; otro tanto a Hizbollah, o a aquellos que no quieren nuestra presencia en la zona. A nuestro Gobierno formado por Netaniahu más Lieberman más Shas como mercaderes de la guerra, incapaces de brindar iniciativas políticas y solamente respuestas de bravucones. A los norteamericanos, manipuladores, que con lindos modales, siguen sosteniendo la dictadura siria y la de Arabia Saudita, con tal de garantizar sus bazas en la zona con tanto petróleo.
La declaración unilateral del reconocimiento palestino como país independiente, no se puede hacer sin el acuerdo con Israel; es una ficción o un acto de propaganda y con la propaganda no se construye el Estado palestino. Es posible una salida negociada; sólo hay que tener vocación política y social, cosa que le falta a nuestra dirección política, no sólo frente a la paz y la guerra, sino también frente a la situación social de los sectores más pobres de nuestro pueblo.Del lado palestino, se cuecen las mismas habas.
Fuente: Aurora Digital

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