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Por Carolina Jaimes Branger
A Netali Rosen, Luz Marina León, Patricia Méndez y José Antonio Pardo ¡gracias!
Todo el mundo habla de la prioridad que es la educación, pero siempre me he preguntado cuán prioritaria es en realidad. Todos coinciden en querer que sus hijos estudien en el mejor colegio, pero casi nadie quiere tener un colegio al lado de su casa. Se desean los mejores maestros, pero ¿cuántos de quienes pueden están dispuestos a pagar buenos sueldos para los maestros?… Uno los oye quejarse del alza de la matrícula en la mañana, y en la noche se los encuentra en un restaurante con una botella de güisqui de 18 años en su mesa, que les cuesta más que el aumento. Y a la hora de reconocer, difícilmente el crédito va a un buen maestro.
Por esto mi satisfacción se multiplicó cuando fui invitada a participar como jurado para reconocer la excelencia en docencia que otorga el Colegio Moral y Luces Herzl-Bialik a través de la Fundación Sistema Educativo Comunitario. Este reconocimiento, que va ya por su octava edición, "brinda reconocimiento y estimula la excelencia docente". Fue un honor haber compartido el jurado con personas de la talla de Tomás Osers, María Eugenia Bello, Aída Noda, Lourdes Maritza Ortiz y Liliane Borgman de Fuhrman. Pero mayor honor fue haber conocido de primera mano la labor de tantos docentes maravillosos, que están abocados a dar lo mejor de sí para que sus alumnos aprendan, se destaquen y brillen con luz propia.
Nuestra labor fue en extremo difícil, porque tuvimos que seleccionar cuando la selección previa era maravillosa. Porque tuvimos que evaluar cuando las evaluaciones que nos presentaron eran todas de primera línea. Porque tuvimos que escoger ganadores cuando todos merecían ganar.
Las postulaciones vinieron de diversas fuentes: de los padres, de los mismos profesores. Las cartas de los alumnos resultaron en extremo conmovedoras. Las carpetas que nos presentaron como apoyo a las postulaciones -desde las muy alegres, coloridas y creativas de las maestras de preescolar hasta las muy sólidas, exigentes e inspiradoras de primaria, liceo y valores judaicos- deberían publicarse como ejemplo de lo que debería ser la labor de todo docente.
A los ganadores y demás postulados, ¡gracias! No sólo nos dieron una lección de grandeza. También nos hicieron ver con optimismo el futuro y nos regalaron algo que tanta falta nos hace en estos momentos: fe.

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