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Por David Harris
Casi todos los líderes políticos responsables, hoy en día, expresan su deseo de contribuir a la paz en Medio Oriente. Más fácil es decir qué hacer. Un real esfuerzo para promover la paz requiere una comprensión de lo que motiva a las partes para mantener el conflicto.
No puedo decir que sé cabalmente qué es lo que mueve a los palestinos. Así como el desaparecido hombre de Estado Abba Eban, yo no he captado por qué los líderes palestinos no pierden oportunidad de perder una oportunidad. Pero sí sé que cualquiera que, genuinamente, busque la paz, o aspire a ser amigo del pueblo israelí, debería considerar cuatro factores clave que informan sobre la visión global israelí.
Primero, la geografía
La línea desechable, estos días, es que la geografía ya no importa en una era de misiles de largo alcance. No tan rápido.
Como el desaparecido Sir Isaiah Berlin acertadamente bromeaba: “Los judíos han gozado de demasiada historia y de demasiada poca geografía”.
Israel es un pequeño país, más o menos del tamaño de Nueva Jersey o Gales, y apenas dos tercios del tamaño de Bélgica. Para ponerlo en contexto, Egipto es, aproximadamente, cincuenta veces más grande que Israel; Arabia Saudita, cien veces. Y hay más. Hasta su guerra de 1967 por la supervivencia, las fronteras de Israel, que no eran más que las líneas de armisticio desde la Guerra de la Independencia de 1948, tenían quince kilómetros en su punto más angosto, cerca del sector central y área más poblada del país.
Cuando el Presidente George W. Bush vio por primera vez ese angosto ancho desde el ventajoso punto de un helicóptero, se informó que dijo: “Hay algunas entradas de garaje en Texas más largas de lo que Israel es ancho”.
La topografía también importa. Cuando las empinadas Alturas del Golán estaban en manos de Siria, antes de la Guerra de los Seis Días, por ejemplo, los poblados y granjas judías, abajo, eran blancos regulares de los bombardeos sirios. Pregúntenle a mi esposa; ella era voluntaria en un kibutz ahí. Con las Alturas del Golán en manos israelíes, los niños de esos poblados y granjas ya no tienen que correr más a los refugios subterráneos.
Segundo, la historia
No obstante los alegatos árabes en contra, el Pueblo Judío ha estado ligado a esta región por más de tres mil años. El vínculo entre el Pueblo Judío y la tierra de Israel es central en la narrativa histórica. El Pueblo Judío nació aquí, sus textos sagrados emergieron aquí, sus templos fueron erigidos aquí y, aun cuando fueron forzados al exilio, nunca dejaron de soñar con su retorno. Es una historia, francamente, diferente a cualquier otra en los anales de la Humanidad.
Leer la Biblia hebrea, en especial los Salmos, es encontrarse con Jerusalén y Sión, literalmente, cientos de veces.
El vínculo metafísico y físico entre el Pueblo Judío y sus fuentes históricas y de santidad debe ser reconocido de la misma manera que el vínculo entre el Islam con la Meca y Medina.
Tercero, la psicología
Algunos desestiman la preocupación de Israel por la seguridad considerándola obsesiva. ¿Cómo puede ser, preguntan, que el país con las fuerzas armadas más poderosas en la región se sienta tan acosado, tan bajo presión?
Por ejemplo, el columnista Roger Cohen del New York Times escribió: “El cierre (de un pasado que conserva el insistente espectro de la aniquilación) es la superación del horror. Es el logro de la normalidad a través de la responsabilidad. No se puede lograrla a través del aumento de las amenazas, la perpetuación de los temores o retraerse en la victimización que ve cada acción, no obstante violenta, como defensiva”.
¿Aumento de las amenazas? ¿Perpetuación de los temores? ¿Es eso todo lo que hay en la actual situación de Israel? Difícilmente.
Mientras Cohen ha tratado de recolocar a Irán como una nación incomprendida, raramente los israelíes comparten su optimismo acerca de las intenciones de Teherán. ¿Qué es lo que cualquier nación debe hacer ante llamados a su destrucción por parte de otra nación que está empeñada en obtener las herramientas para lograr su objetivo? Y cuando la nación amenazada es Israel, seguramente, suenan las alarmas, y por una buena razón.
Después de todo, Israel tiene una historia. También el Pueblo Judío. Y ella enseña que existen aquellos que desean hacer daño y se lo toman en serio. No debe hacerse caso omiso de ellos o minimizarlos. La historia también enseña que, demasiado frecuentemente, Israel y el Pueblo Judío han estado mayormente solos enfrentando ese peligro. Promesas y compromisos de ayuda, con mucha frecuencia, más se hacen que se mantienen. Confiar en la buena voluntad de otros ha probado ser una propuesta riesgosa.
Así que sí, Israel tiene todo el derecho, en realidad la obligación, de tomar seriamente las ambiciones nucleares de Irán, del mismo modo que tiene todo el derecho, en realidad la obligación, de tomar en serio los cuarenta mil misiles en el arsenal de Hezbolá en El Líbano y el deseo de Hamás en Gaza de emular el ejemplo de Hezbolá.
¿Las palabras de Hamás y Hezbolá, que gritan por la aniquilación de Israel, simplemente deben ser ignoradas, archivadas en el cajón de los excesos retóricos? ¿Aquellos que han sido blanco para ser destruidos más de una vez, simplemente deben asumir que eso no volverá a ocurrir y, por lo tanto, tener una noche de buen sueño? Más aún: ¿Es Siria un gentil vecino, con un tan excelente antecedente de respeto por los derechos humanos y el imperio de la ley, que Israel puede soportar tener la guardia baja? ¿La Autoridad Palestina está del lado de Israel simplemente porque está enfrentada con Hamás, aun cuando en el congreso de Fatah, este grupo, visto como la mejor oportunidad de negociación de Israel, reveló que no quiere reconocer el legítimo lugar de Israel en la región?
Y cuarto, el anhelo
Los sobrevivientes de los exilios, los pogromos, las inquisiciones, los libelos de sangre y los campos de exterminio no necesitan conferencias acerca de porqué deberían buscar “normalidad”. Después de todo, ¿no fue Israel establecido en un tan grande lugar para, precisamente, crear, por fin, esa nueva condición para los judíos? Normalidad, nada más, nada menos. Y, sin embargo, no ha llegado enteramente a eso, por lo menos no todavía.
Los temores existen, no porque no pueden ser olvidados, sino porque las amenazas perduran. Y las amenazas no pueden ser ignoradas ya que el código genético del Pueblo Judío incluye un sistema de alerta temprana, que dice que el régimen iraní y sus amigos simplemente podrían decir en serio lo que dicen. Y que las centrifugadoras y esos cohetes de combustible líquido y de combustible sólido podrían estar pensados para siete millones de israelíes.
Israel no necesita columnas periodísticas acerca de los imperativos de la paz. Necesita socios creíbles, comprometidos en la búsqueda de la paz. Cuando tenga tales socios, como la historia lo ha mostrado ampliamente, Israel llegará a cesiones territoriales extensas, aun con riesgo de su propia seguridad, para lograr una solución. Al final del día, los socios de Israel no tienen que comprar su discurso, no más que Israel debe comprar el de ellos.
Aun así, se le pide a Israel que reconozca sus necesidades de dignidad, justicia y respeto. Y eso es, realmente, una legítima petición para el proceso de resolución de conflictos. Así que ellos, a su vez, necesitan tomar en cuenta el lugar de la geografía, la historia, la psicología y el anhelo en la visión global israelí, como Anwar Sadat y el rey Hussein, conciliadores ambos, hicieron para su eterno crédito. Entonces, quizás, en palabras del profeta judío Isaías: “Nación no levantará espada contra nación, ni aprenderán a guerrear nunca más”.

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