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Por Natan Lerner
En que medida anti-israelismo se transforma a menudo en antisemitismo del cuño más primitivo lo demuestra la frecuencia de actos que expresan desprecio conta los judíos como un modo de atacar a Israel. Esta superposición de actitudes muestra cuán difícil es separar el odio contra Israel del odio antijudío que es, tipícamente, dirigido contra los judíos, sólo contra los judíos y contra todos los judíos.
El viernes último, la Asociación de Amigos de la Universidad de Tel Aviv de Habla Hispana organizó un simposio dedicado al rebrote de antisemitismo que azota al mundo. Examinaron el tema el profesor Haim Avni, el embajador Dov Schmorak y el autor de estas líneas. En la certeza de que el tema interesa a los lectores de este periódico quiero compartir con ellos algunos de los conceptos que expuse en la ocasión, a título de observador del escenario mundial y no de especialista o, si se quiere, de antisemitista.
Es evidente que hay abundancia de actividades que pueden ser descriptas como cubiertas por la denominación y definición aceptadas de antisemitismo, es decir, odio a los judíos -a los judíos y no a todos los semitas- y acciones concomitantes y derivadas de ese sentimiento.
Basta con conversar con judíos de, por ejemplo, Francia, Venezuela, Argentina o Turquía, entre otros países, para convencerse de que hay antisemitismo. Un tanto más dudosa es la cuestión de si hay realmente un incremento de antisemitismo, o de lo que solía ser reputado antisemitismo, o si hay un rebrote de antisemitismo clásico.
Para responder a esta pregunta cabe recordar cuales son las principales manifestaciones de antisemitismo a lo largo de la historia.
Esas manifestaciones, en general y sin entrar en detalles, se dieron en tres esferas: violencia, discriminación y desprecio, burla o difamación. La violencia se expresó en el mayor de los crímenes contra el pueblo judío, la Shoá, el Holocausto, los pogroms, y actos criminales como la Noche de los Cristales, la "Kristallnacht" en Alemania y Austria, y atentados individuales como, por citar uno, el del caso Sirota, bien conocido al público de origen rioplatense. Acciones de violencia de este tipo fueron excepcionales en los últimos tiempos. No incluyo en esta afirmación el caso muy excepcional y complejo de las amenazas iraníes.
La discriminación se tradujo especialmente en limitaciones a la inmigración de judíos, negativa a reconocerles el derecho a la igualdad en materia de empleo, vivienda, status en la sociedad, educación, y similares. Esta clase de antisemitismo virtualmente no esiste hoy en ningún país democrático, y sólo se lo puede encontrar formando parte de medidas -no siempre dirigidas contra los judíos- en algunos paises musulmanes.
El tercer modelo claramente existe. Se traduce en pequeños atentados: pintadas en locaciones judías comunitarias, como sinagogas, cementerios y centros sociales judios; diatribas en alguna prensa; inscripciones en lugares públicos y otras "pequeñeces", que no son tales para las personas afectadas. A esta categoría pertenece también la incitación al antisemitismo que se deriva de los intentos de falsificar la historia, en particular negar la existencia y magnitud del exterminio de judíos por los nazis y sus colaboradores. Este tercer modelo es el que hoy más debe preocupar y requiere no sólo atención sino adecuado tratamiento en los órdenes educativo, preventivo y represivo.
¿Qué y quiénes alimentan al antisemitismo que ha levantado su cabeza en los años recientes? Una respuesta a esta pregunta requiere un listado de responsables: a) el Islam y los palestinos en primer término, con una no pequeña dosis de cooperación de fuerzas locales; b) los viejos o neo-nazis, fascistas y comunistas stalinistas, y sus versiones siglo XXI; c) la izquierda radical, no comunista, ni socialista, ni anarquista en el sentido clasico; parte de la Iglesia católica, como el obispo Williamson, por ejemplo, y otros de la misma calaña; los ya mencionados negadores del Holocausto.
Dicho con toda cautela, a esta lista de causantes del antisemitismo deben sumarse ciertas acciones del Estado de Israel o atribuibles al mismo, que pueden desencadenar reacciones contra los judíos en general, por chocante que esto resulte.
Esta última categoría requiere clarificación y distinciones. Incluye, por ejemplo, a los que se aferran a trasnochadas consignas, como "Um-shmum", no importa lo que dicen los "goim" sino lo que hacen los judíos, u otras expresiones de desprecio del mundo; la consolidación en el país de núcleos ultranacionalistas, reaccionarios y anti-liberales, muy bien representados por un canciller -la tarjeta de visita de todo país- que hace el elogio de la guerra y aboga por la reducción de los derchos de las minorias; la ocupación de territorios tomados y retenidos por la fuerza, en la que no se respetan suficientemente los derechos humanos, que no estan abolidos por el derecho de guerra; alegados pero no probados excesos de las tropas que no se quiere someter a investigación fuera del marco militar; la presencia, en el nuevo Gobierno, de fracciones opuestas a todo reconocimiento de derechos palestinos y a la noción de dos Estados para dos naciones.
Esta tipificación no es absoluta y los ejemplos mencionados no son todos del mismo peso. Pero se dan y conforman una atmósfera anti-israelí, que facilmente se desliza en formas de antisemitismo típico.
En que medida anti-israelismo se transforma a menudo en antisemitismo del cuño más elemental y primitivo lo demuestra la frecuencia de actos que expresan odio o desprecio o injurias contra los judíos como un modo de atacar a Israel. Esta superposición de actitudes muestra cuan dificil es separar el odio contra Israel -que se puede alegar es, a veces, un acto de oposicion politica- del odio antijudio que es, tipicamente, racismo dirigido contra los judíos, sólo contra los judíos y contra todos los judíos.
Lo que se percibe categoricamente, en todo caso, es que hay comunidades judías seriamente preocupadas, y con toda razón, por lo que pasa. No estarán menos preocupadas si se las convence de que no se trata de antisemitismo clásico, sino de un fenómeno nuevo atribuible al conflicto de Oriente Medio. De cualquier manera requiere tratamiento intenso, ingeligente y cauto.

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