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Por María Fernanda Mujica Ricardo
Como se recordará, la periodista Cristina González promovió en abril pasado el trágicamente célebre pasquín antisemita Los Protocolos de los Sabios de Sión a través de la Radio Nacional de Venezuela, lo que motivó una denuncia de la CAIV ante la Fiscalía General de la República. Poco después, González fue destituida de la Dirección de la emisora Radio del Sur. Sin embargo, acaba de ser galardonada con el Premio Municipal de Periodismo 2011, en la mención Docencia e Investigación “Héctor Mujica”, según el jurado, “por su destacada carrera profesional como periodista y docente, comprometida con la ética y honradez periodística”.
María Fernanda Mujica, docente de la Universidad Católica Andrés Bello, directora de su órgano divulgativo El Ucabista e hija del insigne periodista a cuyo nombre se ha asociado ahora el de Cristina González, redactó estas dolidas reflexiones especialmente para Nuevo Mundo Israelita
Cuando mi madre se murió, siendo yo una niña, esperé por años que se me apareciera para hablar con ella y oír sus consejos. Con mi padre fue distinto: falleció siendo yo una mujer madura y con hijos.
Él y yo fuimos muy compañeros, y a veces me gustaría que me pudiera contar quién es realmente fulano o mengano dentro del gobierno de turno para entender más a la especie humana. Creo firmemente que a los muertos hay que dejarlos tranquilos, pero también hay que respetarlos.
Cuando una es hija de una figura como Héctor Mujica, quisiera que los premios que llevan su nombre lo recibieran personas que lo emularan para continuar su obra. Cristina González, periodista que acaba de recibir el Premio Héctor Mujica en docencia e investigación, en un espacio radial del Estado, hace pocos meses, leyó párrafos de Los Protocolos de Sión, libro que incita al odio y el antisemitismo.
¿Cuál será el objetivo de alimentar resentimientos contra venezolanos que profesan la religión judía? ¿Por qué no elabora programas sobre los aportes de Lya Imber de Coronil, de Rubén Merenfeld, Norma de Bosch o de los hermanos Benaím Pinto (solo por citar a algunos), para mostrar la historia de los aportes de los judíos a su patria venezolana? Simplemente porque son ejemplos positivos y de construcción de una nación.
Muy distante está este bajo episodio “profesional” de la trayectoria de Héctor Mujica, quien al regresar del exilio de Pérez Jiménez, una de las primeras pautas que buscó fue entrevistar para El Nacional al esbirro que lo había torturado. Mi padre fue un periodista cabal, culto, honesto, tolerante, defensor de sus ideas sin avasallar al contrario, resteado con su gremio, lejano del poder, amigo de sus amigos, respetuoso de sus adversarios y docente ejemplar de generaciones de periodistas.
Él intermedió para que muchos judíos cubanos salieran con rumbo a Israel después de la revolución (historia que conoció muchos años después su nieto David Topel Mujica); arriesgó su vida en Corea bajo la férrea dictadura de Kim Il Sung, para liberar al poeta venezolano Alí Lameda. Recuerdo haber visto numerosas veces a Rodolfo José Cárdenas en mi casa en Los Palos Grandes, y la razón era que mi papá y él formaban parte del comité de pacificación y reconciliación durante el primer gobierno de Rafael Caldera.
Pobres, ricos, hombres de derecha o izquierda, poetas, artistas, religiosos, laicos, presidentes, ministros, académicos, el bombero de la esquina, el portugués del abasto; empresarios como Salomón Cohén; a todos apreciaba y respetaba, y compartía con ellos la mesa y el vino, en las buenas y en las malas.
Por eso digo que a veces los premios no recaen en las personas justas. Quizá, no lo sé, sean deformaciones de ciertos regímenes donde se premia el sectarismo y el desprecio a todo lo que ellos no hayan realizado.
Muy lejos de estos criterios estuvo Héctor Mujica. Él amó la libertad, el respeto y el derecho a ser siempre mejores, a través de la educación, el trabajo, la cultura, la inteligencia y el progreso, pues quien quiere a su país no lo mancilla.
Fuente: Nuevo Mundo Israelita

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