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Mentiras
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Por Beatriz W. De Rittigstein
Hace poco la comunidad judía venezolana enfrentó un episodio que completa el panorama de fomento del antisemitismo desde los medios ligados al Estado, que viene ocurriendo en nuestro país durante la última década.
Nos referimos a la recomendación que hizo una periodista del falso pasquín Los Protocolos de los Sabios de Sión, a través de su programa por RNV; además, de leer y comentar algunos párrafos, haciéndolo como si las acusaciones que manipula fuesen reales.
La dirigencia comunitaria, habilitando los derechos constitucionales, así como las características inherentes al sistema democrático, llevó su denuncia a la Fiscalía. Ello incitó a nuevas agresiones: insultos, calumnias y descalificaciones por parte de fanáticos e intolerantes que, en el afán de defender a la promotora del antisemitismo, esgrimen la libertad de expresión que, en un ámbito equitativo, también ampara a los judíos venezolanos.
En comparación, podemos ver una gran diferencia con la violencia desatada por los musulmanes que, tras la publicación de las caricaturas de Mahoma a principios de 2006, causaron muerte y destrucción en medio mundo. Un caso semejante fue la polémica con el islam, ocasionada por el discurso de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, en septiembre de 2006. Ello generó una ola de terror contra las comunidades cristianas en los países musulmanes de Asia y África, que sólo se detuvo cuando el propio Papa se disculpó. Las ofensas podrían haberse resuelto con el uso de la legislación.
La libertad de expresión es un derecho que debe ser respetado junto a las leyes, sobre todo por quienes tienen espacios en medios de comunicación. No es digno abusar de una posición con el propósito de difundir odios y farsas.

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