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25/07/2011
Mentiras
27/07/2011

Por David Topel Mujica
Señor Tulio Camacho,
Soy un venezolano que leyó su último artículo en Aporrea. Opino como usted que hay otros difusores del odio en los medios venezolanos y que varios de ellos pertenecen a la oposición. Eso no quiere decir que Cristina González no haya cometido uno de los más bochornosos actos de prejuicio antisemita en la historia de la radiodifusión venezolana ni que se le deba justificar bajo ningún pretexto.
No estoy a favor de quemar o prohibir libros, pero si en aclarar contextos: Los Protocolos de los Sabios de Sion es un panfleto falso y denigrante, inventado por la policía secreta zarista hace más de 100 años como bien dijo usted, para justificar los pogromos (turbas organizadas que atacaban, robaban, vejaban y asesinaban a judíos) y los maltratos a las comunidades judías de la Rusia zarista. Luego fue utilizado ampliamente por Hitler y sus secuaces para fomentar el odio y furor antisemita, y así poder ejecutar su barbarie racial y su solución final, con el propósito de limpiar Europa étnicamente, empezando por los judíos. Mucha sangre se derramó y se causó mucho sufrimiento; esa "publicación" y su contenido tuvieron gran responsabilidad y ha pasado a ser un símbolo en el estudio académico de esa enfermedad del espíritu llamada racismo y de su hermano, el antisemitismo.
Que una periodista de trayectoria, con un programa de alcance nacional en una radio del Estado, que uno presume como una mujer de cultura y conocimiento, que además se denomina revolucionaria, lo recomiende como "buena" lectura no puede estar está bien. Que, al estilo de teorías conspiratorias tipo "X files", haya recreado un vínculo imaginario entre ese panfleto, sin dar el contexto de su falsedad y su mala fe en el plano histórico, y los relacione con los ataques que los aviones franceses y americanos hacían contra el gobierno libio, no es correcto. Que contribuya a perpetuar el mito judeofóbico de un cacareado plan de conquista del mundo por parte de esa entelequia que los antisemitas gustan en llamar "los judíos" (como si todos fueran un homogéneo grupo organizado y secreto y no individuos y personas específicas), no es honesto. Que esto sea visto como un sano ejercicio de la libertad de expresión y se pretenda que nadie diga nada, no es decente.
El mundo entendió, gracias a verdaderos revolucionarios de su momento, que hay que estar alerta contra los difusores del odio racial, más aun de esos que están autoconvencidos que no lo son. Ese panfleto fue uno de los más eficaces instrumentos de difusión del prejuicio y el odio en la Rusia de los Zares y en la Alemania Nazi de Hitler. Qué contradicción e ironía y que pobres revolucionarios son aquellos que promueven su lectura como "prueba" de alguna elucubración imaginaria, y en ese mismo paquete entran aquellos que relativizan la gravedad del asunto.
Además que lo forjan por hacer "pequeña política" contra un comunicado del CNP.
Le saluda,
David Topel Mujica

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