Réplica a Tulio Camacho
26/07/2011
La interminable máquina del terror
28/07/2011

Por Rebeca Perli
Lo que sigue no es una reseña de la gran novela sino una reflexión sobre el efecto de estos dos términos en la vida real.
¿Qué es un crimen? En algunos países lo es algo que en otros es tan común como una relación extramarital, y la penalidad es muerte por lapidación. Pero en general el crimen está asociado a robos y asesinatos, hechos que sí ameritan justo castigo.
Sería imposible eliminar por completo la criminalidad, pero no se deben escatimar esfuerzos para llevarla a su mínima expresión. Una manera de lograrlo es encarcelar al culpable, siempre y cuando se compruebe que lo es. El Derecho Humano No. 9 reza, Nadie puede ser detenido arbitrariamente. El confinamiento es efectivo si conlleva arrepentimiento y regeneración para lo cual habría que recurrir a la utopía de contar con prisiones con la infraestructura necesaria para que se haga viable la incorporación del sujeto a la sociedad una vez cumplida la sentencia. Pero lo que suele suceder es que los crímenes cometidos en libertad se multiplican en cautiverio y a menudo la prisión es una pensión de reiteradas entradas y salidas y una universidad en la que quienes ingresan por delitos menores egresan con Master en delincuencia.
Recientemente ha sonado la insólita opción de "enviar al delincuente bajo tierra" propuesta que viola el más elemental de los derechos humanos, el de la vida, amén de la presunción de inocencia hasta que se pruebe lo contrario.
Son muchas las acciones que permiten bajar los índices de criminalidad pero la más efectiva es, sin lugar a dudas, la prevención: es necesario brindar protección y educación adecuada a la infancia abandonada para evitar su descarrío porque, ¿cuál es el delincuente que no fue niño alguna vez?

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