El dogmatismo ideológico y el totalitarismo

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Por Moisés Garzón Serfaty
Mientras impere el dogmatismo ideológico, los principios ético-morales serán relativizados o anulados y la sociedad se degradará hasta el extremo de ser prisionera de su ceguera y esclava de populistas, demagogos, intelectuales degenerados y periodistas mercenarios. Así el plato del totalitarismo estará servido, y la dictadura será un hecho con sus consiguientes atropellos y crímenes.
El “no matarás” se aplicará dependiendo de quién se trate, y lo mismo ocurrirá con el “no robarás” y el “no mentirás”. A los que apoyan a los fundamentalistas y su dogmatismo, se les podría aplicar esta frase de Goethe: “Nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo”. O esta de Mark Twain: “Conoce primero los hechos y luego distorsiónalos cuanto quieras”.
Estos desviados no deben olvidar que el primer y más enconado enemigo del totalitarismo ha sido y es el pueblo judío, el pueblo comprometido con la invalorable libertad y con los más elevados principios ético-morales de los que se ha nutrido la civilización occidental.
El pueblo judío no es un pueblo paria como lo califican algunos. Fue víctima de las persecuciones cristianas, de los pogromos rusos, del fascismo en Europa y hoy lo es del fundamentalismo islámico y de los dogmáticos irreductibles, los que cultivan la mentira, el prejuicio y el odio. Un odio añejo, de siglos, que se pretende disimular con el cuento de que antisionismo y antiisraelismo no es antijudaísmo.
¡No, señores! Su actitud y su discurso son pura judeofobia, un atentado contra la democracia y la libertad, y los secundan los cómplices asalariados y los indiferentes, que también los hay.
Benjamín Franklin dijo: “Donde mora la libertad, allí está mi patria”. Y Albert Einstein se pronunció así: “La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”. Esto lo leí en la transcripción de un aleccionador discurso de la famosa periodista Pilar Rahola, premiada recientemente por la Liga Antidifamación por su defensa de Israel y del pueblo judío desde hace años, por distintos medios y en diferentes lugares.
Así, pues, a aquellos que pisotean la libertad y a los que se cobijan en el limbo de la indiferencia, les reto a que respondan sin prejuicios, objetivamente, si pueden ser por un momento desprejuiciados y objetivos, a las siguientes preguntas:  
¿Por qué el conflicto entre islamistas e israelíes es el que más acapara la atención de los medios? ¿Acaso no existen en el mundo los conflictos de Ruanda, Chechenia, Cachemira  y otros? ¿Por qué lloran por los muertos palestinos y no por los muertos judíos? ¿Por qué Israel siempre es culpable y los “otros” inocentes? ¿Por qué se alienta un pensamiento único sobre Israel? ¿Por qué la izquierda se ha convertido en traidora de sus propios ideales? ¿Por qué se puede caricaturizar a los judíos y no a Mahoma? ¿Por qué no se manifiestan contra Hamás y Hezbolá, o contra los opresores de las mujeres en países del Islam, o por la condena a muerte de estudiantes en Irán, o por las masacres en Sudán? ¿Por qué Israel —junto a Estados Unidos— es el blanco predilecto de una catarata de acusaciones sin fundamento, de crímenes inventados y de una guerra propagandística despiadada, implacable? ¿Por qué proliferan los Ceresole, los Chomsky, los Ramonet y los Saramago?
Yo tengo la respuesta, y también todos los hombres y mujeres de bien la tenemos. Esa respuesta es: despójense de su relativismo ético y reconozcan la derrota moral de la izquierda. Despójense del pensamiento secuestrado por un dogmatismo cegador y sesgado, acepten un pensamiento crítico libre y reconozcan que son asesinos de la libertad y de la dignidad humana.
Estamos en espera de su respuesta.
Fuente: Nuevo Mundo Israelita

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