La discriminación y el fanatismo en el islam

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Por Enrique Alaluf
Las sociedades musulmanas, siempre han discriminado a la mujer. Pues se trata de una religión machista. Pero viene al caso recordar, que en tiempos del profeta Mahoma, este se rodeaba de algunas mujeres, a las que daba responsabilidades de importancia, lo que les permitía participar en forma igualitaria con los hombres. Principalmente en el área de la enseñanza.
En oportunidades también lo hacían en la comunidad y en la política. Pasado el tiempo, los hombres se dieron cuenta del protagonismo de la mujer y le pusieron punto final. Basándose en la religión, impusieron fuertes limitaciones a las actividades de la mujer en todos los sectores de la sociedad y la comunidad. Relegando a las mujeres al ámbito doméstico. De esa manera, los hombres pasaron a liderar el poder político, religioso y civil, llevando la religión a su conveniencia y hoy es lo que es el mundo islámico.
El último informe de la ONU sobre el desarrollo humano en el mundo árabe, indica que el índice de participación de la mujer árabe es el menor en el mundo. En el texto se interpreta que el islamismo impregna y somete a la mujer a no ser ni siquiera vista por el hombre. También destaca que en los países árabes, la mujer sufre de carencias de los derechos humanos y civiles. Así también la mala salubridad y educación que hoy sufren las mujeres islámicas.
Hace pocos días, una mujer afgana recibió 12 latigazos para luego ser ejecutada a tiros, por ser acusada de un supuesto adulterio. El problema surge cuando el hombre, amparándose en la religión, ostenta el poder y lo ejecuta más allá de sus límites. Retrocedemos en el tiempo y en la historia, para por lo menos recordar el protagonismo y la valentía de la mujer, cuando todavía podía oponerse al hombre. Entonces recordamos a las Amazonas libias, una sociedad guerrera y matriarcal, que llegó a invadir Egipto.
Otro caso es el de la líder militar y sacerdotisa Kahiana, que en siglo VII gobernó en África del Norte. Con la conquista árabe, se dieron numerosos casos de mujeres que alcanzaron el poder político. Sultanas, reinas, gobernadoras, pero nunca alcanzaron el poder religioso.
Con el paso del tiempo, el hombre se dio cuenta del poder del discurso religioso y terminaron con ese protagonismo ganado por la mujer. Para perpetrar hasta el día de hoy la supremacía social, política y económica. La centralización del poder religioso, en manos de los hombres, como también ocurre en el Budismo y el Catolicismo, le sirvieron al Islam para imponer limitaciones y protagonismo a la mujer árabe, relegándola, como dijimos anteriormente, al papel doméstico.
Por otra parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la violencia contra la mujer, como un hecho gravísimo de salud pública. Por supuesto que nada de esto le importa a los islamistas, para ellos no cuenta ni la ONU, ni la OMS, ni la justicia ni la igualdad de género, ni los derechos humanos. Por lo que se ha convertido en un problema endémico que tristemente la mujer sigue padeciendo.
Fuente: Guysen News

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