¿Cuánto deberíamos cobrar por los asesinatos de nuestros civiles?

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Por Bernardo Ptasevich
Los titulares dicen que Israel atacó Gaza y que los palestinos respondieron con cohetes hacia Israel. Se vuelve a cambiar la cronología de los hechos, como ya es costumbre. Las vidas israelíes no valen nada para la comunidad internacional y sus medios. Los muertos palestinos, por más que se trate de terroristas asesinos de civiles, son valorados y defendidos mientras se culpa a Israel de supuestas violaciones de la ley. Cuánta mentira, cuánta impunidad, cuánta hipocresía. Como premio a los acontecimientos, la Unión Europea liberará 1.500 millones de dólares para la Autoridad Palestina, que mira atónita cómo sus socios hacen todo lo posible para impedir la creación de su Estado. Su presidente ha dado todas las muestras de debilidad necesarias como para no confiar en él. Su pueblo sabe que no tiene cómo imponer su posición frente a Hamás, y debemos dudar de que tenga una posición muy diferente a la de este grupo. En definitiva, lo que todos quieren es la tierra de Israel, hasta el último centímetro; todos quieren la muerte de los israelíes hasta su último ciudadano; todos quieren destruir lo que encuentran a su paso, incluyendo el sueño propio de un futuro país.
Si existiera un Estado palestino, esos grupos dejarán de recibir mucho dinero.Hay muchos intereses creados. Las donaciones y ayudas que hoy llegan a los diferentes grupos y que son saqueadas por sus líderes (salvo la parte que se usa para comprar armas cada día más sofisticadas) cambiarían su destino si hubiese un Estado palestino. No les conviene, perderían su negocio y no están dispuestos a aceptar esa situación sin pelear hasta el final. Los últimos acontecimientos no fueron solo contra Israel; también están dirigidos a hacer fracasar las gestiones de septiembre en la ONU siendo quizá esta parte la única coincidencia de objetivos con los del gobierno israelí. En definitiva: seguiremos recibiendo ataques con frecuencia, en treguas olvidadas por pequeños períodos y retomadas cuando llegue la respuesta a estos ataques.El gobierno de Israel ha resuelto aplicar una política de dar largas al asunto y que los ciudadanos continuemos mientras tanto viviendo amenazados en forma permanente.
En estos días, seguramente sin quererlo en forma expresa y por supuesto seguros de que nuestro gobierno no desea que maten israelíes, Netanyahu y sus ministros han conseguido un respiro y un poco de tiempo para analizar lo que harán frente a las demandas domésticas. Es sabido que ante una amenaza a Israel todos estaremos unidos para defendernos, y por lo tanto estos días las voces de protesta se han acallado a la espera de una definición de los acontecimientos.
El enemigo aprovecha la distracción
Aunque muchos de los vecinos de Israel representan un peligro latente, el gran enemigo en potencia sigue siendo Irán. Ahmadinejad y su gobierno estarán felices estos días ante tanto disturbio que atrae la atención de las potencias y de los medios. Nadie habla en estos últimos tiempos del gran problema que representa el notorio avance atómico que va sin duda alguna dirigido a la obtención de armas nucleares. A tal punto es el aprovechamiento de la situación mundial que el presidente iraní prácticamente no aparece haciendo sus acostumbradas declaraciones rimbombantes desafiando la existencia del Estado judío. Ha entendido que el silencio es su mejor aliado. Mientras dure, podrá avanzar en poner a funcionar sus instalaciones sin ser molestado en demasía. Las amenazas de sanciones que no han dado resultados importantes, los ataques cibernéticos y los sabotajes esperarán un mejor momento para ser reeditados. La ONU está distraída con el tema del Estado palestino, con la discusión de sanciones a Siria y con la situación de Libia cerca de pasar a otra etapa aún incierta.
La vida humana vale cada vez menos
La vida de Gilad Shalit vale para los terroristas más de mil asesinos presos por sus delitos y atentados. Ante los asesinatos ocurridos en la ruta a Eilat, Israel solo ha destruido algunas instalaciones de Hamás, ha matado a un par de líderes del grupo agresor y a otros terroristas que lanzaban misiles desde Gaza. El primer ministro declaró públicamente que no habrá una escalada de violencia en Gaza por este asunto, tras lo cual los valientes dirigentes de Hamás se apresuraron a solicitar un alto al fuego, volver a la supuesta tregua anterior habiendo pagado apenas un mínimo precio por sus aventuras mortales. El precio que hemos mencionado incluye el pago de más de cien misiles recibidos por las poblaciones civiles de Israel. Una ganga, una verdadera oportunidad que no hará más que alentarlos a cometer nuevos crímenes. Pero la prensa internacional ve otra película, no quiere ver la realidad o la ve y la modifica a su conveniencia o a sus temores.
Los que pensamos que la vida humana es un derecho y un tesoro que hay que cuidar no estamos de parabienes. El terrorismo y las luchas por el poder en el mundo están matando miles y miles de personas por día, destrozando miles de familias, creando odios y rencores que no se curarán en pocas décadas. Una vida perdida es una gran pérdida, unas pocas vidas perdidas son una catástrofe. Cuando leemos cómo se mata gente en el mundo con pretendidas razones o sin razones no podemos menos que estremecernos, que sentir una gran impotencia porque no está en nuestras manos hacer nada al respecto. En Sudán del Sur, a solo un mes de declarar su independencia, las luchas tribales por el poder se cobraron 600 vidas en apenas cinco días. En Libia solamente en una jornada han sido contabilizados oficialmente 1.800 muertos. Parecen números de una estadística, pero no… ¡Son vidas humanas! Los fríos números parecen restar importancia a los hechos. Detrás de esas miles de muertes habrá miles de venganzas, miles de suicidas, miles de niños sin familia, habrá muchas desgracias. Un mundo así no es digno de los seres humanos. ¿Cómo hacer para convertirlo en digno sin utilizar los mismos métodos de matar y matar para imponer una forma diferente de vida? Los israelíes podemos tener muchos defectos, pero lo que es totalmente seguro es que amamos la vida, la libertad, la familia, los hijos, los nietos. Para nosotros la pérdida de una sola vida es algo muy impresionante.
Cuando suceden cosas como las de los últimos días nos vemos afectados por una gran tragedia. No importa que 9 vidas sea mucho menos que las 600 de Sudán del Sur o las 1.800 de Libia. Esas personas víctimas de la irracionalidad pudieron haber sido nuestros hermanos, nuestra familia, nuestros amigos. No hay derecho de que unos desalmados terroristas los hayan asesinado. Si la vida de Gilad Shalit vale más de mil asesinos, me pregunto: ¿cuál es el precio que deberíamos cobrar por la muerte de estos ciudadanos indefensos en manos de los terroristas? Hasta ahora estamos cobrando muy barato y, como dice el refrán, “lo barato sale caro”. Esperemos que no nos cueste demasiado caro.
Fuente: Aurora Digital

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