Reflexiones sobre el artículo: Incoherencia e Injusticia
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Sí, es antisemitismo
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Por Ana Jerozolimski
En el centro de la atención pública mundial está ahora el pedido palestino a la ONU de que se les reconozca como Estado independiente. Israel se opone firmemente, señalando que el Estado palestino debe ser resultado de una negociación bilateral que permita resolver los numerosos problemas pendientes en la agenda de las partes, de modo que sea posible llegar a un acuerdo que ponga fin al conflicto.
Aún antes que la ONU se defina al respecto, me parece pertinente aclarar algunos conceptos cuyo significado exacto no siempre se conoce.
Palestina: No es el nombre de un Estado que haya pertenecido en la historia a los palestinos y el que desean recrear con una declaración en la ONU sino el nombre que el imperio romano dio a lo que se conocía como la tierra de Israel, Judea en los tiempos de Jesús (derivado por cierto del hecho que sus habitantes eran judíos). Los árabes llegaron siglos después de la península arábiga, donde nació el islam en el siglo VII. Cuando la ONU recomendó en 1947 la "partición de Palestina" en "un Estado judío y uno árabe", no estaba dividiendo la tierra de quien hoy conocemos como los árabes palestinos para dárselas a los judíos. El gobierno era del Mandato Británico. Tanto los judíos como los árabes que vivían en la tierra en cuestión, eran de hecho palestinos.
Territorios: Cuando los palestinos explican que no pueden aceptar menos que las "líneas de 1967" alegando que "ya renunciaron a la mayor parte" y ahora exigen "al menos una justicia parcial" que deje en sus manos "el 22% de la Palestina histórica", dan a entender que les fue arrebatada la mayor parte de su tierra. Pero la realidad es que nunca hubo allí una entidad "palestina". Cuando Israel se creó en un ínfimo porcentaje del resto de esa tierra -un territorio equivalente aproximadamente al departamento de Tacuarembó- no fue erigido sobre las ruinas de ningún Estado.
¿Por qué no hay un estado palestino?: Han sido varias las oportunidades lamentablemente perdidas. La primera fue el 29 de noviembre de 1947, cuando la Asamblea General de la ONU aprobó la resolución 181 que recomendaba la Partición de Palestina en "un Estado judío y otro árabe". El liderazgo sionista de entonces, encabezado por quien se convirtió luego en primer ministro, David Ben Gurion, dijo "sí". Los árabes, por su parte, dijeron "no". Rechazaron la resolución de la ONU y la violaron atacando a Israel. Con tal de que no fuera creado el Estado judío, no les importaba con que no fuese creado ese otro estado árabe recomendado en la resolución 181. Si hubieran actuado de otra forma, en mayo último tanto los palestinos como los israelíes habrían festejado 63 años de independencia.
También sería oportuno preguntar al mundo árabe por qué no creó el Estado palestino cuando Israel todavía no había conquistado Cisjordania y la franja de Gaza. Entre 1948 y 1967, esos territorios estaban en manos de Jordania y Egipto respectivamente, pero nadie hablaba de la necesidad de un Estado palestino. El tema surgió recién cuando Israel, repeliendo los ataques en esos dos frentes, conquistó los territorios en cuestión.
En julio de 2000, el entonces primer ministro israelí Ehud Barak ofreció a Yasser Arafat en la cumbre de Camp David una propuesta de largo alcance, que incluía una retirada casi total de Cisjordania, intercambio de territorios (los palestinos recibirían cierto porcentaje del territorio del Israel soberano a cambio de la pequeña zona de Cisjordania que quedaría en manos de Israel a fin de no tener que desalojar al grueso de los colonos) y la división de Jerusalén. Arafat lo rechazó.
Hace unos años, cuando el premier era Ehud Olmert, y del lado palestino estaba ya el hoy presidente Mahmoud Abbas, los palestinos recibieron una oferta muy similar. No la aceptaron.
Asentamientos: Se han convertido en uno de los símbolos centrales del conflicto. Sin una solución, no se llegará a un acuerdo. Para los palestinos son un símbolo de la ocupación, fortalecidos por la Convención de Ginebra que sostiene que es ilegal instalar población civil en territorios ocupados, a lo cual Israel responde que los territorios están en disputa y que su futuro debe ser determinado en negociaciones de paz, agregando que los propios palestinos, al firmar los acuerdos con Israel, aceptaron que el tema será negociado.
Es indudable que el tema debe ser resuelto. Al mismo tiempo, es un hecho que no había asentamientos ni territorios ocupados cuando Israel fue atacado tanto con su creación como en guerras posteriores. Entre 1948 (fundación de Israel) y 1967 (guerra de los seis días), Cisjordania estaba en manos de Jordania y la franja de Gaza en manos de Egipto. No había ni un asentamiento. Pero igual había conflicto y ni un acuerdo de paz. En agosto de 2005 Israel desalojó completamente la franja de Gaza, demoliendo los 21 asentamientos que había construido en la zona y retirando hasta el 12 de setiembre al último soldado. La respuesta fue la intensificación del disparo de cohetes y misiles desde Gaza hacia el sur de Israel.
Al parecer, por más clave que sea hoy el tema, la razón de fondo del conflicto no está ni en los asentamientos ni en los territorios ocupados.
Por eso el gobierno israelí sostiene que un Estado palestino debe ser producto de negociaciones de paz en la que se resuelva todo y se ponga fin formalmente al conflicto entre las partes.

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