De Arad a Shalit
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Ridículos farsantes
14/11/2011

Por Beatriz W. de Rittigstein
Hay circunstancias en la historia de los pueblos en que el martirio puede lograr ciertas aspiraciones.
El verdadero martirio no tiene ninguna relación con los crímenes que promueven los líderes y voceros del Islam radical, ofreciendo premios superfluos. Los casos de los hombres-bomba que se estallan en lugares públicos, ya sea en restaurantes, oficinas, mercados, autobuses, con los cuales asesinan a ciudadanos comunes; o los militantes que disparan misiles desde los techos de escuelas, a las que utilizan como escudos protectores, contra escuelas al otro lado de la frontera, no pueden verse bajo la óptica del heroico martirio; no sólo no alcanzan beneficios, sino que en realidad, ello no es más que terrorismo cobarde. Y no es que vayamos a plantear una apología al martirio, pero hay circunstancias en la historia de los pueblos en que el martirio, es decir, el sacrificio de una persona por decisión propia, sin afectar a los demás, como un instrumento en la contienda por la libertad de los suyos, puede lograr ciertas aspiraciones.
Precisamente, eso fue lo ocurrido hace poco con el disidente cubano Orlando Zapata Tamayo, cuya muerte tras una huelga de hambre, impactó a la gente honesta. Guillermo Fariñas, quien continúa con esa cruzada, afirmó: "Nadie quiere morir. Esto no es un suicidio. Esto es un reclamo, pero hay momentos en la historia de las naciones y en la coyuntura personal en que se requiere de mártires". 
En una entrevista para El Espectador de Colombia, Diego Alarcón le pregunta: "Usted asegura que con esta huelga ha logrado objetivos. ¿Cuáles son?". Muy seguro de su visión, Fariñas respondió: "El primer objetivo que se ha logrado es que finalmente la Unión Europea tomó una posición de condena y repudio frente a la violación de los derechos humanos en Cuba. Creo que otro objetivo logrado es que la falsa unanimidad en América Latina se ha roto. Chávez, Lula, Ortega, Morales y Correa han quedado aislados, puesto que el resto de países de la región se están pronunciando. La izquierda radical en América está quedando desviada". 
Prosiguiendo con el tema del máximo sacrificio individual, el de la vida, por conseguir un fin general, distinguimos un caso que resulta emblemático y que tuvo como protagonista a un personaje llamado Shmuel Arthur Zighelboim, quien nació en una pequeña aldea polaca, en 1895. Después de que Alemania invadió Polonia en septiembre de 1939, se trasladó de Lodz a Varsovia, donde participó en el Comité de Defensa durante el asedio a la capital. Cuando los nazis ocuparon Varsovia, como forma de aplacar a la resistencia exigieron que doce personas conformaran el Consejo judío o Judenrat. Zighelboim se convirtió en uno de ellos; pero su oposición pública a las órdenes de la Gestapo, hizo que los compañeros de su partido, el Bund, temieran por su integridad y arreglaron su escape. Llegó a Bélgica y ante una reunión de la Internacional Socialista en Bruselas, describió las primeras etapas de la persecución nazi de polacos judíos. En mayo de 1940, cuando los nazis invadieron Bélgica, Zighelboim pasó a Francia y de allí a EEUU, donde transcurrió un año y medio tratando de convencer a los estadounidenses de la calamitosa situación de los judíos en la Polonia ocupada. En marzo de 1942, llegó a Londres para unirse al Consejo Nacional del Gobierno polaco en el exilio, del cual fue uno de los miembros judíos. Bajo ese manto, siguió narrando la tragedia de los judíos polacos; en ello trabajó sin tregua ni descanso; hizo lo posible para detener la aniquilación sistemática del pueblo judío. Emitió discursos por la BBC; con fuerte desesperación señalaba: "si no se toman medidas para detener el mayor crimen en la historia humana, será una vergüenza seguir viviendo". Gracias a las actividades del movimiento clandestino judío, conocía detalladamente las circunstancias infrahumanas del ghetto de Varsovia; incluso hubo personas encubiertas que entraron al campo de exterminio de Treblinka. 
El 19 de abril de 1943, representantes de los gobiernos aliados de Gran Bretaña y de EEUU se reunieron en las Bermudas; uno de los temas a tratar era la situación de los judíos en la Europa ocupada por los nazis, pero ninguna propuesta significativa fue considerada. Por coincidencia, ese mismo día, los nazis intentaron liquidar al resto de los judíos del ghetto de Varsovia y se encontraron con una resistencia inesperada. A principios de mayo, ya era evidente la inutilidad de la Conferencia de Bermudas; pocos días más tarde, Zighelboim recibió noticias acerca de la brutal represión contra los rebeldes y la liquidación total del célebre ghetto polaco. 
El 12 de mayo, Zighelboim tomó una decisión definitiva: se suicidó como una forma de protesta ante la indiferencia e inacción de los gobiernos aliados con respecto al Holocausto y a la salvación de los judíos europeos. 
Las circunstancias internacionales que casi en solitario enfrentó Shmuel Arthur Zighelboim y el destino de su causa, son muy distintos al mundo globalizado e intercomunicado del presente, por ello es posible que la lucha que dio Orlando Zapata y que aún continúa dando Guillermo Fariñas, rinda más frutos positivos en beneficio de los presos políticos cubanos. Sin embargo, la mezquindad y los intereses de entonces y los actuales, no han cambiado mucho; lamentablemente esas vilezas son semejantes.

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