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Por Rebeca Perli
El pasado 18 de diciembre falleció Vaclav Havel, el último presidente de Checoslovaquia (1989-1992) y el primero de la República Checa (1993-2003). Paladín de la libertad y los Derechos Humanos, fue repetidamente encarcelado por sus ideas democráticas y por enfrentarse, pacíficamente, al régimen comunista.
Su actividad política estuvo acompañada por su vocación literaria en el campo del teatro, poesía y ensayo. En sus Cartas a Olga, su primera esposa, de la que enviudó, registró sus memorias mientras estuvo encarcelado. En su ensayo El poder de los sin poder analiza el orden social y político que hace que los pueblos "vivan dentro de una mentira". Su lema era: "la verdad y el amor deben prevalecer sobre el odio y la mentira".
Havel tuvo participación protagónica en la Primavera de Praga (1968), movimiento pionero en enfrentar al totalitarismo soviético. En 1977 firmó la Carta 77 que hizo que la mirada del mundo se volviera a Checoslovaquia por su defensa de los derechos humanos, políticos y culturales, no solo en su país sino en el mundo entero. Sus autores, destacados intelectuales, fueron duramente perseguidos. En 1989 fue artífice de la Revolución de Terciopelo que propició la caída del régimen comunista sin que se disparara ni un solo tiro. Vaclav Havel creía en la esperanza. "Esperanza -decía-… no es la convicción de que algo va a salir bien, sino la seguridad de que algo tiene sentido, sin importar su desenlace".
Su pensamiento y acción dan fe de su integridad y de sus virtudes las cuales, como suele suceder, solo salen a relucir después del fallecimiento de quien las posee. Su muerte lo ha colocado en el protagonismo internacional como símbolo de la lucha contra los regímenes totalitarios.

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