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Por Rebeca Perli
Tengo la poco ortodoxa costumbre de subrayar, en los libros que leo, los pasajes que considero relevantes, pero en el caso de El Cíclope Totalitario, de Nelson Rivera, la tentación es la de subrayarlo en su totalidad.
En 400 páginas el autor recoge textos y testimonios de periodistas, investigadores, narradores, poetas y pensadores que han vivido el síndrome totalitario, y condimenta con sus propias reflexiones las experiencias narradas. He aquí algunas de esas reflexiones: en el totalitarismo "Se rinde culto a la acción, no a los resultados". "Todo está siempre por ocurrir". "El meollo es inducir a la masa a no pensar". "La única ley vigente es la confesión forzada de delitos que no se han cometido".
Al igual que el Polifemo de la Odisea, el cíclope totalitario, engulle a quien quiera que se atraviese en su camino y, a través de su único ojo, detecta, persigue y subyuga a quienes lo adversan hasta reducirlos a un dócil rebaño sin voluntad y sin carácter. Las ovejas descarriadas, las que no se someten, deberán sucumbir.
Los ismos más aterradores están atrapados en este libro: nazismo, antisemitismo, terrorismo, fascismo, comunismo, no importa cuán extremas o diferentes sean las ideologías que cobijan, convergen todos en el vector de la intolerancia y la obcecación contra el oponente o el objeto de su persecución.
Lector contumaz y escritor prolífero, Rivera comparte sus amplios conocimientos sobre el tema para escribir, "con la garganta resquebrajada", un libro de obligada lectura para quien quiera entender lo que él llama "la praxis del poder que se propone el crack de las almas: la que asegura la persecución de unos por otros".
Los cíclopes totalitarios perdurarán a menos que algún Ulises los enfrente.

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