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¿Qué nos enseñó Auschwitz?
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Por Mario Cohen
Un día como hoy, hace 67 años, la humanidad se encontró con el acontecimiento más monstruoso de la historia (según Bobbio). En efecto, el 27 de enero de 1945, el Ejército Ruso entró en Auschwitz . Así finalizó noche más oscura de la historia.
En un intento macabro, el eufemismo que utilizaban los nazis para nombrar Auschwitz era campo de concentración. En realidad se trataba de un predio preparado para el asesinato masivo (con métodos y eficiencia industrial) , integrado a un complejo de fábricas con trabajo esclavo (Auschwitz – Auschwitz II o Birkenau- Auschwitz III o Monowitz). Pero si bien fue el más grande campo de la muerte, no fue el único.
Los nazis llamaban “solución final” al genocidio, “emigrados” a los asesinados, “duchas” a las cámaras de gas, “kapos” a los colaboracionistas. Esto nos debe alertar sobre el uso del lenguaje que realizan los dictadores , lo que Rainbach llamaba “la catástrofe de la palabra”.
En algo menos de 5 años fueron asesinadas 1.500.000 de personas : ancianos, niños, mujeres y varones de toda edad, cuya única razón era haber nacido judíos. También fueron masacrados patriotas polacos, rusos, testigos de Jehová y homosexuales. Enzo Traverso señala que se trató del único genocidio en que el exterminio de víctimas no era un medio, sino un fin en sí mismo. Un inmenso cementerio cuyas fosas están cavadas en el aire (donde ascendieron en forma de humo).
Bien escribe Elías Canetti que “la humanidad sólo está indefensa allí donde carece de memoria”. Para que no se repitan genocidios, los seres humanos disponemos de dos potentes herramientas: la memoria y la educación.
Al respecto, decía Teodor Adorno: “La exigencia de que Auschwitz no se repita es la primera de todas las que hay que replantear en la educación”.
Enseñar el Holocausto y, con esto arribar a la conclusión terminante del ¡Nunca más! implica la adquisición de un seguro contra cualquier forma futura de insanía colectiva.
La coraza de la educación protege a la humanidad contra la discriminación, el fanatismo y la intolerancia.
Fuente: El Clarín

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