El rompecabezas palestino
08/03/2012
Sablanut, Israel
15/03/2012

Por Ehud Yaari
El líder ya no tan indiscutible de Hamás, Khaled Mashaal, enfrenta serios problemas. Tiene dificultades para hallar un nuevo hogar tras haber abandonado Damasco, y durante sus viajes por el mundo árabe está encontrando una seria oposición a sus políticas dentro del propio movimiento.
Esta es la fractura más seria jamás habida en las filas de Hamás. Ya se ha convertido en una amarga controversia pública de Mashaal y sus pocos lugartenientes leales contra su propio vicedirector del buró político, Musa Abu-Marzuq, y los líderes de Gaza.
Actualmente se está realizando un gran esfuerzo para resolver la crisis calladamente y presentar una apariencia de renovada unidad en los altos niveles de Hamás. Pero es demasiado tarde. Ya se ha hecho obvio que Hamás está severamente dividido respecto a su futuro y la relación con sus patrocinadores cuando desaparezca el régimen sirio.
Cuando el levantamiento contra Bashar Assad llevaba unos pocos meses, Mashaal llegó a la conclusión de que Hamás ya no podría permitirse apoyar y beneficiarse del régimen sirio, que está masacrando a su propio pueblo. Él entendió que Hamás, que es la rama palestina de los Hermanos Musulmanes, no debería posicionarse contra sus colegas de los Hermanos Musulmanes sirios, que están luchando por tomar control de la revuelta, la cual ya ha ganado el apoyo público del guía espiritual de este movimiento, sheik Yussef al-Qardawi, y las otras ramas del grupo.
Uno por uno, los líderes de Hamás se escabulleron fuera de Damasco, primero enviando afuera a sus familias y luego desmontando sus oficinas políticas y militares. Assad se abstuvo de hacer cualquier crítica abierta sobre la partida de Hamás, a cambio de la promesa de Mashaal de seguir alabando el rol de Siria como apoyo de la “resistencia” a la vez que expresaba solo una vaga simpatía por las “aspiraciones del pueblo”.
Varios líderes de Hamás han encontrado un nuevo hogar: Abu Marzuq en El Cairo; Muhamad Nazal en Ammán; Imad al-Alami (jefe militar) regresó a Gaza. Pero ningún país, excepto el lejano Catar, ha aceptado hasta ahora ser sede del cuartel de Hamás y permitirle operar desde su territorio. Egipto, Jordania e incluso Sudán han respondido que no a las solicitudes de Mashaal.
Al tener que abandonar su sede segura de Damasco sin ser capaz de conseguir un refugio alternativo, el “liderazgo externo” de Hamás está perdiendo terreno rápidamente en su rivalidad con el “liderazgo interno” localizado en la Franja de Gaza. Ma­shaal ya no tiene el manejo total del mo­vimiento, desde que las contribuciones de Teherán se redujeron. Tampoco disfruta más del reconocimiento de Siria, Irán y Hezbolá como líder supremo de Hamás. En síntesis, Mashaal, cuya pretensión de ser el número uno siempre ha sido impugnada por algunos en Gaza, llegó al punto en que sintió que debía emitir un ofrecimiento público sin precedentes: que no competirá nuevamente este verano por la presidencia del buró político. Rápidamente se hizo evidente que muchos de los líderes de Gaza —y también Abu Marzuq— no iban a rogarle que se quedara.
Esto deja a Mashaal estancado: se comprometió a retirarse de la posición de liderazgo, pero en realidad no tiene intenciones de hacerlo. Todavía espera que sus colegas lo “convenzan” de permanecer en el cargo.
Y así, el 6 febrero Mashaal realizó una acción dramática: con los auspicios —e incentivos financieros— del emir de Catar, firmó en Doha un acuerdo con Mahmud Abbas, de la Autoridad Palestina, para crear un gobierno de unidad “temporal”, con Abbas como primer ministro. También acordaron suspender las elecciones generales sin fijarles una fecha específica.
De este modo Mashaal aceptó, al menos implícitamente, hacer una concesión mayor: desmantelar el gobierno de Hamás en Gaza, que ha tenido el control durante los últimos cinco años, y permitir a la AP asumir la administración (¿y los servicios de seguridad?) de los diferentes ministerios. Parece haber sacrificado el enclave autónomo de Hamás en la esperanza de que, en una fecha indeterminada, Hamás triunfe en las urnas electorales.
Más aún, Mashaal hizo algunas declaraciones recomendando la “lucha popular” (expresión para confrontación no armada) contra Israel, algo percibido como la suspensión del uso de balas y cohetes y opuesto a la devoción tradicional de Hamás al concepto de “resistencia armada”. También expresó apoyo a un Estado palestino dentro de las fronteras de 1967, aunque insistió en que no habría paz ni reconocimiento a “la entidad sionista” y en que el objetivo sigue siendo la destrucción de Israel. Para muchos en Hamás, esto sonó como que Mashaal se estaba desviando peligrosamente en su esfuerzo por ajustarse a la “Primavera árabe”, permitiendo a sus rivales de Fatah una fácil victoria.
Inmediatamente brotó un coro de protestas de los líderes de Gaza, sin mencionar a los de Cisjordania. Mashaal fue acusado de actuar a espaldas de las instituciones de Hamás y de desviarse de sus políticas. Mahmud al-Zahar, viejo oponente de Mashaal, asumió la voz pública y muchos lo apoyaron. El plan para nombrar a Abbas primer ministro fue descrito como “inconstitucional”.
Así, el permanente proceso de reconciliación entre Hamás y Fatah está de nuevo empantanado. Abbas insiste en la implementación del acuerdo firmado con Mashaal. La mayoría de los líderes de Hamás exigen “enmiendas” al acuerdo de Doha. Mantener el control exclusivo de la seguridad en la Franja de Gaza es definitivamente una condición de Hamás en este momento, así como tener poder de veto en la designación de todos los ministros. Las partes siguen conversando en El Cairo, pero no se ponen de acuerdo sobre una visita de Abbas a Gaza. El debate interno en Hamás ha llegado a la superficie.
El movimiento ha perdido su simulada cohesión. La batalla por su control y dirección continúa.
Fuente: The Times of Israel
Traducción y síntesis: Nuevo Mundo Israelita

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.