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Por Adrián Liberman
Como psicoanalista, y como residente de Venezuela, siento profundo dolor ante la necesidad de abordar este tema. Si algo caracterizaba a la sociedad venezolana, a diferencia de otros países del continente, era que el antisemitismo era algo desconocido para la mayoría de los ciudadanos. Sin embargo, no deja de alarmarme cómo esta forma atávica de odio va ganando espacio en el discurso y en los medios de comunicación estatales. Desafortunadamente, el actual sistema de gobierno es un sistema paranoide, que requiere de enemigos, reales o ficticios.
Esto permite obliterar la carencia de propuestas y resultados. Como también intenta dotarse de una épica de la que carece. En este contexto, las diversas formas del fanatismo van encontrando terreno fértil y peor aún, se multiplican.
Sartre decía que el antisemita es un fanático y un cobarde. En el marco del psicoanálisis, varios autores han tratado de aportar comprensión a esta forma de destructividad. En parte, la identidad judía resulta insoportable a las dictaduras, por el empecinamiento en sostener la diferencia, la resistencia al amalgamiento. El judío en tanto se integra pero al mismo tiempo preserva sus señas de identidad milenarias, se constituye en otro, una posibilidad que resulta amenazante dentro de las fantasías delirantes de imponer una sola forma de pensar.
El antisemitismo, como manera de odio a la diferencia, abre la puerta a la xenofobia, al racismo, desata los peores aspectos de la naturaleza humana. Desgraciadamente, la escisión de la realidad, la polarización que es parte sustantiva del actual gobierno, en lugar de estimular la racionalidad y el pensamiento, hace todo lo contrario. Hay un proceso de desmantelamiento de la racionalidad, de la comprensión de las sutiles variaciones de la realidad en función de la barbarie, que es aniquilar al otro como única respuesta.
El antisemitismo es una manifestación de los aspectos siniestros del funcionamiento mental. Es una manera de exacerbar lo imaginario en detrimento de lo simbólico, del pensamiento que es la diferencia cualitativa con otras especies animales. Es negar lo que nos humaniza, y que tiene que ver con que el prójimo, el otro, es fuente siempre de enigma y de relativización.
El antisemitismo es una manera de empobrecimiento, de aplanamiento de la riqueza del pensamiento imbricada en la idea de que la diversidad es un acervo y no una desgracia. Yo espero de verdad que en un futuro cercano no haya necesidad de abordar tópicos como este.

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