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Por Rebeca Perli
En mi último artículo me referí a la celebración del Día del Libro. Hoy nuevamente el libro coincide con una fecha conmemorativa, pero diametralmente opuesta a la del artículo anterior. El 10 de mayo de 1933, fueron incineradas en Alemania más de 20.000 publicaciones de autores judíos, por su contenido contrario a la doctrina nazi. Nunca mejor que en aquella ocasión se aplica el enunciado de Heinrich Heine, quien en 1821 dijo: "Allí donde hoy se queman libros mañana se quemarán seres humanos". Muchos de los autores de los libros incinerados en Berlín en 1933, terminaron en hornos crematorios.
Pero no es esta la única instancia en la que se intenta exterminar ideas con la destrucción de libros. La primera de la que se tiene noticia es la quema de la Biblioteca de Alejandría con lo que se perdieron cientos de miles de textos de autores antiguos. Otro caso es el del Index librorum, instituido en 1559 el cual llegó a contar con 4.000 títulos de libros "herejes" y solo fue abolido en 1968, durante el papado de Pablo VI.
En abril de 1976 se llevó a cabo en Argentina la quema de textos considerados perjudiciales por el gobierno de turno, "… a fin de que no quede ninguna parte de estos libros, folletos, revistas… para que con este material no se siga engañando a nuestros hijos". Eran obras de Proust, García Márquez, Cortázar, Neruda y Vargas Llosa, entre otros.
Tristemente, Venezuela no está exenta de tan deplorable técnica. En marzo de 2009 en el estado Miranda, se destruyeron 60.0000 ejemplares no acordes a la ideología del régimen, como si con eliminar textos se pudieran extinguir ideas. Los libros son fuente inagotable de sabiduría y no hay terreno más fértil para el adoctrinamiento que la ignorancia.

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