¿Cómo lograremos la paz tan ansiada?

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El círculo vicioso
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Por Guido Maisuls
Desde épocas milenarias, el largo viaje de nuestro pueblo desde el fondo de la historia tuvo un acompañante obligado: el incesante anhelo de la búsqueda de la paz y así fue permanentemente hasta nuestros días.
En esta turbulenta región del mundo llamada Medio Oriente se originan cotidianamente y desde hace mucho tiempo, una vorágine de informaciones y mensajes que recorren diariamente el planeta y que inevitablemente no dejan de estar acompañados de una palabra infaltable a cualquier hora: paz.
La paz (palabra derivada del latín pax = absentia belli) es generalmente definida como un estado de tranquilidad o quietud, como una ausencia de disturbios, agitación o conflictos. Martin Luther King en su Carta de Birmingham escrita en la prisión, señala: “La verdadera paz no es simplemente la ausencia de tensión: es la presencia de justicia".
Para el Talmud: “La paz es para el mundo lo que la levadura para la masa".
Dice una popular canción israelí: “Todos hablan de paz, nadie habla de justicia" (“Kulam medabrim al shalom, af ejad medaber al tzedek").
Personalmente, estoy completamente convencido que la paz es el único medio posible para la realización y el bienestar de los pueblos que compartimos este mundo, pero el gran interrogante es saber quien quiere realmente la paz y si es así, de que tipo de paz estamos hablando.
En todo el mundo civilizado, hacen sonar los clarines hombres esforzados, empujando y forzando a cualquier costo la llegada de ese milagro tan esperado llamado paz, desde Blair hasta Moratinos y desde Carter hasta Putin y por qué no desde Clinton hasta Obama.
Muchos y célebres hombres de apellidos lustrosos y a veces no tanto, se desviven en ganar una alocada maratón que les permita al final del tortuoso recorrido acceder al tan preciado Premio Nobel de la Paz, apretujándonos idílicamente a árabes, palestinos e israelíes en un supuesto gran abrazo pacifico y conciliador.
A través de nuestra historia, demasiadas veces perdimos esa preciada sensación de paz, por largos y sombríos periodos; nuestro pueblo no gozó de la paz, fuimos desterrados y llevados cautivos a Babilonia, fuimos esclavizados y expulsados nuevamente de nuestra tierra de Israel por los romanos y vagamos durante dos milenios por el ancho mundo con la persistente pérdida de la paz debido a las tragedias de las persecuciones, de las humillaciones, de las discriminaciones y de los genocidios.
Hoy tenemos el gran privilegio histórico de participar del renacimiento, la consolidación y el crecimiento de nuestro Israel actual, donde el sueño de la paz retorna nuevamente, con grandes sacrificios pero también con muchas y renovadas energías y esperanzas. Aunque hoy, no lo hemos logrado, la lucha por la paz todavía no ha culminado, la paz aún se niega a reinar y todavía existe un largo camino por recorrer.
Yo, me considero una persona profundamente idealista y optimista, pero en estos momentos mis sentidos y mi intelecto me inducen a definirme como un irremediable pesimista forzado. ¡Dios quiera que me equivoque!
Estoy seguro que llegará ese tiempo de paz que tanto necesitamos y añoramos, pero tendremos que crear otras condiciones muy diferentes a las actuales, tendremos que construir cimientos más fuertes y sólidos y para eso necesitamos un ingrediente indispensable que se llama justicia; justicia verdadera y no pantomimas, para poder sostener realmente esa gran construcción que se llama: la verdadera paz.
Usted que ama la paz y la justicia tan necesarias para una convivencia armoniosa entre los pueblos y entre los hombres: ¿qué opina de esta paz que está demorando tanto en llegar?

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