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Por Rebeca Perli
Robert Capa fue un célebre fotógrafo que nunca existió. No es gazapo: se trata del seudónimo usado, indistintamente, por dos brillantes profesionales de la fotografía: Endré Friedmann y Gerda Taro, fugitivos del régimen nazi por su origen judío.
Friedmann, nació en Hungría en 1913 y, en 1929, se refugió en Francia llevando como equipaje su pasión por la fotografía social. En París conoció a Gerda Taro, quien había huido de Alemania con las mismas inquietudes que Friedmann por lo que la empatía fue inmediata. Como pareja se dedicaron a denunciar las injusticias captadas por sus cámaras, pero, siendo desconocidos, sus obras no tenían venta, por lo que tuvieron la ingeniosa idea de crear un personaje ficticio, Robert Capa, supuestamente un renombrado fotógrafo estadounidense, a quien decían representar. Esto les abrió las puertas del éxito y sus trabajos llegaron a cotizarse a precios exorbitantes.
Susceptibles a los conflictos bélicos, se trasladaron a España donde cubrieron la Guerra Civil; la fotografía de Endré, Muerte de un miliciano quedó como símbolo de esa guerra, pero Gerda falleció en un trágico accidente y fue enterrada con honores.
A pesar de que se supo que se trataba de un seudónimo, Friedmann siguió firmando sus fotos como Robert Capa y así cubrió importantes eventos de la II Guerra Mundial, incluyendo el desembarco de Normandía y la liberación de París. Sucesivamente tomó fotos en la Unión Soviética, en el Oriente Medio y en escenarios del mundo artístico, en el que alternaba con Picasso, Hemingway y Steinbeck, entre otros.
En mayo de 1954 falleció al pisar una mina mientras cubría la Primera Guerra de Indochina. Su obra se conserva imperecedera en revistas, museos y libros de historia.

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