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Por Rebeca Perli
El 2 de junio se cumplen 97 años del natalicio de Vicente Gerbasi, poeta excelso y ciudadano ejemplar, por lo que es oportuno recordar su inspirado verso, su hidalguía y su inquebrantable amor por la tierra que lo vio nacer mezclada con la de la cuna mediterránea de su padre a quien dedicó su emotivo canto "Mi Padre el Inmigrante".
La sensibilidad de Gerbasi quedó plasmada en sus poemas en los que las palabras se transforman en pinceles para pintar a la naturaleza con vívidos colores: "… del Orinoco sombrío / los oriundos del Paraíso lanzaron / las más bellas mariposas que vuelan entre las ramas de los viejos cafetales de Canoabo".
¡Canoabo! ¡Su patria chica! La llevó siempre en su corazón: "Mi casa pintada de cal, allá en mi aldea, / escondida entre el café y el cacao… "; la entrelazó con sus vivencias allén de los mares y se convirtió en ciudadano del mundo, pues ejerció funciones diplomáticas en Colombia, Suiza y Cuba y fue embajador de Venezuela en Haití. Allí, demócrata tenaz, y hostigado por el gobierno dictatorial de ese país, reconoció que hizo "todo lo posible para enfriar las relaciones con Duvalier".
Fue embajador también en Polonia y en Israel donde estableció su residencia oficial en la "Ciudad del Cántico del Alba", como llamó a Jerusalén.
"Vivo en la calle Rahel Imenu / Raquel nuestra madre / y a media noche oigo los lamentos de Raquel que llama a sus hijos por las montañas de Judea… "; "Israel, la antigüedad / de tus valles y tus montes / es solemne en el corazón como un himno"; "Yo subo a ti, Jerusalén / llevado por el oscuro viento de los siglos".
Son versos de su obra Olivos de Eternidad, testimonio fehaciente de los estrechos lazos que unen al pueblo de Venezuela con el de Israel.

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