REPORTAJE: el futuro de Judea y Samaria

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¿Habrá que desalojar asentamientos? ¿Cómo hacerlo? ¿Qué hacer con los bienes desalojados: infraestructuras, casas, escuelas, dispensarios médicos, granjas, fábricas, etc.? ¿Su destino será como en la Franja de Gaza, destrucción total y desenfrenada?
¿Qué tipos de indemnización deben elaborarse? Estas preguntas fueron consideradas en una mesa redonda organizada por el Centro Peres para la Paz, la Fundación Friedrich Ebert de Alemania y el Instituto Universitario para la Diplomacia y la Cooperación Regional de la Universidad de Tel Aviv.
En una época de crecientes amenazas regionales, de intentos de conversaciones de paz, de presiones internacionales, la realidad y las lecciones del pasado exigen tomar decisiones estratégicas históricas, una de ellas el futuro de los asentamientos. Con mayor sensibilidad deberá definirse el futuro de los habitantes, los “mitnajalim”, que poblaron esos lugares alentados por los Gobiernos de Israel, tanto de derecha como de izquierda, durante los últimos 43 años.
En octubre de 1991, al iniciarse el proceso de paz en la Conferencia de Madrid, había 80.000 pobladores judíos más allá de la “línea verde” en Judea y Samaria y 114.000 en Jerusalén Oriental, inclusive la Ciudad Vieja. En estas dos décadas, esos datos aumentaron a 330.000 en Yesha (sigla de Judea y Samaria) y 181.000 en la parte oriental de Jerusalén (señalemos que en toda Jerusalén residen 480.000 judíos, 260.000 musulmanes y 23.000 cristianos y de otras creencias).
Hoy, cuando la propuesta del establecimiento de dos Estados, uno judío y uno palestino, goza del acuerdo y el respaldo internacional, los palestinos desean saber por donde pasarán sus fronteras y cuál será el futuro de los asentamientos. El requerimiento americano que se congele la construcción en los territorios ocupados por Israel desde 1967, acentuó lo crítico del problema. Israel, por su parte, demostró que es capaz de desalojar asentamientos, cuando en forma unilateral y en el transcurso de una semana desalojó los 21 asentamientos de la Franja de Gaza y sus 8.600 pobladores con un costo de 3.000 millones de dólares.
El futuro de más de medio millón de judíos deberá tomar en cuenta los errores cometidos en el retiro de Gaza: a pesar que allí el desalojo se realizó en forma ejemplar, el Estado fracasó en la reubicación de las familias desalojadas que se transformaron en “refugiados” en su propio país. Por otra parte, Gaza sin Tzáhal se convirtió en “autonomía” del Hamás, el origen de miles de misiles lanzados contra la población judía civil lindera durante años y la chispa de la Operación “Plomo Fundido” a principios de 2009. Todo esto ha creado desconfianza y escepticismo en la ciudadanía israelí, habiendo polarizado gran parte de ella sus opiniones políticas, debilitándose la esperanza de lograr paz y seguridad.
Para los panelistas, era muy claro que será muy difícil desalojar a todos. En poblaciones como Ariel con 18.000 habitantes, Maalé Adumim 34.000, Betar Ilit 35.000 y Modiín Ilit 46.000, no habrá fuerza -ni militar ni policial- que lo pueda hacer, no habrá presupuesto que lo pueda pagar y no habrán vías apropiadas, ni físicas ni económicas, de restablecimiento. Esta es una realidad conocida tanto internacionalmente como por los mismos líderes palestinos.
En distintas oportunidades se elevaron propuestas de dejar “bloques de asentamientos”, que incluyan a esos grandes centros urbanos en continuidad al territorio israelí y sin afectar a la continuidad del Estado palestino a establecerse. Esto significa que de los territorios ocupados los palestinos deberían renunciar a un 10% (propuesta de Barak-Clinton en el 2000), o al 5-8 % (propuesta de Olmert en 2009), o al 2-3% (según el Plan Ginebra), y en todos los casos, a cambio de otras extensiones que respondan, metro por metro, a la extensión total de los territorios ocupados por Israel en 1967. En forma más simple, todos acordaron, judíos y palestinos, que intercambiando territorios es concertable.
Ciudadanos judíos en el Estado palestino
El escritor A. B. Yehoshúa, uno de los más aclamados novelistas y ensayistas de Israel, nacido en Jerusalén, cuya obra está plagada de reflexiones acerca de la identidad judía, la paz regional y sus influencias en la estabilidad interna de la sociedad israelí, señaló que fue uno de los que más se opusieron a los asentamientos por considerarlos una contradicción a la legitimidad del sionismo e injusto para los palestinos, pero entiende que hoy no sólo que no será factible desalojar a todos los “mitnajalim”, sino que además, al intentar hacerlo, se corre el riesgo de violencia descontrolada, de derramamiento de sangre y de hendidura dolorosa y riesgosa para la unidad nacional.
El hecho que los Gobiernos israelíes fomentaron los asentamientos, nos hace responsables a todos de encontrar vías legítimas de solución.
“Por lo tanto, se debe permitir que el que quiera quedarse en los territorios lo pueda hacer, y resultaría que los judíos en el Estado palestino, tal vez 100.000, no constituirían más que el 2% de la población. En Israel un 20% de la población es árabe; por lo tanto es legítimo exigir que un 2% de judíos permanezcan viviendo del otro lado de la frontera. No sería vivir en la diáspora, Nablus o Hebrón no son ni Francia ni Dinamarca”, enfatizó A. B. Yehoshúa.
Los judíos residentes en el Estado palestino podrán tener documentos de identidad palestinos y conservar los israelíes, pagarán impuestos a las autoridades palestinas y podrán participar de los comicios en ambos países. Es también importante para el naciente Estado palestino: es importante la presencia, la participación, la colaboración de los judíos que residan allí que conduzcan a una convivencia fructífera y positiva.
De esta manera, resultaría tal vez que unos 100.000 “mitnajalim” quedarían en los “bloques de asentamientos” que se anexarían a Israel, otros 100.000 permanecerán en territorio palestino y otros 100.000 retornarían a Israel dentro de la “línea verde”.
Más panelistas de izquierda
El Dr. Ron Pundak, director del Centro Peres para la Paz y uno de los artífices de los Acuerdos de Oslo, en el marco de sus atribuciones como moderador del panel, se expresó rotundamente en desacuerdo con dejar un solo judío en territorio palestino. “Se convertirá en una provocación innecesaria, exigirá incursiones permanentes de Tzáhal al país palestino, arriesgará a ambos pueblos. Sin duda, habrá que dar tiempo suficiente para que este intercambio de población se realice en forma concertada y ordenada, pero en definitiva cada ciudadano deberá vivir en el país de su pueblo”, recalcó el Dr. Pundak.
Otro panelista identificado con la izquierda israelí fue Avshalom Vilán, nacido en el kibutz Negba, ex parlamentario israelí por el Partido Meretz y actual secretario general de la Unión de Agricultores de Israel. Volvió a exponer su plataforma ideológica destacando que la división de Palestina en dos Estados es la máxima expresión del programa sionista y la única vía que permitirá el desarrollo de un Estado judío y democrático. Las alternativas son fatales para Israel: o un Estado binacional o un Estado con régimen de “apartheid”. Ellas conducirán a una completa deslegitimación del Estado judío, su absoluto aislamiento y su final disolución.
Por lo tanto debe elaborarse un programa de “desalojo indemnizado”, que en definitiva será el más efectivo desde el punto de vista económico, es el más prudente desde el punto de vista moral y el más consecuente con el programa sionista del retorno del pueblo judío a la patria ancestral. “El desalojo total de los mitnajalim será el desafío más difícil a la integridad de la democracia israelí”, concluyó Vilán.
El liderazgo de los asentamientos
Especial atención prestó la audiencia a Danny Dayán, presidente del Consejo de Judea y Samaria y residente desde principios de los 80 en el asentamiento Maalé Shomrón. Nacido en Argentina, inmigró a Israel en 1971. A su criterio no hay ninguna razón para desalojar asentamientos.
“En primer lugar, el proyecto colonizador es justo y es moral, tanto en sus principios como en su realización. Y resulta justo, no porque hayamos llegado a esos lugares por ansias de expansión territorial, sino por haber vencido al atacante que tenía la firme determinación de destruirnos. De esta manera liberamos partes de la patria ancestral, lo que acentúa lo moral de nuestra presencia allí. Ningún asentamiento se instaló sobre los escombros de casas palestinas, ningún poblado se levantó sobra las ruinas de alguna población árabe”, aclaró.
“En segundo lugar, la presencia judía en toda la extensión de Eretz Israel = Palestina, en especial en su parte central, es interés israelí prioritario y plena expresión del ideario sionista. Hablamos de una realidad que no podrá modificarse, ninguna ley de desalojo indemnizado es factible, el traslado por la fuerza es una utopía”.
En tercer lugar, aseveró Dayán: “No hay ninguna probabilidad de arreglo con los árabes”. La propuesta de la separación en dos Estados es etérea, pues los palestinos no lo quieren. Desde que se aprobó la idea del Estado palestino al iniciarse el proceso de Oslo, 17 años atrás, y hasta el presente, los palestinos vienen haciendo todo lo posible para impedirlo. “Nuestra presencia en Judea y Samaria fortalece nuestra seguridad y es primordial para la supervivencia del pueblo judío en la tierra de sus antepasados”, señaló Dayán.
La propuesta de Shaúl Mofaz
Shaúl Mofaz, nacido en Teherán, miembro de la Knéset por el partido Kadima, anteriormente ministro de Transportes (2006-2009) y de Defensa (2002-2006) y el 16° comandante en jefe del Ejército de Israel (1998- 2002), puntualizó que, en primer lugar, debe haber una plataforma mínima de acuerdos, pues si no hay interés en lograr la paz, todo debate será inútil y estéril. Hasta el presente, todos los primeros ministros, inclusive Netaniahu, anunciaron que aceptan la idea de “dos países para dos pueblos”, la que se ha convertido en un objetivo apoyado por la inmensa mayoría de la ciudadanía.
Pero no es suficiente con formular ideas: hay que señalar sus contenidos prácticos y las vías de aplicación. Lamentablemente, esto aún no se ha hecho. El problema del Gobierno de Israel, lamentablemente, es que no tiene horizontes definidos. Es imprescindible que se desarrolle el proceso político que lleve a un entendimiento, que la ciudadanía lo acepte y que también crea en su factibilidad.
Los palestinos están enredados en sí mismos, lo que dificulta su capacidad de llegar a algún arreglo con Israel, pues deberán superar las divisiones internas, en particular la realidad actual de dos autoridades opuestas, la de Abu Mazen y la de Hamás.
En el lado israelí, hay plena mayoría para lograr acuerdos de paz, pero existe la disyuntiva del futuro de los asentamientos. Resultará imprescindible desalojar en breve tiempo a más de 60.000 pobladores, lo que despierta dudas, temores e inquietudes.
Primero los acuerdos de seguridad y fronteras
Ante ese escenario, lo recomendable es concertar acuerdos intermedios, empezando por el tema de fronteras y temas de seguridad. Estamos muy cerca de conseguirlo. Es claro para todos, para el concierto de naciones y para el liderazgo árabe y palestino, que Israel no renunciará a los “bloques de asentamientos”, que cubren aproximadamente el 7% del territorio que pretenden los palestinos. Para lograr su país independiente, lo que significará un triunfo de proporciones históricas pues nunca existió tal cosa, deberán aceptar las condiciones del intercambio de territorio conservando su propia continuidad territorial desde J´enín hasta Samoa, con lo que lograrán que el 99% de su población quede bajo bandera palestina.
“Luego se continuará con los otros temas del conflicto: Jerusalén, refugiados, agua, etc. En la primera etapa, recibirán el 60% de su territorio. Gradualmente Israel desalojará el resto de los mitnajalim, para lo cual deberán destinarse 7.000 millones de dólares iniciales. De ninguna manera deben quedar israelíes bajo soberanía palestina: es la llave para los problemas, es asegurar que nuestros jóvenes soldados deberán irrumpir en el país palestino para atender inconvenientes con un puñado de pobladores”.
“Este programa, que se inicia con un acuerdo parcial -fronteras y seguridad- y que continúa gradualmente con el resto de los temas en conflicto, es imprescindible. No hacerlo, es arriesgarse a un nuevo enfrentamiento armado, y si bien Israel saldrá vencedor, no hay duda que deberá pagar un alto precio en víctimas pues estamos rodeados de arsenales de misiles de alto poder destructivo”.
“Es de suponer que la estabilidad regional, los procesos económicos, las mejoras sustanciales en las condiciones de vida, el apoyo internacional, conducirán a cambios radicales que ayudarán a ampliar la lista de países que lleguen a entendimientos con Israel y facilitarán la paz y el progreso en este tan castigado Medio Oriente”, expresó el general (re) Shaúl Mofaz.
Por Samuel Leillen
Fuente: Aurora Digital

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